Por qué la rutina puede ser buena para tu relación

Somos animales de costumbres

Es posible que nos guste vernos a nosotros mismos como personas ansiosas de aventura, viajeros incansables y deseosos de experimentar. Pero siendo sinceros, ¿a cuántas personas conoces que realmente sean así?

Los animales, de los que nosotros formamos parte, buscamos la rutina. Por nuestra salud mental, necesitamos saber qué viene después y tener ciertas costumbres que nos guíen en el día a día. Los mamíferos no tienen reloj, pero es sorprendente ver lo estrictos que son con sus costumbres, tienden a beber de la misma agua y a descansar en un área delimitada. Su zona de acción no es muy extensa a no ser que migren, algo que también está estrictamente marcado por las estaciones (otra forma de marcarnos rutinas).

Nuestros cachorros, los bebés, también necesitan esas rutinas. Todo padre o madre sabe que sus hijos están más tranquilos si comen, duermen y se bañan más o menos a las mismas horas y que en vacaciones o días festivos cuando los horarios se trastocan, suelen estar más alterados.

Pero la sociedad no nos dice eso, nos dice que hacer lo mismo todos los días a la misma hora es aburrido, y que tenemos que buscar estímulos excitantes que nos saquen de esa temida rutina. Cuando nos sentimos tristes lo acusamos al aburrimiento que nos produce la costumbre y nos esforzamos en hacer algo nuevo que aleje nuestra mente del tedio.

Resulta que no es la rutina lo que nos hace sentir mal sino la idea de que esa rutina es mala y que debemos evitarla, cuando tanto nuestro cuerpo como nuestra alma nos empujan precisamente a crearla. Y no es la rutina la que nos aburre, lo que nos aburre es hacer cosas aburridas. Si tu trabajo no te motiva y no practicas ninguna de tus aficiones, es normal que te aburras. Por poner un ejemplo exagerado; una rutina de comer y dormir a la misma hora en una playa paradisiaca, poniendo en práctica todo lo que te gusta hacer, seguro que no la verías tan negativa y mucho menos aburrida. ¿Verdad?

A tu cuerpo le gusta la rutina y todas tus células le empujan a establecer una. En cuanto lo acostumbras a comer a la misma hora todos los días, el estómago te va a rugir en ese momento y si todas las noches vas a la cama a las 10, poco después de esa hora se te cerrarán los ojos por muy descansado que estés. Cuando salimos de la rutina nos alteramos, igual que los niños, y si se nos exige improvisar a diario horas de comida y sueño probablemente afecte a nuestra salud.

La rutina en la pareja

Si tememos la rutina en el día a día, en la vida de pareja es terrorífica. ¡Y no tiene por qué! Si de forma individual ansiamos tener costumbres, cuando dos personas se juntan casi es imprescindible que también haya costumbres para crear la paz en el hogar.

Generalmente se habla de la rutina de forma despectiva en el plano sexual. Volviendo al tema de antes, no es negativo que una pareja haga siempre lo mismo en la cama, lo negativo es que eso le aburra, sea lo que sea.

Hay parejas que buscan que cada relación sexual sea diferente a la interior, el pánico a la rutina les lleva a incluir elementos picantes; un día nos ponemos liguero, otro día nos atamos, al siguiente lo hacemos en un sitio público… En primer lugar, de este modo lo que conseguimos es que cada relación sexual pase de convertirse en un reto a un momento estresante, ¡no siempre nos apetece hacer cosas locas! Además, aunque al hablar de rutina en el sexo imaginamos practicar el misionero en la cama, la rutina también puede estar en la ropa interior de cuero y las posturas acrobáticas.

En resumen, debemos buscar divertirnos, hacer cosas juntos que disfrutemos y que nos apetezcan, sean nuevas o no. Pero sobre todo no debemos temer disfrutar de la rutina y sacar lo mejor del día a día y de lo que hacemos en pareja.

Busquemos una rutina dinámica y satisfactoria. Dejemos de frustrarnos por no ser los más atrevidos del mundo y no haber aprovechado el tiempo practicando las mil y una posturas en todos los lugares imaginables. Nos hace felices hacer lo que nos gusta, no hacer lo que nos dicen que nos tiene que gustar.

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