Cómo transmitirles amor a los hijos durante la adolescencia

¡Qué difícil es educar cuando tus hijos son adolescentes! Sientes que se te exige tener una bola de cristal para adivinar su humor y sus deseos, temes que tu mala gestión de su educación lleve a que sean unos delincuentes o peor, profundamente infelices. Pero la clave no está tan ligada a la disciplina como a la forma que tenemos de expresarles amor. ¿Qué podemos hacer para lograr transmitirles que los queremos?

Verbalizar el amor

Qué fácil parece decir “te quiero” y qué poco lo decimos. Nos parece extraño pronunciar esas dos palabras, hay personas que se sienten ridículas, vulnerables o no lo ven necesario, pero sí lo es. Aunque nuestros actos revelen el amor que sentimos por nuestros hijos continuamente, la palabra también es importante. No temas decir “te quiero” en todas sus formas posibles, nunca tendrá malas consecuencias pero sus efectos positivos son enormes.

Demostrárselo físicamente

Es fácil abrazar y besar a nuestros hijos cuando son pequeños, para empezar, se dejan y no se zafan a la primera y también, sinceramente, nos apetece más que cuando ya son grandes. Pero sí, debemos seguir acariciándoles y abrazándoles tanto como permitan. Y si no, al menos no dejar de dar pequeñas muestras de afecto físico como una caricia en la espalda cuando están estresados o un beso de alegría en un momento puntual.

Protegerles

La disciplina es parte del amor. Establecer límites y normas es una manera de protegerles de lo que aún no están preparados para enfrentarse. Deben entender que mantenerles a salvo es una parte muy importante de nuestro amor por ellos. Cuando no tienen límites, parecen ser más felices a corto plazo, pero debemos recordar que no son maduros y que aún necesitan cuidados. El mensaje que les damos sin límites es que pueden hacer lo que quieran porque no nos importan.

Ser incondicionales

En la adolescencia todo parece efímero; los amigos vienen y van, las parejas también, van pasando por fases que de repente parecen muy lejanas… da la sensación de que nada es estable, todo puede cambiar mañana. Los padres somos el ancla con la realidad y no deben dudar que nuestro amor por ellos no cambiará, es incondicional, necesitan ese punto de referencia en esa marea.

Destacar lo mejor de ellos

Parece que el valor de las personas está basado en cómo nos comportamos o qué producimos. Los adolescentes no saben cómo colocarse en ese orden de las cosas y les produce ansiedad pensar que valen más cuanto mejores sean en los estudios o en los deportes. Entender como son nuestros hijos, independientemente de los logros que consiguen, puede contrarrestar este efecto negativo. Hacerles saber que son buenos en esencia y tienen el potencial para sacar lo mejor de ellos mismos. Amar es ver a alguien como merece ser visto.

Apoyarles cuando lo necesitan

No siempre van a buscar nuestra ayuda cuando tengan un problema. A esta edad, lo primero que hacen es recurrir a sus amigos, algo normal y respetable. No debemos interferir si no lo piden (siempre que la cuestión no sea peligrosa, claro). Pero cuando sí que nos piden apoyo y comprensión, debemos estar preparados para estar ahí.

Dar importancia a sus emociones

Es una etapa delicada en cuanto a desarrollo emocional. Pueden reaccionar con enorme ira o tristeza a cosas que a nosotros nos parecen banales, pero debemos respetar su perspectiva y nunca infravalorar esas emociones. Ellos mismos aprenderán a regularlas sin que nadie tenga que decirles que lo que sienten no es importante, al hacer eso crearemos una barrera entre ellos y nosotros, difícil de superar.

Confiar en que pueden solos

Nuestros niños ya no lo son tanto y la adolescencia es una etapa de prueba y error. De hecho, es esencial que fracasen, incluso que sufran, para su desarrollo emocional. Podemos guiarles y apoyarles, pero la muestra definitiva de amor será dejarles tomar sus propias decisiones. Al principio lo haremos en cosas poco importantes pero irán ganando peso hasta la edad adulta.

Otros contenidos del dosier: Psicología en la adolescencia

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