¿De dónde viene el frenesí consumista?

¿Qué mujer no ha comprado durante las rebajas un vestido, un bolso o un par de zapatos sólo porque era bonito, barato o porque “podría servir” en algún momento...? Algunas mujeres consumen sin saber por qué. Y es que es difícil resistir la tentación a la que invitan las vitrinas. Incapaces de conformarse con mirar, muchas mujeres sucumben y ¡compran!

El placer de poseer

En esta sociedad de la abundancia, gastar es un placer, ¡aunque no tengamos un céntimo! El objeto en sí carece de importancia, da igual que sea una prenda de moda, un aparato electrónico o un accesorio para el coche. Es el hecho de comprar lo que produce placer, como si el objeto en cuestión no pudiera ser de nadie más. El comprador o la compradora es como un Don Juan, que desea a todas las mujeres pero que pierde el interés nada más conquistarlas.

Depresión y compras compulsivas

Tras una decepción amorosa o abatidas por las dificultades pasajeras de la vida, muchas mujeres encuentran consuelo yéndose de compras. En efecto, la tensión provocada por el deseo de posesión del objeto elegido apacigua el sufrimiento. Pero una vez adquirido, el placer disminuye y el dolor reaparece. Entonces hay que buscar un nuevo objeto que haga recobrar ese falso sentimiento de felicidad. Pero comprar compulsivamente es como la bulimia: un hambre imposible de satisfacer.

Amor y compulsión

El dinero permite comprar el objeto del que nos hemos enamorado… Pero abusar de las tarjetas de crédito puede resultar en serios problemas financieros. De modo que es mejor analizar de dónde viene el deseo compulsivo de gastar. La idea de “autorregularse” marca el origen de este frenesí: darse placer a sí mismo. Puede que en la infancia nos hayamos visto privadas de muchas de las cosas que queríamos, o que estemos casadas con un marido tacaño que administra el presupuesto. Gastar se vuelve entonces una venganza contra el pasado o contra lo que puede interpretarse como una falta de amor por parte de los padres o la pareja.

Controlar los propios deseos para satisfacer las necesidades

Comprar puede convertirse en una especia de droga: en cuanto poseemos el objeto de deseo soñamos con comprarnos otro… Algunas técnicas para desintoxicarse:

  • Haz compras en compañía de amigas, así os limitaréis recíprocamente.
  • Enumera los defectos del objeto que has elegido con el fin de que deje de atraerte.
  • Cuando salgas de compras fíjate un presupuesto estricto o divide por dos la cantidad de cosas que pensabas llevarte.
  • Cambia la idea que tienes de ti misma: tus amigas, en lugar de verte como un símbolo de elegancia, originalidad o frivolidad, aprenderán a quererte por otras cualidades.

M. Chouchan

Otros contenidos del dosier: Desarrollo personal

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