La verdad sobre el efecto placebo: cuándo y cómo funciona

Aunque un placebo no pueda, en ningún caso, eliminar enfermedades, las investigaciones han revelado que los placebos son útiles ocasionalmente en el alivio de algunas dolencias. Los estudios han revelado que en ciertos casos de párkinson, dolor crónico, problemas estomacales, depresión, ansiedad o ciertos tipos de asma, el uso de placebos tiene un efecto positivo en los pacientes.

Lo que muestran los estudios sobre los placebos

La importancia del cerebro en el proceso curativo y la relevancia de la actitud en el éxito de los tratamientos han sido investigadas y probadas por los científicos, aunque aún queda mucho por conocer sobre estos procesos. Varios estudios llevados a cabo por el departamento de Salud Pública de la Universidad de Yale han señalado que las personas mayores que aceptan mejor el proceso de envejecimiento tienen más posibilidades de superar enfermedades o recuperarse de algún grado de discapacidad.

En el caso del párkinson, por ejemplo, la dolencia está relacionada con una deficiencia crónica de dopamina, una de las sustancias químicas del cerebro que ayuda a controlar el movimiento muscular. Otro de los papeles importantes de la dopamina es el procesamiento de recompensas, es decir, cómo recibimos las expectativas. Esas expectativas son las que impulsan los placebos y la dopamina es, precisamente, un producto químico que responde muy bien a esta situación, liberándose de forma natural al recibir el placebo.

En la década de 1970, dos neurocientíficos en San Francisco estudiaron cómo los químicos internos controlan el dolor. Durante un experimento con pacientes a los que acababan de sacar las muelas del juicio, descubrieron que en los individuos a los que se les aplicaba el placebo, la expectativa de alivio por sí misma desencadenaba la liberación de endorfinas que reducían el dolor.

Investigaciones posteriores han señalado que las sensaciones normales de dolor comienzan en el foco del dolor y viajan en una fracción de segundo por la columna vertebral hasta una red de áreas cerebrales que reconocen la sensación como dolor. La respuesta del placebo viaja en la dirección opuesta, comenzando en el cerebro. Una expectativa de curación en la corteza prefrontal envía señales a partes del tronco encefálico, que crea opioides y los libera a la médula espinal. El proceso no es tanto una ilusión de alivio, sino una automedicación a base de sustancias naturales.

Placebos que funcionan sabiendo que son placebos

Curiosamente, las investigaciones demuestran que los placebos pueden funcionar incluso cuando la persona que los toma sabe que son sólo placebos. La Escuela de Medicina de Harvard realizó un estudio con personas con síndrome de intestino irritable, cuyos resultados señalaron que los pacientes que recibían placebos se sentían mucho mejor que los que no tomaban nada. Dichos pacientes habían sido informados de antemano (y se les recordó después) que no estaban tomando fármacos reales.

Los pacientes fueron informados sobre el poder de los placebos y la actitud positiva. Se les explicó que los placebos habían sido verificados como efectivos en rigurosas pruebas clínicas, al inducir procesos curativos significativos. Asimismo, se les indicó que tomaran las píldoras de manera regular en las dosis recomendadas.

Esto demuestra cómo tratamientos alternativos pueden jugar un papel importante cuando se trata de placebos. También resalta la importancia de la relación que se establece entre el paciente y el médico, clave para crear la convicción de la posibilidad resultado exitoso.

El efecto nocebo

En el lado contrario, existe también el efecto nocebo, que puede ser activado si un paciente anticipa una experiencia negativa. Se sabe que una expectativa fuerte puede causar que el dolor aumente. Cuando se espera sentir alivio se envían señales de la corteza al cerebro para liberar neuroquímicos, como los opioides, para contrarrestar las señales de dolor que viajan al cerebro. La zona asociada con la memoria y la ansiedad pueden aumentar el dolor y hacerlo más intenso. Los procesos fisiológicos detrás del efecto nocebo son menos conocidos –y entendidos- porque han sido más difíciles de probar.

En muchas ocasiones el organismo humano se autorregula o automedica con sustancias endógenas. El efecto de los placebos puede contribuir a encontrar formas de activar esos procesos del cuerpo. Saber más sobre estas reacciones puede ayudar a los médicos a mejorar y complementar ciertos tratamientos de formas no invasivas. No obstante, la investigación sobre el poder de los placebos se halla todavía en sus primeros pasos.

Fuentes:

  • ‘The Placebo Effect, How it Complicates Parkinson’s Disease Research’. Centro para la investigación de la enfermedad de  Parkinson y trastornos Motrices Universidad de Rush.
  • ‘Mechanisms of Placebo Pain Reduction: An Empirical Investigation’. Universidad de Connecticut.
  • ‘Pharmacokinetic profiles of cyclosporine in rats. Influence of route of administration and dosage’. Departamento de Cirugía, Universidad de Quebec.
  • ‘Conditioned placebo analgesia persists when subjects know they are receiving a placebo’. Departamento de Psicología y Neurociencia, Universidad de Colorado Boulder.
  • ‘Effects of expectation on placebo-induced dopamine release in Parkinson disease’. Centro de Investigación de Parkinson del Pacífico, Universidad de Columbia Británica, Vancouver.

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