Su actividad extraescolar ya no le gusta: ¿cómo volverlo a motivar?

Actividades extraescolares: ¿por qué está desmotivado?

Está claro que los motivos son múltiples y varían en función de los niños y la actividad.

  • En primer lugar, pueden faltar ganas a final de año, tras solo algunas semanas de actividad, debido al mal tiempo (el entrenamiento en el exterior en pleno frío no le apetece nada), a los días más cortos y menos luminosos, a las agotadoras jornadas escolares o a la entrada del invierno.
  • A menos que su actividad esté programada para un día a la semana después del colegio o para el sábado, más bien preferirá jugar o entretenerse en su habitación…
  • El frenesí mostrado a principio de curso por esta nueva disciplina puede que también se haya apagado. Empieza a percibir que no se le da tan bien y que deberá esforzarse el doble si quiere progresar. Y eso de repente ya no es tan divertido.
  • Puede que la ausencia de un compañero que ya lo haya dejado sea el motivo de su desmotivación.
  • Quizás la causa sea la duración del curso. Los niños no tienen la misma percepción del tiempo que los adultos. Pensad que un año de curso para un niño de 5 años representa una quinta parte de su vida. ¿Muchísimo, no? Es normal que quizás se canse un poco.

Falta de motivación: los signos irrefutables

Observad bien a vuestro hijo ya que a menudo no osará hablaros abiertamente de su desmotivación. Por tanto, son su comportamiento y sus manifestaciones psicosomáticas las que pueden aclarároslo. A menudo está enfermo, revuelto de tripas, arrastra los pies antes de ir a la actividad en cuestión, no prepara las cosas o se deja la mitad de cosas en casa... Aunque siga yendo a las clases de piano o de fútbol, puede que igualmente se muestre mediocre o se pelee con sus compañeros o se queje de que el profesor es demasiado duro, malo, etc. Esto merece una pequeña investigación ya que, en este caso, puede que haya una parte de verdad.

Si es mayor, 10-12 años, puede alegar que tiene deberes de matemáticas por terminar. A veces los niños utilizan los deberes como excusa. Saben que eso siempre convence a los padres y que hay más posibilidades de que los adultos cedan.

Falta de ganas por las actividades extraescolares: ¿debemos esperar a que nos hable de ello?

No forzosamente. Es más bien el adulto el que debe dar el primer paso. Aunque tampoco se trata de señalar directamente con el dedo el problema y pedirle si quiere cambiar de actividad. Corréis el riesgo de que os digan que sí. Es mejor que le hagáis preguntas sobre su motivación: “A papá y a mí nos parece que estás cansado, que muestras menos entusiasmo, ¿qué es lo que va mal?” o incluso “En la extraescolar, ¿qué es lo que te divierte más y qué te gusta menos?". También es una forma de ver lo que se puede arreglar para mejorar su comodidad.

Concretamente, ¿qué hacemos?

  • Revisar el número de actividades extraescolares: las horas ocupadas de vuestro hijo deben ser las de un niño, no las de un ministro. Es inútil acumular las actividades extraescolares ya que corréis el riesgo de agotarlo y que realmente se harte. Es mejor una actividad practicada con placer que varias sin ningún aliciente. En este caso, hay que optar por la materia que le motive más (aunque no sea la actividad que mejor se le dé) o bien una que se realice el fin de semana, no después del colegio.
  • Revisar la duración de la actividad y reducir, por ejemplo, el número de entrenos o clases a la semana, si se trata de futbol, rugby, danza o música.
  • ¡Dadle libertad! Por ahora es necesario. No debe estar ocupado forzosamente todo el tiempo. Dejadle que se aburra o que sueñe despierto en su habitación. Lo necesita para replantearse y recordar mentalmente su jornada (relación con el maestro, los compañeros...). Este espacio libre puede ser directamente beneficioso para su actividad extraescolar, a la que irá con ganas una vez haya soñado despierto.
  • Mostradle vuestro interés. Porque lo que va a movilizar a vuestro hijo es sentir que os interesáis por lo que hace. Aprovechad para hablarle cuando os reunís a la hora de la comida o la cena. Generad diálogo, incitadlo a expresarse sobre el placer que siente al dibujar, tocar la guitarra, correr en el campo de rugby... Y no os olvidéis de asistir a sus partidos o representaciones para felicitarle por su progresos y logros o para consolarle si ha perdido.
  • Dejad pasar una o dos semanas para recuperar un poco el oxígeno. Simplemente, procurad recordarle la actividad escogida cuando desee echar a correr de la extraescolar.  Por ejemplo, si se satura de sus clases de dibujo: un día podéis ir juntos a un museo. La única condición es que no os lo saltéis más de uno o dos días para no correr el riesgo de que se aficione y no quiera volver más a sus clases.
  • Estableced un contrato moral con él. Debe comprender la importancia del compromiso sin sentir presión de vuestra parte. “Escucha, cuando empezaste estabas motivado, y nos hemos comprometido con esta actividad por un año, de manera que el curso que viene tendrás la posibilidad de cambiar”. Aguanta, al final del año también es el momento para recapitular y hacer una evaluación juntos: “Has aguantado hasta el final, te felicito.¿Qué es lo que te ha gustado y lo que no?¿Te apetece seguir un año más ya que al final has progresado mucho?...”
  • Háblale del dinero que cuesta pero sin hacerle sentir culpable. Evita frases como “Sabes que nos hemos apretado el cinturón por ti”. Es mejor decir algo como “Ya lo sabes, es una actividad muy cara, por lo que estaría bien que aguantaras un poco antes de abandonarlo sin más”.

Actividades extraescolares: ¿y si realmente las quiere dejar?

Si consideráis que realmente lo pasa mal (no duerme, no come, llora a menudo…), será mejor dejarlo y pasar a otra cosa. No esperéis al año siguiente para apuntarlo a una nueva actividad, pero escoged una que sea más bien pluridisciplinar. Es más probable que podáis hacerlo en centros polideportivos donde los niños pueden pasar de una actividad a otra sin tantos límites.

Es mejor que os convenzáis de que no es un drama y no os mostréis decepcionados por su elección. ¡Todo lo contrario! Sus ganas de picotear de aquí y de ahí no ponen de manifiesto su inconstancia, sino su curiosidad y sus ganas de conocer cosas nuevas. Al fin y al cabo se irá construyendo a partir de todas esas experiencias.

Entre los 5 y 7 años permitidle este paso de descubrimiento a todos los niveles; después, hacia los 8-9 años y tras haber probado numerosas actividades, ayudadle a canalizarse en una sola. Si es bastante maduro, puede que llegar a ser competente en un ámbito le resulte bastante gratificante.

S. Catalan-Massé

Fuentes:

Agradecimientos a Gilles-Marie Valet, psiquiatra infantil

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