Así perjudica la ira a tu salud y así puedes evitarla

Qué es la ira

La ira es una emoción primaria altamente intensa que nace ante la respuesta de sentir una grave amenaza a nuestro Yo. Supone un grave estresor para nuestro organismo llegando a resultar altamente tóxica, si no conseguimos gestionarla de forma adecuada. La persona puede tener la sensación de estar fuera de control y sentir miedo a volverse loca, siendo habitual el resentimiento, así como sentimientos de venganza y odio. A grandes rasgos podríamos decir que existen tres tipos de ira:

  1. Ira anticipatoria: Tiene lugar cuando la persona se adelanta a la situación, percibiendo posibles amenazas que le suponen una alta  frustración.
  2. Ira como estado: Se trata de un estado permanente de ira que lleva asociado un alto componente ansiógeno. La persona está alerta e irascible. Se entiende que ambas (anticipatoria y como estado) son episódicas y puntuales, y transcurrido un tiempo se podría volver a la normalidad.
  3. Ira como rasgo: Determinados perfiles de personalidad presentan la ira como rasgo característico, lo que lleva asociado, un inmenso malestar por el desgaste que acarrea. A diferencia de las anteriores, esta podría llegar a ser permanente si la persona no aprende a detectar y canalizarla de forma adaptativa.

Efectos negativos de la ira contenida y sintomatología asociada

Muchos de nosotros crecemos bajo la falsa creencia de que “no se debe expresar el enfado”. Sin embargo, se ha demostrado que los efectos negativos de contener la ira pueden llegar a ser altamente destructivos. No se trata de explotar ante cualquier situación vital, pero sí de adquirir recursos que nos permitan gestionarla y expresarla de una forma adaptativa. Veamos algunos de los nefastos efectos de contener la ira  sobre nuestro organismo:

-La ira mantenida durante largo tiempo puede dar lugar a alteraciones cardíacas dado que aumenta la activación del sistema simpático, disparando los niveles de cortisol, hormonas del estrés, que producen un aumento de la frecuencia cardíaca, la tensión arterial e  incrementan la probabilidad de formarse trombos o un infarto de miocardio. Además, se disparan los niveles de adrenalina y noradrenalina

-Reprimir la ira también puede dar lugar a cuadros de tipos psicosomático como: ulceras estomacales, problemas digestivos, colon irritable, cefaleas de tipo tensional así como un; estado de ánimo depresivo, ansiedad y/o agitación motora.

Cómo gestionar nuestra ira 

Es importante que entiendas que tienes derecho a enfadarte pero la intensidad con la que lo hagas, sólo depende de ti. Ponerle solución está en tus manos. No se trata de suprimir o negar, simplemente de aprender a gestionar y/o regular tal emoción. Podríamos decir que es un trabajo a tres niveles, veamos como:

1. Trabajo a nivel cognitivo: Cuando estamos cegados por la ira disminuye nuestra atención y capacidad de retención. Realizar un trabajo cognitivo, consiste en trabajar sobre nuestros pensamientos, pues ellos son los que enjuician y nos hacen sentir de una determinada manera. Es importante que:

  • Identifiques la raíz de tu enfado: qué fue lo que  causó tal enojo. Céntrate en el núcleo del problema, pues vamos a actuar sobre él.
  • Enjuicies tus propios pensamientos tóxicos y los valides: una vez reconocido el pensamiento tóxico que nos produce malestar, debemos poder someterlo a juicio rigurosos, contrastándolo con otros más adaptativos. El cómo te hables es vital para poder superarlo.
  • Aprendas a trivializar y simplificar: no podemos evitar sentir ira, pero si está en nuestras manos el cómo nos lo tomamos. Hacértelo más sencillo te ayudará a ser más feliz.
  • Trabajes tu asertividad: la capacidad de marcar límites con respecto al otro y de defender tus derechos hará que no vivas las situaciones como tan frustrantes y por tanto, sentirás menos ira.
  • Canalices tu enfado en algo productivo: seguro que tienes un don especial para algo, aprovecha el cabreo y crea, innova, canaliza tu malestar en algo productivo que te refuerce emocionalmente.
  • Aprendas a perdonar y perdonarse: es de vital importancia para estar en paz con uno mismo y los demás.

2. Trabajo a nivel conductual: Aprender técnicas de relajación y/o respiración, así como iniciarse en el mundo de la meditación te ayudará a tomar mayor conciencia de tu organismo y sus necesidades, aspecto que favorecerá a tu equilibrio interno. Realizar actividad física también ayuda a canalizar los sentimientos tóxicos de ira.

3. Trabajo a nivel emocional: Es importante aprender a expresar la ira de una forma saludable para ti, para ello deberás aprender a dejar fluir y sentir parte de tu malestar hablándote desde la sensatez.

¡Recuerda que con trabajo puedes lograrlo!

Otros contenidos del dosier: Controlar las emociones

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