Las resistencias a los antibióticos

También conocidos como “balas mágicas” (término usado por Ehrlich, descubridor del primer antibiótico para tratar la sífilis), los antibióticos se diferencian de otros medicamentos que podemos encontrar en la farmacia en que su objetivo no es afectar directamente nuestro cuerpo, sino que se utilizan para atacar a las bacterias causantes de las infecciones tratando de afectar lo mínimo posible a su huésped (el paciente).

Consecuencias del uso irresponsable de los antibióticos: las resistencias

Aunque los antibióticos son medicamentos que requieren receta médica, alrededor de un 30% de su consumo en España se realiza sin que el tratamiento haya sido indicado por el médico, estando entre los tres países europeos de mayor consumo de antibióticos por automedicación. Es importante que un antibiótico sea recetado por un facultativo, ya que no siempre es necesario ni eficaz, utilizándose en muchos casos para tratar infecciones víricas que no requieren ni responden al tratamiento con antibióticos.

Una consecuencia de este mal uso, es que España es uno de los países con mayor porcentaje de cepas bacterianas resistentes. A modo ilustrativo el 60% de las cepas invasivas de Escherichia Coli, bacteria normalmente poco agresiva afectando a infecciones leves urinarias y/o gastrointestinales, pero hoy día de actualidad por las infecciones causadas por una cepa más agresiva responsable de algunas muertes en Alemania, son resistentes a la ampilicina. Algunas de estas cepas, sobre todo si se adquieren en un entorno hospitalario, serán resistentes también a otros antibióticos (la famosa cepa de Escherichia Coli es resistente a 8 antibióticos diferentes).

Hoy en día si no respondemos a un tratamiento con antibióticos, podemos estar ante una cepa resistente (que obligaría a cambiar el antibiótico) o ante una infección vírica (para la que no serviría ningún antibiótico).

Abuso de antibióticos en la alimentación de los animales de granja

Aunque muy discutido por sus opositores, en muchos lugares se añaden antibióticos a los alimentos del ganado ya que proporcionan un aumento de peso a los animales. Entre otras razones, el uso de antibióticos en la alimentación vacuna parece promover una disminución en el grosor del intestino animal, mejorando como consecuencia la absorción de alimentos e incrementando el peso.

Los opositores de esta práctica indican que conduce a la resistencia a los antibióticos, incluyendo en bacterias que infectan a los humanos, como los géneros Salmonella, Campylobacter, Escherichia coli y Enterococcus.  Pero aún así se continúa y por ejemplo, en Estados Unidos se estima que más de un 70% de los antibióticos consumidos son de uso veterinario, administrándose con los piensos a gallinas, cerdos y ganado vacuno. Esto ha llevado a la FDA (la agencia de medicamentos y alimentos estadounidense) a  prohibir el uso de antibióticos como la enroflaxina, de uso veterinario, por causar la aparición de resistencia a bacterias como el género Campylobacter.

¿Qué nos depara el futuro?

Para combatir las resistencias generadas por la selección natural entre las bacterias supervivientes a los antibióticos debemos utilizar los antibióticos solo bajo prescripción médica y siempre acabar los tratamientos aunque hayan desparecido los síntomas. Es decir que debemos matar hasta la última bacteria para evitar que las más resistentes al tratamiento escapen, infectando a otro huésped, y siendo un poco más resistentes con cada paciente y cada tratamiento, hasta poder desarrollar inmunidad a ese antibiótico concreto que transmitirán a sucesivas generaciones de bacterias.

Otra forma de evitar que se termine nuestro arsenal terapéutico es no parar de investigar para preparar las nuevas generaciones de antibióticos contra las bacterias resistentes a los antiguos tratamientos. El número de antibióticos conocidos se ha multiplicado por 20 en los últimos 30 años, aunque no todas estas moléculas acaben en el mercado (el desarrollo farmacéutico de cada uno puede llegar a costar unos mil millones de euros). Por tanto podemos esperar recambios en el futuro, aunque no es la única vía de investigación existente, también se están investigando medicamentos para alterar la resistencia bacteriana y la posibilidad de utilizar virus bacteriofagos para que ataquen a las bacterias directamente en nuestro cuerpo.

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