Las claves de la complicidad entre madre e hija

El nacimiento de una hija, para una madre, no es algo anodino. “Forma parte del trabajo en sí”, explica la psicoanalista Catherine Audibert. La relación se establecerá en función de diferentes factores. Por una parte, existe un efecto espejo en los gestos íntimos de uno mismo, al que se añadirá el peso de las transmisiones generacionales femeninas. Los vínculos con su propia madre influirán con fuerza en la relación con su hija pequeña. Algunas madres la reproducirán, otras la repararán o incluso reaccionarán a ella. “Todas las relaciones entre madres e hijas incluyen una parte transgeneracional.La complicidad debe encontrar su camino, con esta herencia”, afirma nuestra experta.

Mi hija, mi espejo

La complicidad sólo puede existir si la madre cede un lugar a la feminidad de su hija. El efecto espejo puede jugarse ya desde muy temprano. Cuando las hijas pequeñas quieren ponerse sus joyas, sus vestidos o sus zapatos. “Ante estas actitudes, algunas madres pueden mostrarse intolerantes, y tener la impresión que su hija les quitará su sitio”, previene Catherine Audibert. Estas manifestaciones de feminidad les puede chocar o incluso molestar. La causa se encuentra en un sentimiento de celosía, que puede indicar que se sienten amenazadas ante su propio puesto.

Las claves de la complicidad: lo más importante es dejar expresar esta feminidad, para que la pequeña pueda construirse. Sin hacer demasiado. Al contrario, las madres que las hacen participar en concursos de belleza, las objetivizan.

Mi hija, mi rival

Algunas etapas más que otras desafiarán a la madre y a su deseo de complicidad. La fase edípica es una de las más importantes. “En su proceso de desarrollo, la hija buscará expulsar a su madre para tener el amor de su padre para ella sola”, recuerda la psicoanalista. Esta fase tiene lugar a los 3-5 años aproximadamente. Le siguen los tiempos de calma y resurgimiento en la adolescencia. Mientras que seas su primer objeto de amor, tu hija puede mostrarse hostil, con grandes impulsos de afección y seducción hacia el padre. Del tipo: siempre tiene razón, es guapo… Sus palabras y sus actitudes competirán para ponerlo en primer lugar, mientras que ella buscará colocarse entre él y tú. ¡Puede resultar difícil!

Las claves de la complicidad: lo mejor es aceptarla: no te sientas celosa. ¡Ya le pasará! El padre también dejará de seducirla tanto. Sin embargo, tampoco es cuestión de ceder completamente a la seducción y entrar en este juego. Hay que poner la distancia necesaria para que cada uno se mantenga en su lugar. Por vuestra parte, dejadle claro que eres la mujer de tu marido, y ella la hija de su padre.

Mi hija, mi otro yo

En la búsqueda de la complicidad con la hija, también existe otra trampa: la de proyectarla demasiado en uno mismo y de sus afectos hacia ella. “Como si la niña fuera una continuidad de la madre, su prolongación”, aclara nuestra experta. Esta complicidad no le da la libertad necesaria para que construya su propia identidad. Para Catherine Audibert: “Sin ser verdaderamente consciente, el amor que la madre le da está condicionado:a que la hija se conforme con el deseo maternal”.

Las claves de la complicidad: esta relación que revela un fuerte narcisismo maternal no permite que su hija pequeña se diferencie. Para recrear una relación más cómplice, hacedla partícipe de vuestras proyecciones, y de sus propias necesidades.

Mi hija, mi compañera

Algunas buscarán en su hija lo que no han tenido ellas en la infancia. Entonces, invertirán en la relación para reparar todo lo que les ha faltado. “Hay un pequeño paso entre ocupar el lugar de “cómplice”, que puede que esté más reservado a las amigas, y crear instantes de “complicidad”", precisa Catherine Audibert. Comportándose como cómplice/compañera, se produce algún tipo de conminación, que comporta al mismo tiempo dependencias y confusión.

Las claves de la complicidad: para poder construir sus propios códigos de feminidad, una hija necesita poder oponerse a su madre. En caso de complicidad impuesta, esto resulta muy difícil. Encuentra el lugar adecuado, no es necesario que lo sepas todo, y todavía menos que se lo cuentes todo. ¡Ya tiene a sus amigas para eso y tú las tuyas, tú eres su madre!

La feminidad es un camino que requiere un tiempo de maduración. “Algunas madres entonces se dan cuenta de que la construcción de su feminidad todavía no es suficiente”, ha podido observar la psicoanalista. La complicidad no debe venir en ningún caso para subsanar una carencia, sino para crear un acercamiento y una confianza suficiente con la hija que permita sostener su proceso de crecimiento.

C. Maillard

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