Neurolépticos: cuando dejar un medicamento puede traer la locura

El tratamiento con antipsicóticos reduce el número de pacientes hospitalizados por causa de enfermedades mentales. Además, mejora de manera sustancial algunos de los síntomas de la esquizofrenia, facilita la rehabilitación individual y comunitaria de quienes padecen alguna enfermedad mental, permite al enfermo pensar con más claridad y relacionarse mejor con su entorno, y reduce el número de recaídas. Pero tiene unas limitaciones evidentes. Por un lado, en la mayoría de los casos continúan las recaídas a pesar de que se mantiene el tratamiento, algunos pacientes presentan síntomas que no responden a la medicación y hay aspectos de la conducta que no mejoran. Por otro lado pueden producirse reacciones adversas que complican o perturban la vida del enfermo, y en ocasiones lo incitan a abandonar el tratamiento sin supervisión médica.

¿Cómo tratar las psicosis?

La psicosis es un trastorno cualitativo de la personalidad, global y por lo general grave, en el que el enfermo psicótico no es consciente de su enfermedad y/o no efectúa una crítica de ella. Los ejemplos más comunes de psicosis son la esquizofrenia y sus muchas variantes, pero existen otras muchas enfermedades mentales para las que los neurolépticos también son eficaces. Las psicosis se tratan hoy día con una intervención multidisciplinaria que combina el tratamiento farmacológico (antipsicóticos) con las terapias psicológicas sobre el enfermo y su entorno familiar. El enfermo necesita aprender a enfrentarse a su problema y su entorno, y los familiares, a adaptarse de una manera positiva y abierta a la situación que crea aquel. Por eso es indispensable establecer alguna forma de psicoterapia social e individual como tratamiento complementario a la medicación, siempre que se aplique con el mismo rigor científico con el que se aplica un medicamento.

Tipos de antipsicóticos

Los antipsicóticos se clasifican en dos grupos o generaciones, dependiendo de la fecha en que se descubrieron y de sus efectos secundarios: los antipsicóticos típicos, que se descubrieron en la década de 1950, y los atípicos, descubiertos más tarde pero cuyo uso se ha extendido en la actualidad, dado su mejor perfil de efectos secundarios motores. Ambos tipos tienden a bloquear los receptores de la vía de la dopamina en el cerebro. Entre sus efectos secundarios adversos se cuentan los siguientes: ganancia de peso, agranulocitosis, discinesia y acatisia tardía.

Si se producen una respuesta insuficiente o una reacción adversa, debe consultar a su médico para que este determine la conveniencia de cambiar el tratamiento. Tenga en cuenta que los antipsicóticos engloban un grupo de medicamentos bastante amplio, y que si el que le han recetado no genera la respuesta apropiada o no es bien tolerado, el médico puede recetarle otro. Hay que tener siempre en cuenta que deben retirarse de forma gradual, para evitar que el paciente se quede sin tratamiento y/o se produzcan determinados efectos secundarios (o su exacerbación) derivados de un abandono brusco.

Reacciones extrapiramidales

Los efectos secundarios más graves y frecuentes en los antipsicóticos de primera generación son las reacciones extrapiramidales. Unas son agudas, generalmente por sobredosis, como los síndromes parkinsoniano y discinético, o la acatisia. Otras pueden aparecer en el curso del tratamiento crónico, como la discinesia tardía.

El síndrome parkinsoniano (que se caracteriza por temblores, marcha festinante, salivación, rigidez y facie inexpresiva) puede estar originado por la enfermedad psicótica; de ahí la necesidad de consultar con un especialista antes de considerarlo un efecto adverso de los antipsicóticos. 
Las distonías agudas (contracciones clónicas de músculos de la cara, movimientos oculares anormales y trastornos de la fonación) y la acatisia (movilidad constante de los miembros inferiores, lo que determina que el paciente deba caminar para atenuar las molestias) suelen disminuir con la reducción de las dosis o con un cambio de tratamiento.

La discinesia tardía (que consiste en movimientos bucolinguofaciales, así como movimientos coreicos del cuello, tronco o extremidades, cuya intensidad y combinaciones son muy variables) puede aparecer tras varios meses o años de tratamiento. A diferencia de las reacciones anteriormente descritas, empeora cuando se reducen las dosis de neurolépticos, se se trata de suspender el tratamiento o se añaden fármacos antocolinérgicos, y mejora de manera temporal cuando se incrementan aquellas. La supresión total del antipsicótico agrava la alteración, por lo que se recomienda mantenerlo en dosis mínimas.

En todos los casos, cualquier posible cambio o modulación del tratamiento (normalmente por un antipsicótico atípico) debe realizarse con supervisión médica, ya que la gravedad de la enfermedad subyacente y la poca conciencia que el paciente puede tener de esta hacen que el mantenimiento riguroso del tratamiento sea una parte esencial de toda terapia antipsicótica.

Otros contenidos del dosier: Psicótropos

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