La dependencia a los medicamentos en 10 preguntas

Como con toda adicción, la dependencia a los medicamentos provoca síntomas de abstinencia y una pérdida de control de la conducta que obliga a seguir consumiéndolos. Los doctores Maurice Dematteis, especialista en adicciones y farmacólogo, y Michel Mallaret, farmacólogo y responsable del Centro de Evaluación e Información sobre Famacodependencia (Grenoble, Francia), repasan este tema.

¿Qué es la dependencia a los medicamentos?

La dependencia a los medicamentos consiste en una dependencia física que se traduce en una necesidad imperiosa de consumirlos para sentir placer o aliviar un dolor. Lo que marca que existe una adicción a un medicamento es el uso que se hace de él, con una pérdida de control: consumo de manera compulsiva, sean cuales sean las consecuencias, aunque ello comporte sufrimiento psíquico o incluso físico.
La vida de la persona gira en torno a la obtención y el consumo de esa sustancia. Algunos medicamentos favorecen ese fenómeno de “tolerancia” o “acostumbramiento”: el organismo se habitúa a él y se hace necesario aumentar las dosis para obtener el efecto deseado.

¿Cuáles son los medicamentos más susceptibles de provocar una dependencia?

Los medicamentos psicotrópicos –en particular las benzodiazepinas–, que generalmente se utilizan como ansiolíticos e hipnóticos, los derivados de la morfina, prescritos como analgésicos (codeína, tramadol y derivados morfínicos fuertes) y los tratamientos de sustitución de los opiáceos.
El nefopam (analgésico no morfínico) y los medicamentos psicoestimulantes como el metilfenidato (una anfetamina) o el modafinil inducen a la dependencia psíquica. Algunos medicamentos antihistamínicos, antidepresivos, antimigrañosos, antiparkinsonianos, broncodilatadores o corticoides también pueden ser objeto de abusos y dependencias.
Finalmente, no hay que olvidar los medicamentos que se venden sin receta médica: los analgésicos y los antitusígenos codeínicos, los antitusígenos con dextrometorfano, los descongestivos nasales con pseudoefedrina y los antihistamínicos.

¿Cuáles son los síntomas de la dependencia física?

Aparecen cuando se suspenden o disminuyen la dosis de las benzodiazepinas o de los derivados morfínicos. Los síntomas pueden aparecer al cabo de unos días, a veces un poco más, según los medicamentos y lo que dure su efecto.

  • Las benzodiazepinas son esencialmente utilizadas como ansiolíticos y o hipnóticos, pero también como antiepilépticos o relajantes musculares. La abstinencia produce ansiedad, insomnio e incluso crisis epilépticas bajo la forma de convulsiones muy peligrosas.
  • Las morfinas, que producen un efecto analgésico, se conocen por favorecen el estreñimiento y bloquear los sistemas biológicos del estrés. La abstinencia, en consecuencia, produce dolores difusos, diarrea, sensación de frío-calor, secreciones nasales, palpitaciones, elevación de la tensión arterial, etc.

¿Cómo se manifiesta la dependencia psíquica?

La dependencia psíquica consiste en una modificación en el funcionamiento de ciertos circuitos cerebrales, sobre todo en una sensibilización de las neuronas asociadas al placer y a la recompensa. La abstinencia del medicamento produce un estado inverso: carencia, malestar, ansiedad, sensación de vacío o cierta depresión. Todos esos estados pueden llevar a consumir la droga de nuevo, más aún cuando otras modificaciones cerebrales favorecen el consumo compulsivo y la pérdida de control.
La dependencia psíquica comporta también una dimensión conductual. El consumo de medicamentos se ve favorecido por el contexto y por ciertos hábitos (reflejo de Pavlov). El medicamento puede consumirse, de manera muy ritualizada, por el placer o el alivio que produce. Las tomas se repiten varias veces al día; otras veces se reducen pero se toman de golpe, por la noche sobre todo. El aspecto conductual favorece las recaídas, incluso años después de haber suspendido el medicamento, cuando un contexto particular reactiva el recuerdo.

¿Hay personas con un mayor riesgo de desarrollar una dependencia farmacológica?

Sí. Esta susceptibilidad viene de una susceptibilidad genética. Así, el riesgo de desarrollar una dependencia farmacológica es mayor si existen antecedentes familiares de dependencia o si ya se sufre una adicción a un producto (alcohol, tabaco, drogas, etc.) o, por ejemplo, al juego. Algunos temperamentos, rasgos de personalidad y enfermedades psiquiátricas facilitan el consumo de medicamentos y el desarrollo de una dependencia.
El ambiente también influye. Un contexto estresante favorece el inicio del consumo, su repetición y las recaídas. Existen profesiones que, por sus características, llevan a una mayor exposición (viajes, trabajo nocturno, búsqueda de rendimiento, etc.) o simplemente facilitan su obtención (ámbito médico).

¿Qué riesgos lleva aparejada la dependencia farmacológica?

