¿Es justificada la demonización del aceite de palma?

¿De qué está compuesto el aceite de palma?

Aunque es de origen vegetal, el aceite de palma contiene casi un 50% de ácidos grasos saturados, sobre todo el ácido palmítico. Si lo comparamos con el resto de aceites vegetales, es una gran porcentaje, ya que el resto contienen una media de 15% de estos ácidos grasos saturados (2 % a 8 % en el aceite de colza y 26.9 % en el aceite de oliva).

Estos ácidos grasos saturados tienen un efecto hipercolesterolemiante, pero con un efecto moderado sobre el colesterol “bueno” o HDL. Además, es relativamente pobre en ácidos grasos poliinsaturados (los buenos ácidos grasos tales como el Omega 3 y 6). Mientras el aceite de palma contiene entre un 9 % y 12 % de estos “buenos ácidos”, otros aceites como el de colza, contiene entre el 26% y el 32 %.

¿En qué alimentos hay aceite de palma?

Esta grasa no aporta sabor, es muy estable, no se oxida fácilmente y mantiene sus propiedades cuando se elevan las temperaturas, por lo que se usa especialmente en alimentos que se van a freír o que se desean conservar a temperaturas más altas.

Todos estos factores son los que han convertido al aceite de palma en el ingrediente estrella de la industria de comida procesada y de platos preparados. Y lo encontrarás prácticamente en todos: helados, salsas, galletas, bollería, aperitivos, pan, masas de hojaldre y repostería, pizzas, chocolates, aperitivos dulces y salados, pasteles y margarinas.

De hecho, son pocas las marcas o factorías que prescinden del uso del aceite de palma en sus alimentos. Las empresas de alimentación más conocidas son además de las que más usan este tipo de aceite, como por ejemplo: Unilever, Nestlé, Kellogg’s, Burger King, McDonalds, Haribo o Ferrero.

Y no solo en la industria alimentaria, el aceite de palma se ha colado también en otros sectores como el de la belleza, ya que se emplea en algunos cosméticos como cremas, pasta de dientes o jabones.

¿Es peligroso su consumo para la salud?

Aunque hace tiempo que saltaron las alarmas ante el peligro por el consumo de este aceite, la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), insiste en que a día de hoy no existen motivos de seguridad alimentaria que justifiquen su prohibición. Lo que sí afirman es que este tipo de grasa no es recomendable en el contexto de una dieta saludable, ya que eleva el colesterol y puede favorecer la arteriosclerosis, enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Por tanto, la respuesta es: sí, el consumo de aceite de palma tiene efectos negativos sobre nuestra salud. La causa principal es su perfil lípico: la naturaleza de los ácidos grasos que lo componen, algo en lo que sí coinciden la mayor parte de organismos oficiales. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), las Guías Dietéticas del Gobierno Norteamericano o la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD); todas se pronuncian en la misma línea, recomendando reducir o evitar todo lo posible el consumo de alimentos con este tipo de grasas saturadas.

¿El aceite de palma es cancerígeno?

En el punto anterior no hay discrepancias sobre si el aceite de palma perjudica a la salud, pero sí en este. La acusación más nueva y que más ha desatado la polémica en los últimos meses es, sin duda, su vinculación con el cáncer. ¿De dónde viene la afirmación de que el aceite de palma provoca cáncer?

En 2016 la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó un informe en el que alertaba de la toxicidad de los derivados del glycidol, que podrían ser cancerígenos. Y el glycidol es precisamente el compuesto que se obtiene de procesar a muy altas temperaturas (más de 200º) los ésteres gliciril de ácidos grasos (GE) que se encuentran en el aceite de palma.

Sin embargo, estas conclusiones no han llevado todavía a que el aceite de palma forme parte de la lista de ingredientes cancerígenos de la OMS o de la Unión Europea, ni a que ningún organismo oficial prohíba su uso, ya que por el momento, todos los estudios han sido hechos con animales y se refieren a temperaturas excesivamente altas.

¿Cuáles son las recomendaciones de consumo de este tipo de grasas?

La Agencia Española de consumo, seguridad alimentaria y nutrición (AECOSAN) insiste en la importancia de prestar atención a la calidad de las grasas que consumimos a través de los alimentos. Mientras que las grasas insaturadas, como las del aceite de oliva, son beneficiosas para nuestra salud, sí recomiendan reducir la ingesta de grasas saturadas. Concretamente habría que limitar el consumo de estas grasas a menos del 10% de las calorías totales de nuestra dieta.

¿Cómo detectarlo en la etiqueta?

Si algún alimento procesado contiene aceite de palma debe figurar en su lista de ingredientes. Así lo indica el Reglamento(UE) Nº 1169/2011, sobre la información alimentaria facilitada al consumidor que obliga desde diciembre de 2014 a indicar en su etiqueta si lleva este ingrediente y designarlo como “aceite vegetal” o “grasas vegetales” además de la especificación de qué tipo de aceite vegetal es.

