¿Son seguros a nivel gástrico los antiinflamatorios que utilizamos normalmente?

Los antiinflamatorios y el estómago

El motivo de este aumento de riesgo es bien sencillo: Existen unas moléculas en el cuerpo, denominadas prostaglandinas, que son muy importantes en determinados procesos fisiológicos:

  • En el mantenimiento de la circulación renal
  • En “montar” la mucosa que defiende al estómago de la agresión por parte de bacterias o del propio ácido
  • En el control de la cantidad de sodio que hay en el cuerpo (estrechamente relacionado, a su vez, con los niveles de tensión arterial de la persona)…

Pero además, las prostaglandinas son las que “dirigen” el proceso inflamatorio: Allí donde haya una inflamación, encontraremos gran cantidad de ellas.

Los antiinflamatorios actúan contra las prostaglandinas

De hecho, su mecanismo de acción, de cara a conseguir disminuir el proceso inflamatorio, se basa sobre todo en inhibir el efecto llamada al resto de células y partículas inflamatorias que ejercen las prostaglandinas. Por tanto, y en esencia, con la toma de un antiinflamatorio, disminuimos los niveles de prostaglandinas en el foco de la inflamación.

… pero también a nivel de la mucosa gástrica

Como hemos visto, las prostaglandinas son las encargadas, en cierta medida, de preparar la pared mucosa gástrica para hacerla resistente al paso del ácido, y a la presencia de bacterias (como el célebre Helicobacter pylori). Y si son inhibidas, el riesgo de aparición de alguna herida a ese nivel (erosión o úlcera) aumenta de forma importante. De ahí nuestra reticencia a dar antiinflamatorios de forma crónica.

El riesgo no es siempre el mismo…

El riesgo de padecer una lesión sangrante a nivel de la mucosa gástrica, además, está en función del antiinflamatorio en cuestión (los hay más seguros y menos), de la dosis administrada, y del tiempo durante el que se toma dicho fármaco.

Pero no sólo depende del medicamento

También son factores a tener en cuenta, y que aumentan de forma importante este riesgo, los siguientes:

  • Las enfermedades crónicas que padezca la persona, que pueden hacer más fácil o menos la lesión de la mucosa gástrica por parte de los antiinflamatorios. Los pacientes con insuficiencia cardíaca, por ejemplo, debido a sus problemas de aporte sanguíneo a nivel general, tienen más riesgo de aparición de lesiones por este motivo.
  • El hecho de tomar otros medicamentos considerados como gastrolesivos (esto es, capaces de dañar la mucosa gástrica). Entre ellos, por su frecuencia de uso, destaca la cortisona (corticoides), los anticoagulantes orales (el popular Sintrom), y la propia aspirina (ácido acetilsalicílico) administrada a dosis de protección de trombosis (no como antiinflamatoria).
  • La edad avanzada también es un factor de riesgo que ha de hacernos plantear la conveniencia o no de administrar un antiinflamatorio a una persona. La edad límite podrían ser los 65 años.
  • Haber padecido anteriormente alguna úlcera, o bien algún sangrado digestivo, también se considera factor de riesgo para volver a sufrirlo.

La hemorragia digestiva alta y la perforación, los riesgos más temidos

Estudios que se han realizado a tal efecto han llegado a la conclusión que el hecho de tomar algún antiinflamatorio, sea el que sea, aumenta el riesgo de padecer una hemorragia digestiva o una perforación, hasta por cuatro. Estamos hablando de dos situaciones de riesgo vital importante, que merecen ser consideradas si nos planteamos tomar algún antiinflamatorio por un dolor corporal concreto.

De todas formas, no todos los antiinflamatorios son igual de “dañinos”; de hecho, podemos dividirlos en varios grupos, si atendemos al riesgo de hemorragia digestiva tras la toma de un antiinflamatorio:

El que menor riesgo comporta es el ibuprofeno

¡Ojo! Esto no quiere decir que se pueda tomar cada día durante meses seguidos, o incluso años. Ha de quedar claro que también el ibuprofeno comporta riesgo de hemorragia digestiva, si bien es menor a la del resto de AINEs.

Otros muy conocidos, tienen un riesgo intermedio

El diclofenaco, otro antiinflamatorio muy utilizado, estaría dentro del grupo de los que conllevan un riesgo intermedio. El naproxeno también estaría aquí situado. El aceclofenaco también estaría dentro de este grupo; pero no tiene demasiados estudios de gran tamaño que avalen esta aseveración.

Los famosos COX-2

Un grupo que ha estado en el ojo del huracán desde su comercialización es el de los inhibidores selectivos de la ciclooxigenasa 2 (o COX-2, tal y como son conocidos por los sanitarios). Los pueden reconocer porque el principio activo acaba con el sufijo –coxib. Inicialmente, hace ya más de una década, salieron al mercado con la vitola de ser menos lesivos a nivel gástrico que el resto de antiinflamatorios; y el motivo es que, al ser selectivos para la ciclooxigenasa 2, que es la que está en los procesos inflamatorios, pero no en la pared del estómago, teóricamente debían generar menos problemas en este sentido; pero años después podemos decir que, según los datos revisados, el hecho de ser selectivos para este enzima, no está asociado a un menor daño gastrointestinal.

La omnipresente aspirina

El Ácido Acetilsalicílico (AAS o aspirina) conforma un punto aparte dentro de este grupo. A dosis altas (500-1000 mg) tiene un efecto antiinflamatorio. Pero muchas personas la toman a dosis bajas (75-300mg) como prevención de un infarto o un ictus (generalmente, aquellas personas que ya han padecido uno de esos cuadros anteriormente). Incluso en esos casos (dosis bajas) se ha visto que el riesgo de hemorragia digestiva está aumentado en 2-3 veces. Muchos de ellos, por dicho motivo, llevan asociada a la toma de AAS, un protector gástrico (omeprazol, generalmente).

El grupo de los antiinflamatorios más lesivos

Entre los que son especialmente lesivos sobre la mucosa gástrica, destacan los que llevan el sufijo –xicam (piroxicam y tenoxicam). El piroxicam, incluso, se ha calculado que comporta un aumento del riesgo superior en un 50 a un 100% respecto al resto de antiinflamatorios.

Un antiinflamatorio que tiene su rincón propio

La indometacina es un medicamento muy utilizado en determinadas enfermedades articulares que dan lugar a un proceso inflamatorio bastante doloroso (enfermedades del ámbito reumatológico, como la artritis y la gota, por ejemplo). Su riesgo de hemorragia digestiva alta está catalogado como moderado-alto.

Por otra parte, y aunque nos salimos propiamente de la finalidad del artículo, suele dar lugar a más episodios de cefalea que el resto de antiinflamatorios.

 

Fuente: “Bases científiques emprades en l’elaboració de l’estàndard de qualitat de prescripción farmacèutica de Medicina Familiar i Comunitària 2011” del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya.

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