Los frutos secos, dulces y grasos

Los árabes aportaron a la gastronomía mediterránea una gran riqueza de postres basados en la miel y los frutos secos. Los frutos secos son característicos de la dieta mediterránea, y sus propiedades nutricionales son realmente destacables.
Muchas veces, los frutos secos se relacionan sólo con determinadas semillas o frutos secos grasos, pero existen dos tipos: la fruta fresca que se somete a un proceso de desecación (ciruelas, higos, orejones...) y los oleaginosos o frutos con cáscara (almendras, avellanas, castañas, nueces, piñones, pistachos, pipas...). Es curioso el caso del cacahuete, una semilla leguminosa que forma parte del grupo de los frutos secos por su valor nutritivo.
Entre las principales características de estos alimentos figura la de ser ricos en grasas poliinsaturadas, estar exentos de colesterol, ser moderados en hidratos de carbono complejos y tener un interesante contenido en proteínas que, a pesar de ser de origen vegetal, son ricas en aminoácidos esenciales y pueden enriquecer el perfil proteico de la dieta.
Los frutos secos tienen un contenido muy bajo en agua, de entre un 5 y un 10 %, y son una importante fuente de minerales, potasio, calcio, fósforo, magnesio y hierro. Las - vitaminas que contienen son principalmente del grupo B, así como liposolubles A y E, y ácido fólico.
Los frutos secos tienen una importante cantidad de fibra alimentaria que ayuda a combatir problemas de estreñimiento y puede modificar la absorción de ciertas sustancias.
En los últimos años, diferentes estudios han demostrado los efectos beneficiosos de la fibra en la salud y, además, se ha comenzado a valorar la riqueza de su aporte mineral. Una de las últimas investigaciones se realizó en la sección de lípidos del Hospital Clínic de Barcelona, en la universidad de Barcelona, en la de Reus y en la universidad de Loma Linda, en California. En los resultados, se afirmaba que comer cada día un puñado de frutos secos (nueces y/o avellanas) en sustitución de ciertas grasas, puede tener un efecto preventivo a nivel cardiovascular.

Del aperitivo a la cocina

Los frutos secos son típicos a la hora del aperitivo, pero es frecuente verlos integrados en la cocina tradicional, tanto en ensaladas como en primeros y segundos platos, sin olvidar los - postres o las picadas.
La almendra es uno de los frutos secos más empleados a nivel gastronómico, desde gazpachos hasta variedad de dulces, herencia de la gastronomía árabe, sobre todo los típicos de la época navideña (mazapanes o turrones). Dada su importancia en la dieta, un buen momento para el consumo es la hora del desayuno, por ejemplo mezclados con un yogur.
También un puñado de frutos secos a media mañana o a media tarde se convierte en un aporte
energético saludable para los deportistas o aquellas personas que realizan un importante gasto de energía diario. Son una sabia alternativa a las golosinas dulces consumidas por niños y adolescentes.

Algún inconveniente...

Las alergias a estos productos son bastante individualizadas; algunas personas pueden ser alérgicas sólo a un determinado fruto o semilla y no al resto. Son alergias que persisten y, quienes las padecen, deben prestar atención a los extractos de estos frutos que se utilizan en la elaboración de determinados alimentos y bebidas.
La fruta seca dulce tiene un valor nutricional muy diferente a la seca. Es mucho más rica en azúcares y prácticamente no contiene grasa. Asimismo, la cantidad de proteínas es menor. Es más rica en fibra y por ello se recomienda para combatir los problemas de estreñimiento. Su digestión, dadas sus características nutricionales, es mucho más ligera y por ello se considera un suplemento ideal en la dieta de los deportistas, incluso durante los episodios deportivos, ya que la gran cantidad de azúcares o glúcidos mantienen un correcto nivel de azúcar, no implicando una digestión larga ni pesada.
Recientemente, los frutos secos grasos (almendras, avellanas, nueces...) se han revalorizado como alimentos que deberían estar incluidos en las dietas recomendadas para la prevención de enfermedades cardiovasculares. Esto se debe, principalmente, a la composición química de sus grasas (básicamente poli y monoinsaturadas). Al ser de origen vegetal, estos alimentos no tienen ningún tipo de colesterol.

Otros contenidos del dosier: Dieta mediterránea

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