Mi hijo pega, muerde, araña… ¿Cómo actuar ante un niño violento?

Sara, de 10 meses, da patadas cuando su madre le cambia el pañal. Julio, de 2 años, tira del pelo a sus compañeros de la guardería. Laura, de 4 años, rompe los juguetes de su hermano pequeño…
Ante estos comportamientos, que cualquier adulto de nuestro entorno podría catalogar como agresivos y violentos, es normal que los padres se hagan ciertas preguntas. ¿Por qué mi hijo se comporta así y qué puedo hacer al respecto? Para empezar, “lo más importante es no identificar al niño con ese comportamiento”, insiste Patricia Chalon.

Brusquedad y torpeza desde pequeños

Juan, de 10 meses, tira la comida y pega a su madre. ¡No es una catástrofe! Durante su exploración del mundo, es normal que el niño movilice todos sus recursos para afrontarse a él. “En esta etapa, puede tirar objetos para descubrir la naturaleza y experimentar nuevas técnicas de acercamiento a los demás”, explica Patricia Chalon.
Es habitual que demuestre cierta brusquedad, como por ejemplo tirando de los pendientes de su madre, o pataleando cuando le cambian de ropa. Hasta cumplir los dos años, edad en la que ya puede comunicarse, esta es su forma de descubrir su entorno, pero también de expresar su frustración.

¿Cómo actuar? Que experimente posibilidades no significa que pueda hacer lo que le plazca de forma impune. “En un primer momento conviene preguntarse: ¿he respetado las necesidades legítimas de mi hijo?”, sugiere nuestra experta.
Por otro lado, hasta que el niño hable y pueda expresar su desacuerdo, se recomienda prohibir pegar, morder… “Decirle “no” es necesario, y lo entenderá bien”, asegura la psicoterapeuta. Los padres no pueden ceder y deben ser constantes y coherentes con las prohibiciones.

Agresividad en la escuela

El colegio es uno de los lugares donde los niños pueden sufrir emociones dolorosas, y expresarlas alto y claro, a veces incluso con violencia. Los mensajes pueden ser muy distintos. Puede pegar a sus compañeros porque sufre o porque no sabe cómo expresarse ni llamar la atención de otro modo. Es inútil reprenderle o castigarle sin tratar de comprender la causa de su comportamiento.

Pablo, de 6 años, se ha vuelto huraño y agresivo en la escuela. Un niño que de repente se muestra agresivo con sus compañeros puede estar viviendo una perturbación interior. “Desde el momento en que muestra ese comportamiento, es importante buscar el origen para evitar que se instale”, avisa nuestra experta. Puede que esté viviendo una mudanza, el fallecimiento de un abuelo, la llegada de un hermanito… Ante el trauma que estas situaciones suponen para el niño, para colmo el entorno minimiza la importancia. Y por eso él se expresa “más alto”.

¿Cómo actuar? Plantéate qué ha podido desencadenar esa agresividad. “Si tienes una buena comunicación con el niño, deberías saberlo”, asegura Patricia Chalon. En caso contrario, cuando la situación dure demasiado, consulta con un especialista.

Ana, de 5 años, golpea incluso a los niños, ¡es terrorífica! Para algunos niños la violencia puede ser una estrategia experimental en lugar de una expresión de pulsión agresiva. “Puede tratarse de un intento, como cualquier otro, de llamar la atención”, explica nuestra experta. En este caso, el entorno, los padres, el profesor y los demás niños le prestarán atención, pero porque su comportamiento no es el adecuado.

¿Cómo actuar? Es evidente que todos los niños tienen otras estrategias, además de golpear a sus compañeros, para llamar nuestra atención, pero algunos no las encuentran. Cuando la necesidad de identidad y reconocimiento se expresa llorando o gritando, debemos ayudarle. “Es importante plantearse cuánto tiempo le dedicamos, y tomarse el tema con seriedad”, insiste la psicoterapeuta. Una dedicación y atención adecuadas pueden contribuir a que el niño se sienta reconocido y comprendido.

Las peleas entre hermanos y hermanas

En casa, Gabriel, de 5 años, tira los juguetes de sus hermanos pequeños. ¿Qué padre no ha soñado alguna vez con el ambiente que se respiraba en La casa de la Pradera? Pero lo cierto es que la realidad es bien distinta. Por muy monos que sean nuestros pequeños, no debemos olvidar que tienen reflejos.
Desde hace miles de años estos reflejos han ayudado a la supervivencia del grupo. Así que a medida que se constituye la fraternidad pueden surgir comportamientos agresivos. El campo de batalla que generan todos los hermanos es inevitable. En resumen, es normal que riñan y se peleen. 

¿Cómo actuar? Todo el mundo necesita límites, en especial los niños. En las manos de sus padres está establecerlos. Aunque es sano dejar que los niños jueguen a pelearse e ignorarles cuando hacen gala de su fuerza y habilidades físicas, es imprescindible que los padres impongan ciertos límites… y que los niños los respeten.
Se puede escribir una lista con lo que está prohibido hacer, y los momentos de tregua (en la mesa, en el supermercado, etcétera). Lo fundamental es establecer unas normas claras, respetarlas y actuar cuando alguien se las tome a la ligera.

C. Maillard

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