Entrevista con Rocío Ramos "Supernanny"

Rocio Ramos es conocida por hacer uso de los enfoques psicológicos para ayudar a las familias que recurren a ella. Familias, cuyo comportamiento de sus hijos no saben controlar y necesitan la ayuda de un especialista que marque unas pautas y les ayude a corregir su conducta.

Es una profesional que cuenta con varios libros en el mercado, todos ellos orientados a proporcionar pautas a los padres en la educación de sus hijos. Ahora nos presenta su último libro “Niños desobedientes, padres desesperados”, una guía en la que Rocío Ramos hace un repaso a los diferentes problemas que pueden encontrar los padres, según la edad, así como los consejos para solucionarlos. 

- ¿Qué vamos a encontrar en tu nueva guía?

- Viniendo de mí no vamos a hablar de cocina, te advierto (ríe). De educación en un margen de 0 a 8 años, dificultades que te puedes encontrar por un lado, y por otro cómo desarrollar capacidades que son necesarias en ese momento. Hay padres que no saben por qué se producen determinadas cosas y no le encuentran el sentido, es un manual para poder ir viendo el desarrollo que lleva mi hijo e ir viendo que las rabietas son normales o el inicio en los estudios. Por otro lado, si a mí se me enquista algo y no sé cómo resolverlo pues se puede rescatar  en la guía. Por ejemplo, el tema de la inteligencia emocional es un tema que los padres nunca saben cómo tratar, cómo desarrollar la autoestima, solo hace falta leer un poquito y ver que muchas de las cosas que hacemos tienen que ver con eso.

- Por lo que cuentas, hay padres que recurren a ti por cosas que entran dentro de la normalidad...

- A veces sí, otras no (ríe). 

- ¿Cuál es la clave de una buena educación?

- Para mí hay una clave fundamental que es contarle al niño lo que nos gusta que hace, parece una tontería pero es que tendemos a contarle lo que no nos gusta. La tendencia de los padres es decirle “no has hecho esto”, “estás sordo o qué te pasa...” y se nos olvida decirle “que bien que te has atado los zapatos” o “mira que bien has estudiado tu solo”, o simplemente decirle lo mucho que se le quiere.

- ¿Cuáles son los principales errores que cometen los padres?

- Errores cada uno comete los que le parece y está muy bien, porque hay que equivocarse. El error es algo que está dentro de lo que es educar, el que intenta ser perfecto genera a unos niños con una ansiedad tremenda que después se traduce en agresividad muchas veces. Es verdad que hay etapas en las que las dificultades aparecen con más frecuencia, pero son etapas propias del desarrollo, en los dos años están las rabietas y el sueño, a veces se complican las rabietas y llegamos a los cinco años con ellas. El siguiente punto sería cuando cumplen los siete años, el establecer límites y normas, el no, junto con esto empieza el hábito del tiempo de estudio. Todo son etapas que el niño tiene que pasar, el niño que no tiene rabietas es preocupante, pero hay veces que el manejo que hacen los padres les dificulta la relación familiar.

- ¿Cuál es el problema que más se repite?

- Los que tienen que ver con los hábitos, en función de la edad aparecen más unos u otros, como la alimentación, el sueño o el estudio. 

- ¿Crees que los padres de hoy en día están muy perdidos o siempre ha sido así?

- No, no siempre ha sido así. Cada momento histórico es distinto pero lo bueno de los padres es que lo siguen haciendo, está bien porque tienen que intentarlo y están preocupados por hacerlo bien, eso es fundamental. El momento es distinto, los niños son más inteligentes, hay que argumentar y hay que negociar, no vale el “porque lo digo yo”, son más listos y piden más, eso hay que sabes gestionarlo. Además, las situaciones familiares son distintas, antes todo el mundo funcionaba igual y el esquema en casa era el mismo, ahora no, ahora hay tantas familias como situaciones. Aquí no hay un modelo, porque no llevamos tanto tiempo con segundas parejas o con padres de un solo sexo como para saber cómo hay que hacerlo con esto. Nos vamos equivocando sobre la marcha y eso hace que vayamos aprendiendo y haciendo. 

- ¿Qué consejo le darías a los padres?

- Que hay que contarle a los niños lo que hacen adecuadamente acompañado de un te quiero mucho. Es fundamental en todas las edades decirles te quiero mucho todos los días.

- ¿A qué edad es cuando hay que hacer más hincapié en la educación de los niños?

- En todas, porque lo que no haga con tres se dificulta con los dieciséis. En todas, cada una con las dificultades que tiene, si yo a mi hijo no le digo con tres años que no, y es una chuchería a la puerta del colegio, cuando llegue a los dieciséis decirle que no a un “smartphone” es realmente complicado. 

