Celos, ¿inevitables en la pareja?

La admiración por el ser amado le confiere a menudo todas las cualidades. A este ser perfecto queremos gustarle y satisfacerle. En la primera relación que se establece, los amantes se hacen confidencias, hechizados por el amor fusional que les une. En semejante contexto, los celos no tienen razón de ser, ya que el amor incondicional y exclusivo lo abarca todo.

La voluntad de apropiación

Sin embargo, los amantes se ven obligados a convivir con las obligaciones de la vida diaria. Su historia comienza a resentirse con los roces del contexto social. Entonces, al amor se le suma un nuevo sentimiento: el de posesión. De la misma manera que alguien posee un coche o una casa, el amante “posee” un sentimiento amoroso y tiene miedo de que le sea robado. De ahí que quien está enamorado se inquiete cuando ve a su pareja mirar a otras personas… Los celos no son más que una reivindicación banal de propiedad frente a un hecho que pone a prueba el amor.

Del amor a la autodestrucción

Para algunos, la manifestación de los celos consiste en comprobar que son los únicos en la vida del ser amado y que, por lo tanto, los demás no cuentan. La persona celosa le transmite al otro que está preocupada por gustarle. Estos celos, si son ligeros, son muestra de la buena salud de la pareja, que prolonga la fase de seducción.

Para otros, el miedo a perder el privilegio de ser amado es tan fuerte que se obsesionan. Entonces buscan indicios de su infortunio, es decir, de que hay un rival. Esta actitud, si se agudiza, hace inviable la historia de amor. La víctima de los celos se va sintiendo prisionera: cada gesto que hace y cada cosa que dice es susceptible de provocar sospechas. La persona celosa, por desconfianza, reprime cualquier expresión espontánea de su pareja, también la del amor.

Respetar la libertad

No hay que confundir “tener un sentimiento de amor” con “tener un amor”. Nadie tiene derecho sobre la existencia de otro. La pareja no nos pertenece. La ausencia de celos no significa indiferencia, es, más que nada, un gesto de confianza hacia la otra persona. El miedo a ser abandonado puede expresarse por medio de algunas manifestaciones celosas, a condición de no cuestionar la sinceridad del ser amado. Si coartamos la libertad del otro, le perderemos.

M. Chouchan

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