¿Cómo romper una amistad?

Kant definía la amistad como «la unión entre dos personas con un amor y un respeto iguales y recíprocos». El mito del amigo para toda la vida tiene un futuro esplendoroso por delante. «A veces, el otro es como un doble, otro yo al que nos aferramos cada vez más en una época incierta como la nuestra», añade Stéphane Clerget, autora de Cómo tener amigos de verdad. La clave que hace que una amistad dure para siempre o se termine sigue siendo un misterio. Algunas amistades superan, en contra de lo que podía esperarse, la falta de contacto durante largos períodos; sin embargo, otras se terminan por un contacto demasiado estrecho. No obstante, es posible hablar de ciertas señales que pueden alertarnos de una ruptura, así como hacerles frente cuando se presentan.

La ausencia frente a la dificultad

«Cuando mi madre murió en un accidente, mi amigo Alejandro empezó a tomar distancias. Desde entonces, nos vemos mucho menos», lamenta Ana, 35 años. En tales situaciones, «puedes haberte dejado engañar por la calidad de vuestra amistad», comenta Stéphane Clerget. Cuando no hay reciprocidad, un acontecimiento difícil puede desvelar la auténtica naturaleza de la relación. «Es en los peores momentos, cuando te das cuenta de quiénes son tus amigos de verdad», reza un famoso dicho popular. Otra posibilidad, «el amigo en cuestión no sabe responder cuando algo va mal», continúa la psiquiatra infantil. Un hecho más común de lo que pensamos, así que es mejor tenerlo en cuenta. Hablar de ello, sin necesidad de esperar a que se produzca un cambio radical, puede ayudar a hacer el lazo más duradero.

Los lazos se han roto

Normalmente la amistad comienza por intereses y gustos compartidos. «Al principio, la obsesión de David por los cómics me parecía divertida. Después empezó a parecerme infantil, incluso aburrida», admite Javier, 29 años. Algunas amistades pueden fracasar «como consecuencia de la exigencia imposible de que exista una coincidencia de intereses, así como del intento fallido de encontrarse en el otro», señala la filósofa americana Annette Baier.

También ocurre que el grupo familiar o profesional se impone al grupo de amistades. El hecho de evolucionar no tiene por qué constituir un problema fundamental en sí mismo. La cuestión principal es cómo mantener el vínculo, sin convertirnos en unos extraños. «Irse de vacaciones juntos, hacer deporte, salir, y, por supuesto, celebrar los cumpleaños», asegura Stéphane Clerget. Si no, el vínculo se debilita.

Amistad y pasión

Al igual que en el amor, en la amistad también puede haber flechazos. «Con Marina lo compartía todo, ya fueran penas de amor o grandes alegrías. Una niñera que no se presentaba, una infidelidad, y la otra acudía al instante», rememora Dolores, 40 años. En esos casos, tenemos la impresión de que hemos descubierto a nuestro doble. «Esa fascinación mutua es muy reconfortante, te sientes más fuerte», precisa Stéphane Clerget.

En realidad, estas relaciones basadas en la fusión penden de un hilo. Un simple desacuerdo en un momento X puede transformarse en traición... En cuanto a Dolores: «Cuando Marina se divorció empezamos a pasar mucho tiempo con mi marido, para apoyarla. No podía soportar su femineidad exacerbada. Mi admiración se transformó en celos...». Entonces, al cortar los vínculos, solemos hacerlo de forma impulsiva y suele provocar un alto grado de incomprensión.

¿Cómo reponerse en 3 pasos?

A continuación te damos tres consejos para que te recuperes de la ruptura de una amistad:

Aceptarlo

Una etapa tan delicada como la pérdida de un amigo no está reconocida socialmente. Sufrir por un corazón roto es aceptable, pero no por amistad. «Pero no se debe trivializar el impacto de la ruptura, ni restarle importancia», aconseja Stéphane Clerget. Asegúrate de que tu dolor se tiene en cuenta. Compártelo con algún allegado, transforma tu dolor. ¡Escribe, baila! Nuestra sociedad se siente incómoda con la tristeza y hay que apresurarse a pasar página. ¡Cada uno a su ritmo!

No hay que tirarlo todo

La tentación de desprenderse de todo suele ser muy grande. «Pero eso implicaría borrar toda una parte de tu vida», previene Stéphane Clerget. Cuando haya pasado algún tiempo, te alegrará haber conservado las fotos, los regalos, los buenos y malos momentos... La amistad es un proceso vivo que, por definición, evoluciona. La prudencia nos aconseja que aceptemos los cambios que hemos visto en el otro. Intenta, en la medida de lo posible, no quedarte solo con el final de la historia; así estarás en condiciones de encontrar directamente una nueva amistad.

Escapa del sentimiento de fracaso

El sentimiento de fracaso es casi inherente a la ruptura. Pero, por una parte, no olvides que la amistad es cosa de dos. El hecho de que no lo hayas visto venir, no te hace enteramente responsable. Por otra parte, toda ruptura tiene sentido. Intentar descubrir la causa es legítimo, pero no siempre resulta satisfactorio. «En nombre de la amistad puedes pedir explicaciones, aunque no siempre te serán dadas. Si obtienes una explicación, puede que incluso te parezca descabellada», señala la psiquiatra infantil. No significa que te hayas equivocado, simplemente se cierra un capítulo... ¡antes de que se abra otro!

C. Maillard

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