Como con cualquier adicción, la vida puede estar centrada en la búsqueda y el consumo de un medicamento, con un abandono progresivo de otras actividades y un riesgo de aislamiento.
Más específicamente, ciertos medicamentos impactan en la actitud profesional y en la conducta frente al volante, lo que puede provocar más accidentes. El aumento de las dosis puede desembocar en una sobredosis potencialmente mortal, sobre todo si también se consumen otras sustancias, como el alcohol u otros medicamentos.
También pueden darse episodios de sobreconsumo, responsables de intoxicaciones farmacológicas voluntarias, sin intención de muerte pero que pueden causarla.
Los descongestivos nasales, que se consumen de manera abusiva por sus efectos psicoestimulantes, tienen consecuencias vasculares (vasocontricción). En caso de sobredosis pueden causar hipertensión arterial, un accidente cerebrovascular o un infarto de miocardio. Los medicamentos que contengan codeína y paracetamol son tóxicos, porque este puede inducir la aparición de una hepatitis que sería mortal en caso de sobredosis.
Algunos psicotrópicos pueden causar estados de confusión y favorecer la aparición o el agravamiento de problemas psiquiátricos; pueden igualmente propiciar la aparición de conductas agresivas contra uno mismo (suicidio) y contra el entorno.
Sin embargo, el riesgo no está solo relacionado con la sobredosis. Cuando el organismo ha desarrollado una dependencia física, la ausencia de medicamentos expone a un síndrome de abstinencia, potencialmente mortal en el caso de las benzodiazepinas (convulsiones) y muy doloroso y estresante en el de los derivados morfínicos.

¿Hay maneras de evitar estas adicciones?

Cuando los enfermos compran medicamentos sin receta, deben preguntar al farmacéutico y saber que algunos provocan adicciones. En estos casos hay que evitar el consumo prolongado y respetar las dosis recomendadas.
En cuanto a los medicamentos con receta, el uso de ansiolíticos e hipnóticos no debe ser automático, ya que producen un efecto muy rápido pero potencialmente efímero si las dosis son constantes. Esto es resultado del fenómeno de tolerancia, es decir, de acostumbramiento. Por otro lado, estas sustancias solo curan el síntoma. Un tratamiento completo debe abordar las causas de la ansiedad o el insomnio. Si el médico decide prescribir estos medicamentos, debe hacerlo por un tiempo muy determinado y verificar que la suspensión del tratamiento se haga de manera progresiva.
Ocurre lo mismo con los derivados morfínicos. Cuando el consumo prolongado de estos medicamentos es legítimo, por ejemplo en el caso de pacientes con dolor crónico, el riesgo de adicción es bajo. Pero si el paciente se ve obligado a aumentar las dosis de manera repetida porque sigue sintiendo el dolor, eso indica que el tratamiento no está siendo efectivo y hay que reevaluarlo.

¿Es posible reconocer a una víctima de una adicción farmacológica?

Algunos de sus comportamientos pueden alertar, por ejemplo, que se automedique de manera excesiva, que sienta malestar tras la última toma del medicamento o que tenga dificultad para controlar el consumo, ingiriendo dosis superiores a las recomendadas o prescritas.
La persona que desarrolla una dependencia puede parecer insistente a la hora de querer obtener sus medicamentos: puede consultar a varios médicos para multiplicar las recetas, recurrir a su entorno o al mercado negro. Por miedo a que le falte, siempre lleva dosis de reserva consigo, en el bolso, en el coche, etc.
Dado que el problema puede enmarcarse dentro de un problema adictivo más global, es importante verificar que la persona no sea adicta a otras sustancias, como el alcohol o el cánnabis.

¿Cómo actuar en caso de una dependencia reconocida?

Algunos pacientes logran desintoxicarse solos, pero hacerlo implica riesgos, sobre todo si padece una adicción a las benzodiazepinas, cuya suspensión abrupta puede desencadenar crisis de epilepsia, incluso en personas que nunca las hayan sufrido. Para limitar los efectos de la abstinencia, es necesario proceder paulatinamente.
Como indicábamos en la pregunta número cuatro, la dependencia psíquica afecta a la conducta. Es importante comprender en qué contexto se da el consumo para poder prevenir las recaídas. En esos casos es importante que haya un acompañamiento tanto médico como psicológico, para evitar las complicaciones de la desintoxicación y las recaídas.

¿Cómo transcurre la desintoxicación?

Primero, debe ser planificada e, idealmente, tener lugar en un momento favorable. Puede ser más o menos rápida, requerir consultas u hospitalización. Todo depende de los medicamentos que se consuman, de las dosis, de si se consumen otros productos y del riesgo médico. Este es más elevado en una persona que ya haya tenido convulsiones o que presente riesgo cardiovascular. También hay que tener en cuenta el contexto social, familiar, etc.
El cuerpo médico y el entorno deben estar atentos a un posible consumo de otras sustancias (alcohol, drogas, etc.), así como al riesgo de agravamiento de una enfermedad psiquiátrica.
Existen tratamientos para disminuir el malestar y las complicaciones eventuales de la desintoxicación. El resto del tratamiento, más largo, está dirigido a minimizar el riesgo de recaídas, permitiendo que la persona comprenda cómo se ha desarrollado su dependencia y ayudándole a implementar nuevos hábitos (gestión del estrés, mejor estilo de vida…). Como con cualquier otro tipo de adicción, la dependencia farmacológica requiere de un tratamiento global.
A. Plessis

Otros contenidos del dosier: Lo esencial sobre los medicamentos

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