Sin embargo, y aunque esta norma está vigente, todavía hay fabricantes que no lo especifican en su etiquetado. En ocasiones usan otros términos para evitar el denostado “aceite de palma” y lo cambian por otros como “aceite de palmiste”, “grasa vegetal (palma)”, “manteca de palma” o usando el nombre científico de la especie (Elaeis guineensis). Por lo que es importante contrastar siempre la información y buscar en otras fuentes de información aparte del etiquetado.

¿Podría sustituirse por otro ingrediente?

Si se lo utiliza tanto es por su riqueza en ácidos grasos saturados, lo que le da su característica principal: esta grasa tiene la particularidad de mantenerse sólida a temperatura constante. "Sin embargo, la textura de muchos alimentos (untuosa, cremosa, crujiente...) es en gran parte aportada por la materia grasa", explica el profesor Bernard Guy-Grand, miembro del Comité Francés para la Alimentación. “Los ácidos grasos saturados tienen una muy buena resistencia a la oxidación y los tratamientos térmicos; de ahí que el aceite de palma no se ponga rancio”. Su bajo coste también contribuye a que sea un producto ampliamente utilizado en la industria alimentaria.

"Básicamente, el aceite de palma se ha utilizado como alternativa a los aceites hidrogenados que tienen una alta concentración de ácidos grasos trans, con efectos también desastrosos sobre la salud cardiovascular”, afirma el profesor Guy-Grand. El aceite de palma se presentó como alternativa saludable a las grasas trans, y comenzó a sustituirlas en los alimentos procesados. Y ahora que se sabe que el aceite de palma tampoco es una grasa saludable, se piensa en las alternativas. Aunque la dificultad en eliminar este ingrediente de nuestras despensas radica en su bajo coste y la enorme omnipresencia que ha logrado en la industria alimentaria.

Según explica en una entrevista reciente el investigador Rafael Garcés, del Instituto de la Grasa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): “Un candidato sería el ácido esteárico, que se encuentra en la manteca de cacao y no afecta a los niveles de colesterol. Pero es cara y no hay suficiente producción”. En el Instituto de la Grasa también se ha desarrollado un aceite de girasol alto en esteárico y oleico, pero con un coste económico más elevado que el del aceite de palma, revela Garcés. Será entonces la industria de la alimentación, junto con los diferentes organismos oficiales y sus posibles actuaciones, quienes decidan en qué medida el aceite de palma puede ir abandonando las baldas de los supermercados. Porque después, comprar o no los alimentos procesados que lo llevan, depende de la elección de cada cual.

¿El cultivo de la palma aceitera es perjudicial para el medio ambiente?

En la actualidad la superficie de explotación de la palma de aceite es de 13 millones de hectáreas, principalmente en Indonesia y Malasia. Estos son los principales países consumidores (junto con China, la Unión Europea, India y Pakistán). “En estos países el aceite de palma contribuye significativamente a la aportación calórica y ha contribuido en la lucha contra la desnutrición”, precisa el profesor Guy-Grand.

Para satisfacer la creciente demanda de grasas, los países tropicales, especialmente los del sureste asiático, han comenzado a utilizar sus tierras para plantar palmas aceiteras. En efecto, con bajos costos de producción y alto rendimiento, estos cultivos se han desarrollado extensivamente. Aunque predominan las fincas agroindustriales también existen granjas familiares. Entre 1990 y 2005 se registró un 14 % de deforestación en Indonesia y 20 % en Malasia desde 2005

 En Indonesia, “el principal productor de aceite de palma para el mercado global de aceite para cocinar, cosméticos y biocombustibles”, las plantaciones de palmas aceiteras “a menudo reemplazan los bosques tropicales, exterminan especies en peligro de extinción, desplazan comunidades locales y contribuyen a la emisión de gases responsables del calentamiento global”, se advierte desde World Watch Organization. “Por la producción de aceite de palma, Indonesia es el tercer país que más gases de efecto invernadero produce después de China y Estados Unidos”, añaden.

S.Barber

Y. Saïdj

Fuentes:

- Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)

- Process contaminants in vegetable oils and foods, EFSA, publicado el 3 de mayo 2016.

- Agencia Española de consumo, seguridad alimentaria y nutrición (AECOSAN)

- Reglamento CE N ° 1169/2011.

- El aceite de palma: aspectos nutricionales, sociales y medioambientales. Situación actual. Fondo Francés para la Alimentación y la Salud. Dossier y conferencia de prensa, 22 de noviembre 2012.

World Watch Organization

Amigos de la Tierra

Actualizado en junio de 2017

Otros contenidos del dosier: Tipos de alimentos

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