Cómo alimentarse cuando se tiene cáncer

Cuando se habla de la relación entre el cáncer y la alimentación, los médicos coinciden: una dieta equilibrada fortalece las defensas del paciente, ayuda a contrarrestar los efectos devastadores de la enfermedad y de los tratamientos y evita el riesgo elevado de desnutrición. La doctora María López, representante de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga del Hospital Ramón y Cajal de Madrid explica cómo afecta la quimioterapia a la digestión, qué alimentos conviene consumir y por qué las aversiones y la desnutrición son tan frecuentes.

¿Qué importancia tiene la dieta en una persona con cáncer?

La dieta constituye una parte importante de la terapia porque comer adecuadamente antes, durante y después de los tratamientos ayuda a sentirse más fuerte, a tolerar mejor el proceso y a mejorar, por tanto, la calidad de vida del paciente.

¿Cómo afecta el cáncer al sistema digestivo? ¿Y los tratamientos? Quimioterapia, cirugía, radiación…

Cuando un tumor afecta al tubo digestivo, puede producir problemas mecánicos, por ejemplo, si produce una obstrucción; pero independientemente de su origen, los tumores pueden liberar sustancias que producen caquexia, pérdida de peso y de masa muscular, y esto afecta al estado nutricional del paciente.

El tratamiento de quimioterapia se basa fundamentalmente en utilizar sustancias que atacan a las células que se dividen deprisa, tal el caso de las células tumorales. El problema es que muchas células sanas también se dividen con velocidad, lo que desencadena efectos secundarios. Un tipo de células que se dividen rápidamente son las células de las mucosas, por ejemplo, las mucosas del tubo digestivo –desde la boca hasta el recto–; por este motivo, los tratamientos de quimioterapia pueden producir desde una inflamación de las mucosas de la cavidad oral, denominada mucositis, hasta diarrea.

La cirugía, y sobre todo la cirugía digestiva, puede provocar consecuencias mecánicas: al extirpar, por ejemplo, un fragmento amplio de tubo digestivo se favorece la diarrea y la mala absorción.

En cuanto a la radioterapia, ésta tiene características similares a la quimioterapia pero su efecto es local.

Según el cáncer que se padezca y el tratamiento que se siga, ¿conviene implementar una dieta u otra?

Lo deseable es que el paciente siempre lleve una dieta sana y equilibrada, pero en muchos casos ésta está condicionada por el tipo de tumor o el tratamiento. En el caso de los tumores que producen una compresión del esófago que impide una correcta alimentación se puede colocar una sonda nasogástrica o una gastrostomía para comunicar el estómago con el exterior, lo cual obliga a una dieta especial puesto que el alimento no pasa por la boca.

En general, ¿qué alimentos se aconsejan y cuáles se desaconsejan? ¿Qué recomendaciones dietéticas daría usted?

Los pacientes que están en tratamiento deben comer alimentos ricos en calorías y proteínas, tomar más leche, queso y huevos y aumentar el consumo de aceite, mantequilla y margarina. En algunos casos puede aconsejarse no comer alimentos ricos en fibras porque pueden empeorar problemas como la diarrea o las úlceras en la boca. Una recomendación para la población general es evitar la obesidad, pero para los pacientes en tratamiento oncológico no se recomiendan las dietas adelgazantes. Por otra parte, hay que tener en cuenta otras enfermedades del paciente, como la diabetes o la hipertensión, que también requerirán de una alimentación específica.

Los suplementos vitamínicos, ¿son útiles?

Los enfermos que comen bien durante el tratamiento están más preparados para tolerar mejor la enfermedad y los efectos secundarios. Sin embargo, no hay ninguna evidencia de que los suplementos dietéticos o los remedios “naturales” puedan ayudar a vencer el cáncer. De hecho, pueden ser contraproducentes. Como norma general, los suplementos dietéticos no deben reemplazar nunca una comida completa y, si se quieren tomar, es preciso hacerlo en dosis moderadas, especialmente los que no han sido bien estudiados.

