Deja de intentar cambiar a tu pareja

El mito del príncipe azul

No hace tanto que las motivaciones para elegir una pareja eran muy distintas a las que conocemos. Si nuestras abuelas supieran que dudamos de nuestra relación porque olvidó el día de nuestro aniversario, se echarían las manos a la cabeza. No es que en su generación tuvieran motivaciones más legítimas pero es cierto que quizás ahora tenemos la pareja más idealizada.

Actualmente las mujeres somos independientes y no tenemos tanta presión para casarnos y tener hijos, así que elegimos a nuestras parejas con otros criterios. Buscamos a alguien con quién ser felices, sentirnos amadas y respetadas pero también libres para desarrollarnos como personas. Sabemos lo que queremos y podemos hacer una lista de lo que buscamos en nuestro "príncipe azul".

¿Qué ocurre? Pues que muchas veces nos cuesta encontrar a ese príncipe porque simplemente no existe, básicamente porque no existe la perfección y, como seres humanos, tenemos defectos y cometemos errores. Nosotras mismas no somos ningunas princesas rosas.

Cuando comenzamos una relación, no conocemos a la otra persona así que completamos la información que nos falta con la que nos gustaría ver. Es decir, idealizamos al otro. Cuando va pasando el tiempo se pasa un poco la emoción del principio y sabemos mucho más de él nos damos cuenta de que, obviamente, no es perfecto.

Pero a veces nos cuesta asumir que no es el príncipe azul que buscábamos, así que lo justificamos pensando que queda por pulir, y que nosotras somos las que lograremos que florezca todo lo que buscamos en ellos. Otros mitos como el de la media naranja y la pareja predestinada de por vida potencian este pensamiento; si nos hemos encontrado, si me quiere, entonces es que es mi media naranja y estamos hechos para estar juntos, nada puede salir mal.

¿Pueden cambiar las personas?

Esta es una pregunta que nos hacemos generalmente cuando alguien nos ha fallado. Si nos ha traicionado entonces le tachamos inmediatamente de mala persona, de infiel, de dañino… y nada va a hacernos cambiar de opinión. Si alguien nos pregunta diremos que no damos otra oportunidad, porque no nos fiamos; las personas no cambian.

En cambio sí parece que creemos más en el cambio cuando queremos que nuestra pareja sea el príncipe azul que buscamos, que se comprometa, que sea más romántico, que abandone sus proyectos de dar la vuelta al mundo para quedarse con nosotras…visto así no parece muy justo,no?

En realidad no debemos ser muy duras con nosotras mismas, porque esto no es algo que nos hayamos sacado de la manga. Es que nos han dicho desde siempre que por amor se cambia, y nos han contado historias de hombres asalvajados que han sentado cabeza al encontrar a la mujer de su vida. Cuando lo vemos en las películas parte de nosotras dice "qué tontería", pero otra parte desea que eso nos ocurra, !y no tiene nada de raro!

Así que encontramos a ese hombre encantador que nos asegura que no quiere nada serio, que tiene ese punto rebelde seductor y nos lo tomamos como un reto! Conseguiré que este hombre cambie solo por amor.

Posiblemente haya historias de "éxito" y parejas orgullosas de contar que cuando se conocieron, cambiaron totalmente su personalidad para llegar a un equilibrio. Desde luego puede ocurrir! Pero siempre partirá de la decisión de cada uno, nadie nos cambia, pero nosotros sí podemos cambiar si queremos.

Las consecuencias de querer cambiar al otro

Aun cuando uno mismo desea cambiar algún aspecto de su personalidad, requiere un trabajo y un esfuerzo bastante grande. Intentar cambiar al otro es mucho más difícil, de hecho es imposible.

Así que la persona que quiere cambiar a su pareja se frustrará continuamente y verá que hay dos pasos atrás por cada paso hacia delante. Y es que no está cambiando, simplemente está cediendo a sus deseos en contra de su voluntad.

El otro escucha continuamente reproches, le piden algo que simplemente no le sale y de vez en cuando lo lleva a cabo por agradar pero eso no dura, porque él no es así! Poco a poco la relación puede deteriorarse por esa continua lucha infructuosa.

El trabajo de aceptación del otro también puede ser duro pero siempre llevará a una relación más saludable. Esto no significa que debamos "tragar" con todo, se trata de darse cuenta de que somos seres humanos con virtudes y defectos y que no existe alguien que cuadre perfectamente con nuestros deseos. Se trata de amar al otro como individuo y no como una mitad de algo.

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