La complejidad de la relación madre e hija

El fin de semana, a Caroline y Emma, madre e hija, les encanta ir juntas de compras. Para Christine, su madre es la culpable de todas sus desgracias. Cómplices o enemigas, madre e hija son una pareja particular donde los sentimientos van del amor al odio. Pero rara vez hay indiferencia. Para la madre, dar a luz a un bebé de sexo femenino es el sentimiento de haberse reproducido íntegramente. Este amor inicial lleva la semilla de una relación compleja.

El instinto de huir de la madre

Para los psicólogos, el camino para conquistar la identidad femenina es más difícil que el de conquistar la identidad masculina. "La madre es una fuente de vida todopoderosa, es el primer sujeto de amor absoluto, de compenetración. El niño sabe que es diferente de su madre y puede escapársele. La niña, sin embargo, percibe una similitud sexual y se ve, rápidamente, como una reproducción, una miniatura de su madre. Luchará contra eso durante mucho tiempo" explica el psiquiatra Aldo Naouri en su libro Hijas y Madres.

En este vínculo con la madre, una vez más, una niña no es como un niño. Para convertirse en una mujer que se siente bien consigo misma y no seguir siendo la hija de su madre, seguirá diferentes estrategias, entre ellas, el famoso complejo de Edipo, el famoso intento de seducir al padre. Un enfoque que ilustra el deseo de diferenciación con la madre, que a menudo traerá graves consecuencias. Esto puede romper su relación durante años.

La complicidad madre e hija es clave

Evelyne se deshace en elogios con su hija: es brillante, divertida y muy guapa, un amor. En algunas relaciones de madre e hija, el vínculo se construye de forma natural. La hija sabe que su madre siempre estará ahí Las dos son conscientes del amor que sienten la una por la otra. Aunque las niñas no adoptan sistemáticamente los valores de sus mayores, por mucho que éstas intenten transmitírselos, sienten una gran admiración por su madre. "Cariñosa, culta y fuerte" le gusta decir a Frédérica. Una verdadera complicidad que se traduce por medio de conversaciones sobre drogas, sexo, anticonceptivos, trabajo y política, temas que antes podían ser tabú y ahora se tratan de manera abierta.

De manera general, el rechazo forma parte del pasado. Actualmente muchas madres sienten que su relación con su hija es mejor que la que ellas tienen con sus propias madres. Es evidente que la relación no es un camino de rosas, pero los desacuerdos no tienen que ver con temas importantes. De hecho, algunas pueden estar peleándose constantemente y luego pasar horas al teléfono.

Cuando madre e hija son enemigas

En particular en la adolescencia el conflicto suele ser habitual. "Este momento clave de la existencia es difícil: para convertirse en mujer hay que alejarse de su madre" explica la psicoanalista Caroline Eliacheff, en su libro Madres-Hijas. El conflicto permite entonces que la joven adolescente salga de su rol de niña y ocupe su lugar. Una etapa difícil de superar para algunas, al ver a Catherine, de 45 años, editora, "Mi madre siempre evitaba la confrontación y era difícil formarse a su lado".

En otros casos las madres padecen el síndrome de la eterna juventud. Dejar que su hija se convierta en adulta representa un gran peligro: sienten que envejecen. Por supuesto, prefieren seguir siendo amigas eternas y se comportan como tal. Madurar en este tipo de relación exige contentarse con eso y tomar distancia al mismo tiempo...

C. Maillard

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