¿Por qué los pacientes desarrollan aversiones a ciertos alimentos durante la quimioterapia?

Es común que el paciente asocie a los alimentos alguna de las muchas experiencias desagradables que pueden aparecer durante el tratamiento, entre ellas las nauseas y los vómitos. Si poco antes de una sesión de quimioterapia el paciente ha comido carne y vomita a causa del tratamiento, es fácil que la mente cree una conexión entre esa comida y el acto de vomitar. Después, bastará con ver u oler esa comida para recordar la experiencia de los vómitos y sentir repugnancia. Esta experiencia también es válida cuando el tratamiento que provoca los efectos secundarios es la radioterapia.

En general, los alimentos que producen aversiones varían de un paciente a otro pero es más frecuente que esto ocurra con los que desprenden olores fuertes.

¿Es cierto que las personas con cáncer suelen padecer desnutrición? ¿Por qué y cuáles son las consecuencias?

Efectivamente, la prevalencia de la malnutrición oscila entre el 15 y el 40 por ciento en el momento en que se diagnostica el cáncer y aumenta hasta un 80 por ciento en los casos de cáncer avanzado. Tanto la evolución de algunos tumores (fundamentalmente aquellos que se originan en el área de la cabeza y del cuello y el cáncer de esófago, estómago y pulmón) como los efectos colaterales de los tratamientos utilizados para combatirlos (cirugía, radioterapia, quimioterapia y otros tratamientos neoplásicos) pueden empeorar la capacidad del paciente de alimentarse.

La gravedad de la desnutrición es muy variable de unos pacientes a otros pero puede contribuir a aumentar la mortalidad. Por eso, se debe acudir al médico cuando la pérdida de peso es rápida, es decir, del cinco por ciento del peso habitual en un mes, o si la pérdida involuntaria es de más del 10 por ciento en los últimos seis meses.

Qué y cómo comer según la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) para facilitar la ingesta de alimentos y paliar los síntomas más habituales de la enfermedad

Recomendaciones generales:

Dividir las comidas en seis u ocho pequeñas tomas diarias y consumir los alimentos más completos cuando se tenga más apetito.

  • Evitar los alimentos flatulentos y los de olor intenso; también, los fritos y las grasas.
  • Beber agua en pequeñas tomas pero llegando a los dos o tres litros diarios.
  • Servir los alimentos templados y comer en compañía y en ambientes tranquilos. 

Recomendaciones específicas: 

Vómitos: se aconseja limitar el consumo de grasas y fritos con olor intenso porque producen náuseas y comer de manera pausada ya que la ansiedad es enemiga de la digestión.

Estreñimiento: es importante hacer ejercicio e ingerir mucha fibra mediante el consumo de frutas (ciruelas, pasas, kiwis o zumos de naranja), cereales integrales, verduras y legumbres. Se aconseja evitar las grasas, así como el membrillo, el té y el arroz. Si estas medidas no son suficientes puede recurrirse a los laxantes.

Diarrea: es fundamental hidratarse de manera abundante, con limonada alcalina y bebidas sin gas, e implementar una dieta astringente basada en arroz, puré de patata, pescado, pollo, jamón cocido, zanahorias y manzanas. Se desaconseja la leche, las frutas maduras, las mermeladas, los alimentos ricos en grasas, las fibras insolubles, el alcohol y el tabaco.

Irritación de la boca: la higiene bucal es capital, de ahí la importancia de hacerse una revisión odontológica antes de iniciar el tratamiento. Paralelamente, puede seguirse una dieta basada en alimentos líquidos o semilíquidos, evitando las comidas calientes o irritantes.

Sequedad de boca: para combatirla se recomienda consumir alimentos blandos, jugosos y bebidas poco ácidas e ingerir dos o tres litros de agua al día. Puede ser útil enjuagarse la boca con frecuencia, comer helados o chupar cubitos de hielo.

Dolor: si fuera preciso se puede tomar un analgésico antes de comer.

Saciedad precoz: hacer pequeñas comidas al día.

P. Gil Estrada

Otros contenidos del dosier: Alimentación preventiva

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