¡Viva el parloteo!

Charlar con la vecina, con el portero, con el peluquero… Hablar de todo y de nada, del tiempo, de las vacaciones o de la crisis. Pueden parecer conversaciones insustanciales, pero en realidad ¡son esenciales! La “cháchara” nos permite evadirnos de lo cotidiano y establecer contacto con los otros. Por otra parte, cuando las confidencias van más allá, formular las preocupaciones o las contrariedades nos ayuda a relativizarlas, y eso alivia. De hecho, en opinión de Marie Haddou, psicóloga clínica y autora de Avoir confiance en soi (Tener confianza en sí mismo), "charlar permite reducir la tensión nerviosa". "Hablar evita que somaticemos, porque las emociones (positivas o negativas, tristes o alegres) se expresan, en lugar de quedar reprimidas en nuestro interior. El hecho de que las mujeres hablen más explica que sean menos violentas que los hombres y que sean ¡menos numerosas tras los barrotes!".

Una verdadera terapia

Prácticamente todas las psicoterapias se valen de la palabra, que permite expresar cualquier cosa sin necesidad de pasar al acto. Con ayuda de un profesional la palabra resulta liberadora y se convierte en elemento de intercambio y comunicación. Pero uno amigo íntimo ¡también puede servir de terapeuta! Algunos profesionales incluso se ocupan de nuestro cuerpo mientras les contamos nuestras preocupaciones. Peluqueros, esteticistas, pedicuras o masajistas son depositarios de muchas confidencias, ¡masculinas y femeninas!

En el día a día no hablamos, intercambiamos informaciones prácticas. Sin embargo, hay que recobrar el gusto por la simple conversación, sobre todo con los hijos. Una vez que han terminado los deberes y recogido su habitación, ¿qué tal regalarles un poco de charla ligera? A los niños les encanta "cotorrear" y a menudo aprovechan estos ratos privilegiados para hablar con sus padres acerca de lo que les preocupa. De manera que ¡apaga la tele mientras cenáis!

En el trabajo, charlar es un arma excelente contra el estréso los cambios. Es conversando frente a la máquina de café cuando solemos enteramos de que se ha liberado un puesto en un área determinada de la empresa, que ésta va a fusionarse, etc. Eso sí, nada de propagar rumores que se nos pueden volver en contra.

Tampoco hay que descuidar la conversación con el cónyuge. A fuerza de repetirse que él o ella no escucha, la parejas terminan no hablando de nada. No dudes en hablar con la dependienta mientras te cobra o con un vecino mientras esperáis el ascensor. Hacerlo no cuesta nada y la espontaneidad ¡siempre es agradable!

I. Delaleu

Otros contenidos del dosier: Relaciones sociales

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