- ¿Hay algún momento en el que sea demasiado tarde para actuar?

- Siempre se puede hacer algo porque la capacidad de cambio en el ser humano es infinita. Es verdad que en la etapa que va hasta los ocho años los niños están mucho más preparados para el cambio, lo asimilan muchísimo mejor. Si tienes alguna dificultad mucho mejor cuanto antes la atiendas, eso te va a facilitar el desarrollo posterior del niño.

- ¿En qué momento se debe recurrir a un especialista?

- Cuando te des cuenta de que hay una dificultad que no sabes resolver, lo has intentado y no sabes. Si se te está complicando vete a un especialista. 

- ¿Te has enfrentado a algún caso con el que no hayas podido?

- En el despacho veo muchos casos muy complicados, pero lo que hacemos es disminuir objetivos. Trabajar un trimestre entero con que se siente a comer y ponga la mesa, al final conseguimos el cambio. Una vez que conseguimos un cambio los demás vienen muy rápido porque has aprendido a hacerlo de otra manera.

- Hay padres que no saben qué hacer cuando a un niño le da una pataleta, ¿qué sería lo correcto?

- Depende de la edad, si está en la edad de tener rabietas está dentro de la normalidad y funciona muy bien el atender mucho los comportamiento adecuados, es decir, si me pide las cosas de manera tranquila pues recompensarlo jugando con él o dándole un premio.

- ¿Dejarlo llorar es bueno o malo?

- No se trata de dejarlo llorar y ya, sino que esto conlleva una serie de pautas que tienen que ver con el cambio de comportamiento. La base está no en dejar al niño llorar sino en no atender su comportamiento, significa que le ayudo a salir de ahí, cuando él deje de llorar entonces podremos hablar. No es el niño, es el comportamiento del niño, le enseño a que deje de llorar, a que se tranquilice, y en cuanto baje un poco el tono le aplaudo que esté más tranquilo y a partir de ahí lo atendemos. No se trata de ignorar al niño, sino ignorar su comportamiento. Él aprende que ese comportamiento no vale para conseguir las cosas, si se lo das lo que le estás enseñando es que si grita, haciendo que le tengas un poco de miedo se sale con las cosas. Después la vida no es así, la vida es de otra manera y eso no le sirve nada más que para ser agresivo. 

- ¿Demasiada autoridad también es malo, no?

- El autoritarismo es malo, y el abandono de los roles como padre, el “todo vale”. En ambos casos es malo porque no permite al niño saber que tiene que hacer o no, la autoridad positiva, el consensuar e ir cambiando los límites según van creciendo, es lo que vale. Eso le hace empatizar con el de al lado, hacer consciente al niño de que su comportamiento influye en el resto. Vivir en un miedo continuo a qué puede ocurrir si me salto la norma no es una forma de darle herramientas al niño para que sea capaz de enfrentar, negociar y hablar.

- Tú tienes una consulta, ¿por qué decidiste dar el salto a la televisión?

- Porque en aquel momento el proyecto me gustó. No empecé sabiendo que era un programa, empecé atendiendo a una oferta de trabajo en internet, siempre pensé que un psicólogo en la televisión lo único que podía hacer era un asesoramiento. A partir de ahí empezó el casting y me explicaron el trabajo, me vi cómoda y que mi criterio era válido, que el respeto por los niños era importante. A partir de ahí empecé a trabajar y hasta hoy.

- ¿Qué te aporta el estar en televisión?

- Sobre todo la respuesta de la gente en general, al principio del programa los padres descubrían que lo que le pasaba a su hijo le pasaba a muchos más niños, es decir, la normalización. También descubrían que pueden ir a un especialista, en este caso a un psicólogo que le resuelve todo esto si no sé. La gente no sabía que los profesionales hacían este tipo de cosas y cómo trabajaban. Más adelante los profesores y la gente que trabaja en educación me han dicho que a raíz del programa la gente entiende mejor lo que les está pasando a sus hijos en el aula y pueden hablar de límites y de premios. Todo esto es super satisfactorio para mí, la respuesta de la gente.

- ¿Has puesto en práctica tus consejos con tus propios hijos?

- Claro, yo lo hago todo, yo me lo creo, todo lo que cuento lo hago (ríe). Todo lo que cuento estoy convencida de que hará que mis hijos sean niños felices y hará que sean adultos responsables el día de mañana. Si no iré a un especialista, que no te quepa la menor duda.

- Teniéndote a ti...

- Bueno, pero hay que separar. Fíjate como el médico no opera a su hijo, esto es un poco lo mismo. Prefiero quedarme en la sala de espera leyendo una revista mientras el otro luego me cuenta qué tengo que hacer. 

Texto: Sheila Domingo (EP)

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