Los ansiolíticos, el tratamiento de la ansiedad

¿Ansiolíticos o tranquilizantes?

Los ansiolíticos o tranquilizantes menores son, como su propio nombre indica, substancias destinadas a combatir la ansiedad y el estrés. El término tranquilizante es un poco excesivo, ya que calman la ansiedad, pero no atontan. En efecto, son sedantes pero con una dosis mayor que los somníferos.
Con una dosis normal, se corre el riesgo de provocar una somnolencia que les hace incompatibles con la conducción de un vehículo o manipulación de máquinas eléctricas de precisión. Al igual que los somníferos, si el tratamiento es de larga duración, puede provocar una dependencia.

Sea cual sea el caso, estos medicamentos (aunque pueden ser de gran ayuda en un momento puntual) nunca se deben utilizar a largo plazo.
Si el tratamiento que el médico te ha recetado resulta ser insuficiente para eliminar los síntomas de ansiedad, se aconseja que el paciente tenga en cuenta otras posibilidades, como una terapia comportamental, una psicoterapia, relajación o, según el caso, un antidepresivo.

Los distintos tipos de ansiolíticos

Principalmente encontramos las benzodiacepinas y un derivado cercano (la etifoxina o STRESAM ®). Entre ellos, está el famoso LEXATIN ®, el  VALIUM ® e incluso el RIVOTRIL ®, que no está clasificado entre las benzodiacepinas ansiolíticas pero puede utilizarse igualmente.
Esos medicamentos son los ansiolíticos más conocidos y utilizados, ya que sus efectos son rápidos y, además, también alivian la tensión ansiosa, ya sea física o psíquica. Los efectos secundarios son relativamente frecuentes: somnolencia, trastornos del equilibrio, de la memoria y, sobre todo, un riesgo importante de dependencia si su uso se prolonga más de 12 semanas.
El seguimiento médico es fundamental y se recomienda consultar al médico que recetó el tratamiento al menos una vez al mes. Si la ansiedad persiste, existen otras soluciones, ya que las benzodiacepinas no tratan el problema de raíz.

Hay ciertos ansiolíticos que no forman parte de la familia de las benzodiacepinas, por ejemplo la hidroxicina (ATARAX ®). Es un ansiolítico de la familia de los antihistamínicos. Se puede utilizar para tratar la ansiedad y la alergia.
Además, sus efectos secundarios son parecidos a los de las benzodiacepinas: somnolencia, sequedad en la boca, estreñimiento, riesgo de bloqueo de la orina (sobre todo en caso de adenoma de próstata) y de glaucoma, trastornos de visión (dificultad de enfocar, sensibilidad a la luz) y trastornos del equilibrio en las personas de avanzada edad. Su principal ventaja es la ausencia de dependencia.
Entre los ansiolíticos no podemos olvidarnos de la buspirona (BUSPAR ®). Este último es menos utilizado por motivos bien distintos (tiene propiedades y efectos secundarios muy diferentes). En cualquier caso, es el médico quien debe evaluar qué medicamento conviene más a cada paciente.

También existen medicamentos que se utilizan como ansiolíticos pero que forman parte de otras familias. Los antidepresivos suelen tomarse para casos de ansiedad generalizada, para tratar trastornos obsesivos-compulsivos o para aliviar ciertas fobias. También pueden funcionar como substitutos de los ansiolíticos tradicionales.
Por último, los neurolépticos apenas se recetan para tratar la ansiedad porque su eficacia nunca se ha demostrado. Sin embargo, es preferible evitar esta clase de medicamentos por sus efectos secundarios.

¿Cómo funciona el tratamiento?

Es imprescindible acudir al médico de cabecera o al psiquiatra. Será él quién te recete un tratamiento ansiolítico. Si eres susceptible a sus efectos secundarios, los notarás, en general, muy rápido y quizá sea necesario ajustar la posología del tratamiento para potenciar los efectos sobre la ansiedad y limitar los efectos indeseables.
La mayoría de estos tratamientos no deberían exceder las 12 semanas. Ten cuidado durante la duración del tratamiento y, bajo ningún concepto, bebas alcohol. Cuidado también con la conducción y la manipulación de máquinas, ya que suele aparecer somnolencia. Y, sobre todo, no retomes el tratamiento sin una visita médica previa.

En términos generales, los ansiolíticos son tratamientos transitorios sintomáticos que no deben utilizarse a largo plazo. La ansiedad (si no se resuelve en unas pocas  semanas o si hace mucho tiempo que se padece) necesita una estrategia psicológica paralela: psicoterapia, terapia comportamental y cognitiva, relajación, sofrología… Muchos son los métodos que te ayudarán a salir de este círculo vicioso.
Por desgracia, los medicamentos no pueden resolver el problema por sí solo; tu médico te ayudará a superar el obstáculo para recuperar una actitud zen.

A. A. Epis de Fleurian

Fuente: Vademecum

Otros contenidos del dosier: Psicótropos

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