Cómo cambiar a tu pareja cambiando tú primero

¿Quién tiene la culpa?

Eliminemos la palabra “culpa” de las interacciones entre parejas y tratemos de pensar cuál ha sido la causa de la actitud que no nos gusta. Si nos fijamos, a veces interpretamos que la otra persona hace cosas con mala intención, por fastidiarnos, pero esto raramente es así y si lo fuese, en realidad la pareja tendría problemas más graves. Siempre hay una causa, algo que ha ocurrido antes que le lleva a comportarse así.

Pensando en esto, quizás lleguemos a la conclusión de que la actitud que no nos gusta siempre ocurre en un momento del día en concreto o en una ocasión puntual. ¿Qué está pasando que pueda favorecer que se lleve a cabo esa conducta molesta? Abramos la mente y pensemos si hay algo en nuestro comportamiento que pueda estar ayudando a que ocurra esa actitud en nuestra pareja que no queremos que se repita.

Una vez más, esto no significa que nos estemos echando la culpa a nosotros mismos. Simplemente estamos enfocándonos en lo que sí podemos cambiar, en lugar de frustrarnos continuamente por lo que hace el otro.

El reto de cambiar las propias actitudes

Imaginemos que recriminamos a nuestra pareja el venir siempre enfadado del trabajo, al hablarlo con él nos comenta que nosotros tampoco estamos del mejor humor cuando llega a casa y que eso le enfada. Podemos hacer dos cosas, empeñarnos en que tenemos razón y su mal humor empezó antes que el nuestro y por tanto debe cambiarlo él o hacer una pequeña reflexión y pensar que probablemente nuestro mal humor se debe al suyo, pero es posible que también ocurra en la otra dirección.

Estupendo, entonces hemos decidido probar a cambiar nuestro humor cuando nuestra pareja llega a casa a ver si así cambia la dinámica. Esto es algo difícil porque es nuestro estado de ánimo no solo influye el del otro, a veces también estamos algo enfadados, cansados o desanimados por otras circunstancias del día a día. Así que no podemos simplemente proponernos “a partir de ahora voy a tener buen humor”.

Además ese objetivo parece bastante general: ¿qué significa tener buen humor? ¿Debemos contar chistes a cada segundo o cantar mientras cenamos?

Con esto lo que tratamos de hacer entender es que es mejor tener objetivos más pequeños y realistas. Tendríamos que analizar como es la dinámica en el momento en que ocurre la actitud a cambiar: nuestra pareja llega a casa, deja las llaves y nos saluda con una palabra que contestamos con otra y prácticamente no nos hablamos hasta la hora de ir a dormir. Muy bien, ¡cambiemos eso!

Probemos a acercarnos a nuestra pareja y saludar con un beso y luego preguntar qué tal el día y contarle un poco del nuestro intentando ser positivos. No hace falta que al entrar a casa se encuentre con un pitufo alegre, con eso probablemente ya percibamos el cambio en el otro.

Establecer objetivos a medio plazo

La verdad es que podemos comprobar con cualquier otra persona que siendo agradables y alegres es raro que nos encontremos con una respuesta negativa. Pero quizás la dinámica con nuestra pareja ya está algo enquistada y cuesta ver cambios.

Suele ocurrir que tendemos a fijarnos solamente en las actitudes que nos molestan del otro y no nos damos cuenta de los aspectos positivos. Cuando entramos en este bucle, un cambio como que nos sonrían al entrar a casa nos puede pasar desapercibido algunos días pero no mucho más.

Es muy importante que dejemos que nuestra pareja caiga bajo nuestros encantos de forma natural. Con esto queremos decir que si el primer día ya le decimos “oye, ¿has visto que te he sonreído a pesar de que has venido enfadado?” es probable que quitemos efecto al experimento.

La idea, en resumen, es centrarnos en cambiar un par de actitudes concretas que creamos que pueden tener un efecto sobre la conducta que no nos gusta del otro y lo probemos durante unos días. También tendremos que tener la mente abierta nosotros, para poder captar los cambios en nuestra pareja, que al principio también serán sutiles.

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