Los omega 3, ¿antiinflamatorios naturales?

La inflamación es un mecanismo de defensa del organismo ante una agresión: infección, traumatismo, estrés oxidativo… Se acompaña claramente de diversos males, gripe, bronquitis, tendinitis, crisis reumáticas… que se traducen en un enrojecimiento, sensación de calor e hinchazón. Pero también está presente de forma más insidiosa en algunas enfermedades crónicas, como la ateroesclerosis (alteración de las arterias), la obesidad o la depresión. La inflamación puede confirmarse biológicamente con un análisis de sangre, que por ejemplo pone de manifiesto un aumento de la CRP (proteína reactiva C) o de los glóbulos blancos.

Cómo los omega 3 se transforman en antiinflamatorios

Consumimos 3 tipos de omega 3: el ácido alfalinolénico (ALA), abundante en algunos aceites (colza, nuez, soja), el ácido eicosapentanoico (EPO) y el ácido docosahexaenoico (DHA), fabricados por el organismo en pequeñas proporciones a partir del ALA, y directamente presentes en los pescados grasos (salmón, caballa, sardina…). En el cuerpo, el EPA y el DHA pueden transformarse en diversos compuestos, prostaglandinas, leucotrienos o eicosanoides, que tienen determinadas características antiinflamatorias. Por el contrario, los derivados producidos por el organismo a partir del omega 6 (concentrados en el aceite de girasol o pepitas de uva, e incluso los alimentos animales como la carne) presentan en su gran mayoría una acción proinflamatoria.

Por ello, los nutricionistas insisten en la necesidad de un aporte equilibrado entre omega 6 y omega 3, concretamente, la relación entre estas dos familias de lípidos debería ser de 4, 5 como máximo. Concretamente, es necesario aumentar nuestro consumo de omega 3 para conseguirlo: al menos 2 cucharadas soperas al día de aceite de colza o nuez, o de una margarina rica en omega 3 (elaborada a partir de estos aceites) y dos pescados grasos a la semana1.

Los efectos antiinflamatorios del omega 3 intervienen de forma positiva en el tratamiento de ciertas patologías.

Omega 3 y enfermedades cardiovasculares

Hace ya años que se ha observado que las poblaciones que consumen más pescados grasos, como los esquimales o los japoneses, padecen menos infartos de miocardio. Los omega 3 ejercen diferentes acciones protectoras, especialmente la anticoagulación de la sangre, que protege de la trombosis (formación de coágulos sanguíneos). Pero, gracias a su efecto antiinflamatorio, también frenan el desarrollo de la ateroesclerosis, que es una enfermedad degenerativa e inflamatoria2.

El exceso de omega 6 en detrimento de omega 3 favorece la multiplicación de los adipositos (las células grasas), que sólo piden hincharse con el más mínimo exceso…

Además, la obesidad se caracteriza por un estado inflamatorio crónico, con un desajuste de las secreciones del tejido adiposo, especialmente de la leptina y la adiponectina, que normalmente sirven para regular la saciedad y el hambre. Por tanto, reequilibrar los aportes de omega 3 constituiría uno de los remedios contra los kilos de más7.

Hay otras afecciones para las que los efectos antiinflamatorios de los omega 3 podrían resultar beneficiosos.

El EPA ya se ha propuesto con éxito para el tratamiento de las sequedades oculares y del glaucoma, una patología del nervio óptico que se caracteriza por episodios antiinflamatorios8.

Dado que la inflamación es una respuesta de tipo inmunitario (en la que intervienen moléculas y células del sistema inmunitario), se plantea la hipótesis de si un buen aporte de omega 3 podría contribuir a prevenir o limitar las manifestaciones alérgicas. Hay pocos estudios que lo demuestren, pero por ejemplo, un trabajo sobre niños americanos y canadienses ha demostrado el interés de los omega 3 y los antioxidantes (frutas y verduras) para la prevención del asma9.

Los omega 3 podrían resultar interesantes en caso de reumatismos. Pero aunque ya se comercializan complementos alimentarios a base de omega 3 para aliviar el dolor de las articulaciones, no se recomienda especialmente un régimen rico en omega 3 en caso de poliartritis reumatoide10.

Por último, aunque en teoría los omega 3 podrían contribuir a la recuperación de los deportistas tras un esfuerzo elevado (que se acompaña de un estado inflamatorio pasajero), por el momento no hay ningún estudio que resulte concluyente.

F. Daine

Fuentes:

1 – Advertencia de la agencia francesa de seguridad sanitaria de los alimentos relativa a la actualización de los aportes nutricionales aconsejados para los ácidos grasos. 1 de marzo de 2010.
2 - JM. Lecerf. Lipides et santé.Cahiers de Nutrition et de Diététique (Lípidos y salud. Cuadernos de Nutrición y Dietética), vol. 42, HS1: 24-33. 2007.
3 - n-3 Fatty Acids and Cardiovascular Events after Myocardial Infarction - Daan Kromhout, M.P.H., Ph.D., Erik J. Giltay, M.D., Ph.D., and Johanna M. Geleijnse, Ph.D. for the Alpha Omega Trial Group - N Engl J Med 2010; 363:2015-2026 (resumen disponible en línea)
3 - S. Vancassel. Estudios experimentales. Conferencia IFN: Omega 3, funciones cerebrales, comportamiento y salud mental. Enero de 2010.
4 - P. Astorg. Estudios clínicos y epidemiológicos. Conferencia IFN, enero de 2010.
5 - P. Barberger-Gateau. Nutrición, lípidos y envejecimiento cerebral. Revista de Nutrición Práctica y Dietécom, marzo de 2010.
6 - Docosahexaenoic acid supplementation and cognitive decline in Alzheimer disease: a randomized trial. Quinn JF et coll, JAMA, noviembre de 2010.
7 - M. Lafontan. El tejido adiposo, un órgano principal del metabolismo. Conferencia con motivo de las Jornadas Anuales de Nutrición y Dietética, enero de 2007.
8 - L. Brétillon. Alimentación y visión. Conferencia IFN, febrero de 2010.
9 - Impact de l'alimentation sur les maladies pulmonaires. Journal de pédiatrie et de puériculture, (Impacto de la alimentación en las enfermedades pulmonares. Revista de pediatría y puericultura) vol. 21, n° 2: 110-112. Abril de 2008.
10 - HAS (Haute Autorité de Santé). Poliartritis reumatoide. Aspectos terapéuticos fuera de los medicamentos y la cirugía. 2007.

 

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