Cuando la familia se recompone, ¿cuál es el papel de la madrastra?

Julia está enamorada de un hombre que tiene dos hijos, ella es más joven que él y desea fundar una familia. Y ¡zas!, cuando lo juntamos todo, resulta que sin casi darse cuenta Julia se transforma en… la madrastra. “Este término puede parecer anticuado, pero en realidad está de moda más que nunca, en una época en la que las familias recompuestas son el pan de cada día", comenta Catherine Audibert, psicoanalista especializada en cuestiones familiares.
Así pues, ¿qué se entiende por “madrastra”? En los cuentos de hadas, como en la vida real, es la segunda esposa de un hombre que ya ha tenido hijos. Lo más habitual es que aparezca con un traje ridículo y tenga malvadas intenciones para con los niños, con los que generalmente no se lleva bien, y lo mismo al revés. Las relaciones entre ellos no son buenas y su principal objetivo podría ser poner a su nuevo esposo de su parte, en detrimento de los niños. Pero tras esta figura al mismo tiempo clásica y contemporánea, ¿qué es lo que se esconde realmente y cómo escapar de esta imagen?

Madrastra, una situación complicada

Las ideas recibidas dificultan la situación, y es que el papel de la madrastra sigue viéndose como algo negativo. Se cree que no es capaz de amar a los niños de otra y que al mismo tiempo intenta ocupar el puesto de la madre. Resultado: su comportamiento con ellos y sus comentarios a menudo pasan por la criba de su ilegitimidad, ¡ella no es SU madre! Es relativamente fácil que se sienta incomprendida y se pase el día justificándose.

Para los niños también es difícil, “es una situación que les viene impuesta, no es algo que escojan”, añade Catherine Audibert. Además, puede que todavía estén dolidos por la separación y sientan conflictos de lealtad con su madre, quien raramente verá con buenos ojos la aparición de esta mujer en sus vidas.

Por consiguiente, las tensiones son inevitables, pero conocerlas permite gestionar mejor la situación.

Estáis tentadas de ir demasiado rápido

Desde el principio habéis intentado meteros a los niños de 7 y 9 años en el bolsillo, llevándolos al cine o comprándoles sus juguetes preferidos, pero sin obtener grandes resultados. Así pues, esta ingratitud que percibís suscita intensas reacciones por vuestra parte, ¡y encima muestran desinterés!

“Cuando no sabemos claramente cómo comportarnos, con frecuencia solemos ejercer una presión para crear una mayor relación con los niños”, reconoce nuestra experta. Y los riesgos son reales. Al intentar querer ir demasiado rápido, saltándonos etapas, no les dejamos el tiempo necesario para que nos acepten. Nuestras atenciones les parecen falsas y pueden producir el efecto contrario, un mayor distanciamiento.

Consejos: hay que tomarse el tiempo necesario para “crear” una verdadera relación. Sed vosotras mismas y mirad cómo las cosas se ponen en su sitio progresivamente entre unos y otros. “Tenemos tendencia a creer que la madrastra tiene un papel bien definido y no es así", recuerda Catherine Audibert. Todo dependerá de los niños. Más vale dejarles hacer poco a poco.

Competir con los niños

Le reprocháis que pasa demasiado tiempo con sus hijos, o con su madre cuando ellos no están. Estáis convencidas de que vais después de ellos, en orden de prioridad, y que a sus ojos son más importantes que vosotras.

Cuando nos enamoramos de un hombre con hijos, debemos tener claro que vamos a compartir a su padre con ellos. En realidad, no está totalmente disponible para nosotros. Ya sea en custodia compartida o un fin de semana cada dos, este tiempo está dedicado a los niños, y no podemos hacerle nada. Además, tiene que mantener el contacto con su madre para las cuestiones del día a día.

Consejos: Es normal que se comporte así, por lo que debemos revisar nuestras expectativas y plantearnos determinadas cuestiones. “La mayor parte del tiempo, sentir esa rivalidad con los niños puede deberse a un recuerdo infantil en el que ya los propios padres estaban más resentidos que disponibles, por ejemplo", explica Catherine Audibert. Todo dependerá de la actitud de vuestro conjunto, ante vuestras exigencias. Sin embargo, si se adquieren comportamientos infantiles, quizás sea necesario pedir ayuda a un terapeuta.

Pensáis que los niños os han cogido manía

Os quejáis de que los niños os hablan mal, os contradicen y buscan el apoyo en su padre. Quizás incluso os ignoran, cuando resultan adorables con personas externas. Literalmente, os fulminan, e incluso más porque vuestra pareja no interviene en favor vuestro.

Para los niños no es algo tan sencillo. A menudo se enfrentan a una separación, una recomposición familiar y conflictos de lealtad. Incluso aunque su madre no se muestra abiertamente fría con vosotras, resulta bastante frecuente que no lleve muy bien que su exmarido haya creado una nueva familia.

Consejos: Debe verse como una dificultad que están viviendo y no como que tengan algo contra vosotras. Incluso aunque los niños os quieran, pueden tener reacciones negativas, pero no significa que estén forzosamente en contra vuestra. Se trata más bien del lugar de madrastra lo que les molesta, no es que tengan nada contra vosotras.

Rivalizáis con la madre de los niños

No podéis conteneros de hablar mal de su madre, a veces incluso delante de ellos. La mayoría de las veces sobre la educación que les da.

Compararse y querer “llevarse la palma” es prácticamente inevitable. Incluso aunque no seáis la madre de los niños, es muy difícil evitar que os comportéis con ellos de forma maternal. Que les hagáis comer o les ayudéis a hacer los deberes comporta inevitablemente que se despierte vuestro espíritu maternal, desde el momento en el que os ocupáis de ellos. Sin embargo, los niños no se confunden, su madre sigue siendo su madre.

Consejos: No existe una receta milagrosa, pero hay que procurar no pronunciar palabras negativas en contra de ella delante de los niños. En cualquier caso, es preferible mantener un buen diálogo pensando en los niños. Cada uno debe permitirse ocupar un lugar. Los niños necesitan sentirse en su casa, tanto en casa de su madre como en casa de su padre. Necesitan el amor de los adultos que les rodean, sin tener que gestionar conflictos de lealtad.

La familia recompuesta encubre numerosas trampas, que son innegables. “La situación a veces está tan cargada de afecto que se convierte en inextricable”, admite nuestra experta. A menudo este es el terreno en el que se escoge expresarse la madrastra, no tanto por elección, sino para no sentirse pisoteada. Sin embargo, a menudo constituye la señal de que no se está en paz con su historia pasada, conyugal o parental.

Los indicios de un comportamiento así deberán tenerse en cuenta si no se quiere deteriorar la relación. La clave consiste en intentar armonizar al máximo la situación teniendo en cuenta las diferentes partes en juego. Si las dificultades persisten, es necesario pedir ayuda para comprender mejor lo que está sucediendo. La prioridad siguen siendo los niños, para acompañarles al máximo en su desarrollo.

C. Maillard

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