¿Es bueno educar a los hijos en una lengua extranjera cuando no se es nativo?

Apostar por el bilingüismo implica un gran esfuerzo, sobre todo para las familias que no dominan bien una segunda lengua, “pero si existen pautas claras sobre cómo y cuándo se hablará, funciona”, explica Valeria Ávila, logopeda de Sinews, centro de Madrid que ofrece servicios de psicología, psiquiatría y logopedia en varios idiomas y que organiza talleres para padres que quieren criar niños bilingües.

Alex Pérez es sevillano, pero a su hijo de dos años le habla en inglés desde que nació. “Al principio tenía muchas dudas, y mucha vergüenza, porque mi nivel de inglés es medio, pero siento que el esfuerzo vale la pena. Mi hijo me entiende, chapurrea palabras, y sé que algún día hablará la lengua mejor que yo”, dice. Motivado por su propia experiencia, Pérez lanzó hace unos meses la web www.crecereningles.com, donde ofrece consejos e imparte cursos para padres que, como él, han abrazado el bilingüismo.

Pautas y consejos

Las fórmulas para introducir en casa un segundo idioma varían. Pérez habla con su hijo únicamente en inglés –lo que se conoce como el método one parent, one language–, pero existen otras estrategias que también son efectivas. Lo más frecuente es que uno de los dos progenitores, o los dos, hable en inglés con los hijos durante al menos dos o tres horas diarias, que es el mínimo de exposición que recomiendan los estudios. Ávila recuerda, sin embargo, que la calidad importa más que la cantidad. “El niño debe disfrutar y permanecer activo mientras le hablemos. Una hora entera de dibujos en inglés no sirve, porque no hay interacción”, advierte.

Tampoco sirve introducir el idioma a la fuerza ni a modo de castigo. “Si genera tensión, pierde el sentido”, asegura Ávila. Los niños deben aprender jugando, “por eso es importante que los padres no nativos dediquen tiempo a aprender cuentos, juegos, rimas y canciones en inglés”, explica la pedagoga.

Poner en marcha la maquinaria bilingüe exige esfuerzo y determinación, sobre todo si el inglés no se maneja con soltura. Habrá que sentarse a repasar y, muy probablemente, memorizar un léxico específico, porque, “a un niño no se le puede hablar igual que a un colega de trabajo”, menciona Ávila. “El inglés que utilizamos en casa es diferente al que podamos usar en la oficina. Debe permitirnos jugar con el pequeño, pero también consolarle y contenerle”.

Reforzar fuera lo que se aprende en casa

Dirigirse a los hijos en inglés servirá para que estos obtengan unos buenos rudimentos del idioma, pero no los hará bilingües. “Para que eso suceda es necesario complementar lo que hagamos en casa con otras actividades”, señala Ávila. La logopeda recomienda buscar grupos de juego en inglés, rodearse de familias anglófonas y, siempre que se pueda, optar por la enseñanza bilingüe. “Cuantos más estímulos en inglés reciba el niño, y cuanto antes, mejor”, añade.

A pesar de los esfuerzos invertidos, puede ocurrir que los hijos no quieran comunicarse en inglés, algo comprensible y respetable. “Hablar en un idioma que no es el propio requiere mucha energía mental y todos tendemos a la comodidad. Es un reto para toda la familia”, advierte Ávila. “Lo mejor es circunscribir el uso del inglés a ciertos momentos o actividades”, recomienda.

Respecto al acento, los expertos aseguran que este no debe ser un impedimento para lanzarse a hablar en inglés. “Lo importante es darles a los hijos esa base, que ya es un gran regalo”, sostiene Ávila. Pérez lo tiene claro: “La importancia del bilingüismo va más allá de las ventajas profesionales y de la agilidad mental que pueda aportar. Te enriquece en muchos sentidos. Mi hijo podrá expresarse en otra lengua y abrirse a otras culturas y le será más fácil aprender otros idiomas”.

Fuente:

www.sinews.es

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