Curar las heridas superficiales en personas mayores

La insuficiencia de la piel envejecida

Con el paso de los años, la piel sufre los efectos inevitables del envejecimiento provocado por factores intrínsecos (es decir, fisiológicos y genéticos, comunes a cualquier persona) y extrínsecos, como la exposición al sol, las enfermedades crónicas o el tabaco.

Las transformaciones cutáneas del envejecimiento de la piel son características y se acompañan de una insuficiencia general y progresiva de sus funciones. Así, la piel se vuelve fina, frágil, más permeable y menos elástica. También pierde melanocitos, por eso se vuelve más sensible al sol. Las glándulas sudoríparas y sebáceas también disminuyen, lo que puede resultar en deshidratación y sequedad casi permanente.

Desde el punto de vista inmunitario, el número de células encargadas de intervenir contra microbios y sustancias agresivas también se reduce, haciendo que la piel se vuelva todavía más vulnerable a las infecciones e irritaciones.

Las arrugas y la laxitud, por su parte, se deben al efecto de la gravedad y, sobre todo, a una pérdida importante de la cantidad y de la organización del colágeno y de las fibras elásticas. Además, el número de pequeños vasos sanguíneos que nutren la piel también disminuye a nivel de la dermis, lo que confiere a la piel un aspecto apagado y transparente. Asimismo, se reducen otras funciones como la producción de vitamina D.

Otras transformaciones cronológicas de la piel

A estas transformaciones "fisiológicas" se pueden añadir lesiones muy frecuentes en las personas mayores, como las queratosis seborreicas, que se aprecian como manchas oscuras o amarronadas (manchas de la edad); angiomas seniles, que tienen un aspecto de granitos de un color rojo vivo; pequeñas manchas violáceas en relieve (lagos sanguíneos); o manchas azuladas o púrpura que aparecen de manera espontánea o después de un ligero golpe (púrpura senil de Bateman).

Hay que tener en cuenta el conjunto de estas lesiones, ya que las pequeñas heridas que se producen en estas zonas deberían ser consultadas con el médico para asegurarnos de que no hay daño o sangrado subyacente.

Un gesto esencial para mejorar el estado de la piel de las personas mayores: el uso diario de una buena crema hidratante.

Tipos de heridas superficiales en la personas mayores

Lo más importante es asegurarnos primero de que, efectivamente, se trata de una pequeña herida superficial, porque no olvidemos que la piel de las personas mayores es más fina y frágil.

Por otro lado, debido a las características de la piel y a posibles lesiones ya existentes, es posible observar en personas mayores heridas de tipo excoriación tras un simple roce con un tejido. Estas heridas, al igual que las demás heridas superficiales, deben curarse correctamente para evitar complicaciones y, sobre todo, para que no se vuelvan crónicas.  

Las personas mayores pueden presentar los mismos tipos de heridas superficiales que un adulto más joven y es importante saber diferenciarlas:

  • Heridas superficiales por un objeto cortante (como un cuchillo). Los bordes de la herida son regulares.
  • Heridas por abrasión (arañazo o excoriación por un objeto o superficie rugosa), con bordes irregulares.
  • Heridas por arañazo o mordedura de animal (por lo general, de gato o perro), a veces de una persona.
  • Herida por un objeto punzante como la punta de un cuchillo, un clavo o una aguja.
  • Herida por aplastamiento (contusión) de bordes y contornos irregulares. 

Curar las heridas superficiales en las personas mayores

Los gestos son los mismos que para un adulto joven. El objetivo principal es evitar que la herida se infecte, pero también que no se vuelva crónica.

Lo que hay que hacer

  • Lavarse bien las manos con agua y jabón antes de curar la herida.
  • Limpiar cuidadosamente la herida con agua y jabón neutro del tipo jabón de Marsella.
  • Aclarar con abundante agua o con suero fisiológico para eliminar cualquier resto de jabón.
  • Secar la herida con toquecitos con una gasa estéril.
  • Aplicar una solución antiséptica en espray o con la ayuda de una gasa. Existen varios tipos de antisépticos y es importante leer bien el prospecto antes de su uso. En caso de duda, consulta con tu médico o farmacéutico. Optar por una solución antiséptica incolora como Menalcol Reforzado® ou Dakin®.
  • Colocar una tirita o una gasa estéril fijada preferiblemente con una malla quirúrgica. Si utilizas una tirita, tendrás que cambiarla todos los días para repetir los cuidados y vigilar el estado de la herida.

