¿Por qué la vacuna de la gripe no te ha hecho efecto?

A finales de noviembre y a finales de enero se produce la mayor incidencia de gripe. Ocurre cada año. Son las semanas elegidas por el microorganismo causante para hacerse fuerte y provocar la molesta enfermedad en millones de personas.

La gripe no es una dolencia seria, a no ser por las bajas laborales que se producen a causa de ella (lo cual provoca pérdidas económicas), aunque las personas con un sistema inmunitario debilitado o una enfermedad crónica sí deben tener especial cuidado porque el virus de la gripe puede ocasionarles trastornos más serios afectando, sobre todo, a sus pulmones.

Desde hace más de cinco décadas se intenta disminuir esas consecuencias instando a la población –en especial a los mayores de 65 años, a las personas con dolencias crónicas y a los sanitarios– a vacunarse contra la gripe. Y son muchos los que acuden a esa llamada; pero no todos los que se vacunan dejarán de pasar el proceso gripal. Algunos de ellos lo sufrirán de todas maneras; y deberán permanecer entre 5 y 7 días en cama con dolores musculares, de cabeza, fiebre, escalofríos, tos y mucosidad. Estas son las causas que pueden provocar que la vacuna pierda eficacia o, incluso, que no funcione:

- Seguir un tratamiento con estatinas. Estos fármacos, muy recomendados (algunos aseguran que demasiado) para reducir el colesterol elevado y evitar la enfermedad cardiovascular, tienen un efecto inmunomodulador. Es decir, modifican la respuesta defensiva que nuestro organismo tiene frente a “agresores” externos. Por eso, cuando se inocula (se inyecta) una parte del virus (que es lo que se hace con la vacuna), el cuerpo puede responder sufriendo igualmente los síntomas. Ante eso, siempre conviene recordar al médico de familia que se toman esos medicamentos de manera habitual.

- Personas con sida. Si se padece esta enfermedad, provocada por el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida, se pueden sufrir complicaciones serias cuando ataca una gripe porque las células del organismo están debilitadas. Sin embargo, se da la paradoja de que cuando la dolencia está avanzada la vacuna puede no funcionar. En estos casos, se recomienda evitar la exposición y reducir cualquier tipo de riesgos para evitar el contagio de gripe.

- La cepa que circula no es la que lleva la vacuna. El virus que produce la gripe tiene una enorme capacidad para ir cambiando su estructura, es decir para mutar. Y es algo que los especialistas que desarrollan la vacuna tienen muy en cuenta. Por lo general, la vacuna se fabrica –bajo recomendaciones de la OMS– a partir de los primeros casos de gripe que se producen por estas fechas en Asia o bien con los casos habidos el año anterior. Y llevan tres cepas diferentes (dos del tipo A y una del tipo B), aunque a veces incluyen cuatro. Pero es posible que, como decimos, ese virus se modifique mientras tanto. En ese caso, la fórmula trabajada no sería exactamente igual al virus que ataca este año y nuestro organismo no estaría protegido, aunque algunos entendidos señalan que el anticuerpo que generamos al vacunarnos puede darnos una protección parcial frente al nuevo virus.

- La edad también influye. Una vez que se vacuna, la persona tiene –supuestamente– una protección de 6 meses. En ese tiempo no cogerá la gripe. Al menos, esa es la teoría porque no siempre ocurre. Se sabe que esta inmunización funciona mejor en jóvenes y en adultos sanos pero tiende a perder eficacia en ancianos, justo el sector de población más “debilitado” ante este tipo de virus.

- Y, por supuesto, el peso. Las personas que sufren obesidad o tienen un sobrepeso importante parecen estar más expuestas al virus de la gripe… incluso si se vacunan. Así lo han demostrado multitud de estudios, aunque no se sabe exactamente por qué esas condiciones deterioran la respuesta inmune (y los anticuerpos generados por la vacuna desaparecen poco después), pero se sospecha que puede ser porque las células que nos deben defender de ese tipo de virus, los linfocitos CD8, se debilitan si existen kilos de más. 

Un porcentaje de individuos que son vacunados pasarán la gripe justo después de esa protección. En muchos de esos casos, es una reacción del organismo, que responde así –con los síntomas gripales– a la entrada de ese microorganismo para generar anticuerpos.

Vale la pena recordar un dato más: solo tres de cada diez sanitarios se vacunan. Ellos son uno de los grupos de riesgo y, sin embargo, solo el 30% decide inocularse el virus debilitado. ¿Será que tampoco confían demasiado en esa profilaxis? Por otro lado, parece ser que los virus están mutando cada vez más a mayor rapidez. Ante eso, no hay posibilidad de acertar con la vacuna.

Documentación:

“Influence of Statins on Inluenza Vaccine. Response in Elderly Individuals”. Steven Black et al. The Journal of Infectious Diseases

“InXX”. forx

“HIV/AIDS ant the Flu”. Centers for Disease Control and Prevention. USA

“Vpu-Deficient HIV Strains Stimulate Innate Immune Signaling Responses in Target Cells”. Brian P. Doehle et al. Journal of Virology

“Obesity is associated with impaired immune response to influenza vaccination in humans”. P.A. Sheridan et al. International Journal of Obesity

Otros contenidos del dosier: Vacunas

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