Sobreproteger a un hijo. ¿A qué nos arriesgamos?

Marina siempre acompaña a su hija de 13 años al instituto, a pesar de que podría ir en autobús. Raquel prepara un menú especial a Marcos, de ocho años; solo come lo que le gusta. Desde que Estefanía, de 11 años, se quejó de un profesor, Paula acude semanalmente a la escuela para reunirse con su tutor.
Proteger a un niño para que tenga seguridad en la vida, es natural a la par que necesario. No obstante, hoy en día estamos presenciando otro fenómeno: la sobreprotección de los padres. “Consiste, básicamente, en evitar que el niño viva una realidad o sufra una frustración”, explica Didier Pleux, doctor en psicología del desarrollo. 

Sobreprotección: evitar la realidad

“¡El mundo exterior es peligroso!”. Un eslogan que bien podría ser el de los padres “sobreprotectores”. ¿Su objetivo principal? “Tratar de aportar el máximo bienestar a sus retoños para así atenuar la realidad”, comenta Didier Pleux. Si a un niño no le gustan las verduras, sus “padres-gallina” no se la dan. Si su profesor de judo es demasiado estricto, le desapuntan de esta actividad. Si se queja de que un compañero de clase le molesta, hablan con su madre.

Ante estas situaciones, que se perciben como difíciles, estos padres ponen en juego estrategias y acciones para “sobreproteger” a su hijo de la cruda realidad. “Les preocupa que su hijo pueda sufrir frustraciones en la vida, así que estimulan su felicidad evitando la confrontación con los demás o con su entorno”, explica nuestro experto.

¿Qué empuja a los padres a ser sobreprotectores?

“¡Casi siempre la ansiedad!”, responde Didier Pleux. En el clima de inseguridad actual, entre la crisis económica y la violencia, estos padres intentan, por todos los medios posibles, tender una red de protección para evitar que sus hijos vivan una realidad difícil.

En el plano escolar, por ejemplo, un sector especialmente sensible, ponen en práctica un montón de estrategias para evitar el fracaso. “Algunos incluso llegan a hacer los deberes de sus hijos”, añade Didier Pleux.

Los verdaderos riesgos de sobreproteger a un hijo

Al tratar de evitar los riesgos de la vida, los “padres sobreprotectores” acaban debilitando a su hijo, lo que puede provocar varios trastornos.

Dificultades de adaptación

Hacer apología de un mundo sin asperezas comporta riesgos. Y es que fuera de su reino familiar, el niño no sabrá cómo actuar. “Se quejará constantemente de las relaciones que mantiene con los demás, a los que percibirá como “amenazantes” y creerá que ese entorno no le conviene. Nunca asumirá su responsabilidad en cualquier problema que pueda surgir”, explica nuestro experto. Siempre es el otro quien tiene la culpa.

Un "niño rey”

Al tratar de evitar las frustraciones, los padres priorizan el principio de placer. “Impregnado de una realidad donde prima la satisfacción inmediata, el niño percibe esa realidad como real. Sus padres se encargan de manipular la realidad en función de sus necesidades”, añade Didier Pleux. Estas necesidades dependen de los deseos del niño, que las instrumentaliza. Su ego se magnifica y adopta la actitud de “niño rey”, es decir, un verdadero tirano para su entorno.

Consejos para encontrar el equilibrio

“La educación se basa en el aprendizaje de la autonomía que, a su vez, se basa en aceptar la realidad y las frustraciones”, comenta Didier Pleux. Los mensajes de amor y reconocimiento nunca deben eludir la realidad, que suele implicar obligaciones, límites y emociones negativas.

Una de las herramientas de autonomía consiste en aplicar la autoridad justa y necesaria: “Eso permite que el niño pueda asimilar la realidad y, además, implica una noción de aprendizaje”. Además, nuestro experto nos recuerda que “el conflicto hace existir “al otro” (ya sea el padre, el compañero de clase o el profesor) y el entorno. Sin esta fricción, llegará a la conclusión de que el mundo debe adaptarse a él”.

Y es ahí donde reside el problema; nuestra generación intenta encontrar el equilibrio justo entre el autoritarismo del pasado y el laxismo actual. La tentación de ser siempre agradable y conciliador para así ganarse el amor de los hijos es lo que prevalece.

Y es que establecer ciertos límites puede comportar palabras del tipo: “Ya no te quiero, sois malos y crueles”. Sin embargo, hacerlo es muy útil para el niño, ya que le ayuda a determinar la frontera entre la protección y la sobreprotección. Aunque los estándares educativos hayan cambiado, es imprescindible encontrar el equilibrio perfecto, tanto para los padres como para los hijos.

C. Maillard

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