El maltrato: las preguntas que nos siguen doliendo

Datos de la última Macroencuesta sobre Violencia contra la Mujer, realizada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en el año 2015, revelan que el 12,5% de las mujeres mayores de 16 años residentes en España ha sufrido violencia por parte de sus parejas o exparejas a lo largo de su vida. En 2006 este porcentaje era del 6,3%, pero hay que tener en cuenta que esta es la primera vez que se incluyen a mujeres de 16 y 17 años. Las cifras han ido disminuyendo desde 1999 hasta nuestros días; sin embargo, son porcentajes aún que no pueden ser menospreciados. Sobre todo, porque esta inclusión de mujeres menores de edad ha revelado justamente el riesgo de maltrato de las mujeres jóvenes: si bien solo un 10,3% de las mujeres maltradas tiene entre 16 y 24 años, los datos muestran que en los 12 meses previos a la encuesta un 25% de las mujeres de la misma edad fueron víctimas de violencia de control por parte de sus parejas o exparejas.

De la agresión psicológica a la física, todo es maltrato

Insultar a una persona se considera agresión. Golpearla, evidentemente, también. Pero en el caso de los niños y de la gente mayor, casi siempre dependientes de un adulto, hemos de pensar que no mostrarles cariño, ni consideración; o bien, no darles de comer o beber adecuadamente, también es una forma de maltrato. En este caso, estaríamos ante el denominado maltrato por omisión. El insulto y la agresión física constituirían la esencia del maltrato por acción.

Síntomas no siempre tan evidentes

Ante una agresión física, no cabe duda de lo que vemos: Un hematoma, una herida, una contusión… La cosa se complica si lo que refiere la persona “denunciante” es un insulto. Aquí únicamente podemos actuar los médicos tranquilizando a la persona, dando credibilidad a sus palabras, y creando un ambiente de confianza donde pueda relajarse y reflexionar, en aras a tomar la decisión más conveniente en su caso.

Pero en casos de agresión verbal mantenida, o de cualquier forma de maltrato de carácter psicológico, la persona puede no darle importancia, y consultar por otros síntomas. En muchas ocasiones, se trata de un síntoma vago, poco definido, que la persona demandante apenas puede concretar: Un dolor de cabeza que no concuerde con ninguna cefalea conocida; dolores vagos, pero recurrentes, en región torácica, abdomen; sensación de ahogo (disnea) que no quede corroborada mediante las pruebas complementarias (una saturación de oxígeno normal durante un episodio de disnea por parte de la persona, por ejemplo)… Y un largo etcétera (insomnio, un síndrome depresivo, ansiedad sin causa aparente…). Somatizaciones, en realidad, de un problema que no sale a colación, pero que deberíamos ser capaces de entrever en todo este magma de síntomas inconcretos.

Cualquiera puede ser un maltratador

Bajo esta premisa hace unos años unos compañeros sanitarios de Granada prepararon un test que, en teoría, permitía detectar las personas susceptibles de maltrato. El test constaba de 10 preguntas, con 5 respuestas posibles para cada caso. Y nada de preguntas evidentes; de hecho, varios de los comentarios que recibieron como respuesta dejaban entrever que planteaban situaciones no tan extrañas en nuestra sociedad, y que muchas personas que habían dejado su comentario, podían, bajo esas premisas, considerarse maltratadores.

(Ver test)

La polidemanda es típica en estos casos

Según datos que tienen ya unos años, un 96% de las mujeres maltratadas habían acudido a su centro de salud en el año anterior. Y muchas de ellas, casi la mitad, en realidad (un 41%) de forma repetida (hasta una vez al mes).

Síntomas, síntomas y más síntomas

En un estudio realizado sobre 342 mujeres mayores de 14 años, procedentes de 8 comunidades autónomas (65 centros de salud), y que fue presentado en el XXVII Congreso de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC), los síntomas que más aparecían eran: Ansiedad (74% de las mujeres), depresión (51%) y migrañas (15%). Hasta un 46% de ellas estaban medicadas con psicofármacos (tranquilizantes y antidepresivos).

La educación hacia la igualdad, la base para resolver el problema

Es, sin duda, entre la población joven donde los esfuerzos se hacen más necesarios y, por el momento, se revelan insuficientes. En 2007, otro estudio realizado entre mujeres adolescentes mostraba que el 7% no dejaría a su pareja si recibiera malos tratos.

Estos datos de hace diez años no se han visto rebatidos hasta hoy, y es que el informe "Percepción social de la violencia de género en la adolescencia y la juventud" elaborado en 2015 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) a petición del Ministerio de Sanidad revela que uno de cada tres jóvenes españoles de entre 15 y 29 años ve normal controlar los horarios, trabajos o estudios de sus parejas, si pueden o no ver a familiares o amigos y, en definitiva, decidir lo que pueden hacer y lo que no. ¿Falta de autoestima? ¿Desconocimiento de lo que debería ser una relación sana? ¿Es lo que han visto durante la etapa de crecimiento en casa o en su entorno? 

Pero en caso de maltrato, hemos de conocer dónde podemos dirigirnos

Buscando por la red, hemos encontrado una página web con direcciones y teléfonos a los que pueden dirigirse las personas víctimas de maltrato (haz click aquí para acceder), y donde encontraremos los lugares de referencia en función de la Comunidad Autónoma de la persona interesada.

Actualizado en noviembre de 2017

Otros contenidos del dosier: Malos tratos y violencia en el ámbito de la familia

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