Los beneficios de la luz

El ser humano es un “animal” diurno y, como tal, necesita la luz para vivir.

La luz y los ciclos del organismo

Los ritmos circadianos (del latín circa, que significa “alrededor de” y diem, que significa “día”) marcan la alternancia de los días y las noches. Están relacionados con los diversos ciclos fisiológicos naturales de nuestro organismo: la variación en la temperatura del cuerpo, el metabolismo, el ciclo del sueño o la secreción de hormonas. Y el regulador principal es la luz.

Así, la duración del periodo diurno, también denominado fotoperiodo, durante el cual recibimos luz solar (menos larga y soleada durante el invierno), tiene una influencia directa sobre todos los ciclos del cuerpo humano. Es nuestro reloj biológico interno, situado en el hipotálamo, el que, “bajo influencia” de la luz (y también de las obligaciones sociales) marca el tempo.

En función de la cantidad de luz que recibe la retina, se activan los distintos circuitos de secreción de las hormonas y se estimulan (o no) los centros del desvelo.

Más luz, más sueño y energía

Hoy en día se dice que la luz del sol activa la secreción de cortisol, la hormona del “estrés positivo”, que moviliza las energías útiles para el día. El cortisol es imprescindible para estar en forma mientras estamos despiertos.

Por otro lado, la luz del sol impide la secreción de otra hormona: la melatonina. Implicada en el adormecimiento y el sueño, es difícil de detectar durante el día, pues alcanza su nivel más alto por la noche. Cuánto más luminoso sea el día y más oscura la noche, más diferencias hormonales (pico de cortisol durante el día, y pico de melatonina por la noche) y, por lo tanto, mejor calidad del sueño.

Los riesgos de la falta de luz

A veces, el ritmo circadiano se ve alterado por la organización del trabajo, por ciertas tareas que llevamos a cabo en “horarios poco convencionales” (como por ejemplo a altas horas de la noche) y, a menudo, a causa de la explosión de las nuevas tecnologías (Internet, el ordenador, la televisión, etc.) que incitan a disminuir la exposición natural a la luz del sol… Ahora bien, la luz artificial es entre cinco y veinte veces menos intensa que la luz natural, aunque el día esté gris y nublado. Así pues, existe un verdadero riesgo de carencia de luz que favorece una bajada del tono muscular y una somnolencia contra la que es difícil luchar.

La calidad del sueño también se ve alterada. Eso se ve claramente en el caso de las personas que trabajan de noche: el sueño durante el día es menos reparador. La duración del descanso diurno es, efectivamente, un 30% más corta. Este fenómeno puede provocar incidentes, como por ejemplo un accidente laboral.

Así pues, es fundamental tomar algo de luz solar cada día, incluso en pleno invierno, cuando los días son mucho más cortos.

Dr. B. Blond

Otros contenidos del dosier: Terapias y remedios naturales

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