Las células de la sangre

En el plasma sanguíneo flotan diversos tipos de corpúsculos celulares, cada uno de los cuales tiene una función específica:
los glóbulos rojos, llamados también hematíes o eritrocitos, se encargan de transportar el oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos y el dióxido de carbono derivado del metabolismo celular en dirección inversa; los glóbulos blancos, llamados también leucocitos, con sus distintas variedades, forman parte del sistema inmunitario y protegen al organismo de las infecciones; las plaquetas, llamadas también trombocitos, participan en el proceso de coagulación destinado a detener las hemorragias.

glóbulos rojos

(vista frontal)

(vista lateral)

Formación de las células sanguíneas

De manera constante se forman nuevos corpúsculos sanguíneos destinados a reemplazar los que van envejeciendo y resultan destruidos: cada día se generan miles y miles de millones de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Este proceso, denominado hematopoyesis, ocurre fundamentalmente en la médula ósea a partir de unas células precursoras comunes, las células madre pluripotenciales, capaces de reproducirse a sí mismas y de dar origen a diferentes células madre monopotenciales, de cuya maduración derivan las diversas células sanguíneas.

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