Pequeñas cosas que se deben evitar:

  • Nunca se deben mezclar dos o más antisépticos locales.
  • Evitar el uso de alcohol sobre la herida. 
  • Evitar los antisépticos que tienen color (por ejemplo Betadine®) para poder vigilar mejor la evolución de la herida.
  • No utilizar algodón porque podría deshilacharse dentro de la herida.
  • Optar por formatos pequeños y comprobar siempre la fecha de caducidad.
  • Si se utilizan mal, los antisépticos pueden alterarse. Para evitarlo, cerrar el bote herméticamente tras su uso y evitar el contacto directo de la herida con el bote. No cambiar nunca el contenido a otro recipiente.

¿La vacuna antitetánica está al día?

No debemos pasar por alto el riesgo de tétanos. Sea cual sea el tipo de herida, habrá que asegurarse de que la última dosis de recuerdo de la vacuna se haya puesto hace menos de 10 años. En caso contrario, consulta inmediatamente con un médico.

 

Heridas en personas mayores: ¿cuándo consultar al médico?

Si se da una de las siguientes situaciones, deberías consultar al médico inmediatamente o acudir a urgencias si tu médico no puede darte cita. Recuerda que mantener la calma te ayudará a actuar mejor:

  • Si la vacuna del tétanos no está al día.
  • Si se tiene la más mínima duda sobre la profundidad de la herida.
  • Para todas las heridas provocadas por una contusión o caída, haya o no hematoma.
  • Si la herida está muy sucia y es grande (> 4 a 5 cm o la mitad de la palma de la mano de la víctima) o si presenta cuerpos extraños que no salen con agua, sin frotar.
  • En caso de mordedura humana o animal, de un pinchazo con una aguja u otro objeto muy punzante y/o sucio.
  • Si la herida está localizada cerca de una articulación, en las manos, cerca de un orificio natural, alrededor de los ojos o en el cuello.
  • Para cualquier herida en las piernas si la persona sufre de insuficiencia venosa o arteriopatía de los miembros inferiores.
  • Para cualquier herida en los pies si la persona es diabética, sufre alguna neuropatía, pie diabético, arteritis de los miembros inferiores o fragilidad capilar.
  • Si la persona está bajo tratamiento con corticoides o anticoagulantes, o en caso de enfermedad que debilite el organismo como un cáncer o una enfermedad autoinmune.
  • Si hay signos de infección (herida caliente, enrojecimiento, supuración, secreción purulenta, dolor, rojez, hinchazón).
  • Si la herida sangra mucho, sobre todo si se trata de un sangrado pulsátil.
  • Seguir estos consejos te ayudará a evitar cualquier complicación en heridas superficiales en personas mayores.  

Fuentes: 

1- Principios generales para los cuidados de las heridas. Hospital Universitario de Ginebra. Agosto de 2012.

2- Anne Aerts, Dorine Nevelsteen, Françoise Renard. “Soins de plaies”. Editions de Boeck, 1998.

3- Société Francophone de Médecine d’Urgence. Prise en charge des plaies aux urgences. 12ème conférence de consensus. Clermont-Ferrand, 2 de diciembre de 2005.

4- Julie Vézina. Le soin des plaies : principes de base. Universidad de Quebec, septiembre de 2006.

5- Christa Prins. L’insuffisance cutanée. Revue Médicale Suisse 2004 ; No 528.

6- Prévention et traitement des escarres de l’adulte et du sujet âgé. Texte des recommandations. HAS (Haute autorité de santé). 16 de noviembre de 2001.

Otros contenidos del dosier: Urgencias y primeros auxilios

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