Cambios en la educación de los hijos

El niño, ¿rey o tirano?

¿Antes desvalidos, tienen hoy todo el poder? ¿Cómo hemos pasado de un rigor excesivo en la educación de nuestros hijos a una preocupación con frecuencia exagerada por respetarlos y fomentar su desarrollo?

En nuestra sociedad, el individuo es soberano y por lo tanto, el niño, como individuo total, también lo es. El niño del pasado ya no existe más. Antes nadie se interrogaba acerca de su vida interior; de la psicología infantil en general. El niño era un ser minúsculo a quien había que criar de una determinada manera para que siguiera las reglas de la sociedad. Después de dos o tres generaciones, se ha producido un gran cambio. El niño no solamente se ha convertido en una persona sino que el gran énfasis puesto en su desarrollo condiciona el desarrollo del adulto.

La psicóloga Françoise Dolto, pionera en el psicoanálisis infantil, ha contribuido enormemente en hacer que la sociedad vea al niño como un individuo completo. Para los padres, buscar el equilibrio entre desarrollo y educación no siempre es fácil.

Estos conceptos no son antinómicos pero sí diferentes. Ayudar al desarrollo del niño implica preguntarse quién es, qué le gusta, cuáles son sus deseos e intentar acomodarlos, mientras que educar es ir en contra de sus deseos más inmediatos. Esto crea parte de las dificultades que tienen los padres para ejercer la autoridad: no tienen claro qué pertenece a la esfera del desarrollo y qué a la esfera de la obligación. Además está la idea de.que la educación y el fijar límites impiden que el niño se desarrolle plenamente, lo que para mí es una manera errónea de ver las cosas.

Mientras que la forma de ver al niño ha cambiado, también la familia lo ha hecho

La emancipación de la mujer, los dos padres que trabajan, las familias que se rehacen. … El tiempo dedicado al niño se ha reducido y se privilegia el placer antes que la educación.

 Los padres están desbordados con sus obligaciones y ven tan poco al niño que lo único que quieren cuando están con él es compartir el placer pero no señalar los límites. En la autoridad conyugal compartida se espera que los padres estén de acuerdo con respecto a lo que proponen al niño, aun si no comparten el mismo punto de vista. Pero al mismo tiempo, para evitar el conflicto dentro de la pareja, se prefiere mantener el statu quo, el cual a veces es negativo para el niño.

El amor que los padres sienten por sus hijos a veces les dificulta ponerles límites…

Los padres no están solo para amar a los niños y recibir el amor de ellos. Están también para transmitirles la cultura a través de la enseñanza de los valores y las reglas. Esta transmisión variará en cada familia. Por ejemplo, en una familia las reglas pueden ser que todos coman lo mismo, que se termine lo que se sirve en el plato o que se respeten ciertos rituales cuando se está sentado a la mesa. Si ésas son las reglas, es mucho más importante transmitírselas al niño, aunque no le gusten, que complacerle y dejarle hacer lo que quiera. El niño ya tendrá ocasiones de seguir sus deseos en otras situaciones y en otros momentos de su vida.

K. Lubasch, F. Lemaire

Otros contenidos del dosier: Psicología en la infancia

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