El modelo alimentario mediterráneo

El mar Mediterráneo, cuyo nombre procede del latín medius (en medio) y terra (tierra), se encuentra situado y encerrado entre tres continentes: Europa, Asia y África. Este mar, muy bien delimitado (actualmente por España, Francia, Italia, Eslovenia, Croacia, Yugoslavia, Albania, Turquía, Grecia, Malta, Israel, Siria, Líbano, Egipto, Túnez, Argelia y Marruecos), ha sido considerado históricamente la cuna de las grandes civilizaciones.
Durante los últimos años, se ha hablado y escrito mucho sobre la «dieta mediterránea» o alimentación de los mediterráneos, atribuyéndole un cierto poder protector frente a la aparición de algunas enfermedades, principalmente las enfermedades cardiovasculares o de la circulación de la sangre.
En primer lugar, es importante destacar que aunque se utiliza esta denominación genérica para hacer referencia a la alimentación tradicional de los países de la cuenca mediterránea, existen diferencias importantes en el perfil alimentario de las distintas zonas, justificadas por la situación geográfica, el clima, la producción, las tradiciones, el nivel de industrialización, la religión (polarizada básicamente en cristiana, al norte del mediterráneo y musulmana, al sur del mismo) y la mayor o menor influencia de otras tendencias alimentarias que no son propias de la cuenca mediterránea.
De todas formas, los aspectos comunes que caracterizan la alimentación de los distintos países son la producción y el consumo de unos determinados alimentos.
Los historiadores indican que el trípode en el que se sustenta la alimentación mediterránea está formado por el aceite de oliva, el trigo y el vino, aunque veremos que, a nivel nutricional, destacan más alimentos.
Para evaluar el contenido nutricional de la alimentación mediterránea consideraremos que está compuesta fundamentalmente por: fruta fresca, verduras y hortlizas, frutos secos, bastante pescado frente a un consumo no muy elevado de carnes, cereales, pan, pastas y arroz, legumbres secas, aceitunas y pequeñas cantidades de productos lácteos. Estos alimentos suelen estar preparados o aliñados con aceite de oliva y, según los casos, acompañados con aromatizantes y especias como el ajo, la pimienta, la canela, el comino, el romero, el tomillo, el laurel, el orégano..., que forman parte de platos y salsas.
Con frecuencia, estas comidas se acompañan de cantidades moderadas de vino.

Otros contenidos del dosier: Dieta mediterránea

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