El círculo infernal de los acúfenos

Son pocas las personas que no han sentido nunca, en un determinado momento, un pitido o zumbido dentro del oído. Se trata de los acúfenos, un síntoma sin importancia y fácil de olvidar cuando se manifiesta de manera transitoria. Sin embargo, para algunas personas, los acúfenos son permanentes y pueden convertirse en una auténtica pesadilla. En España, se calcula que esta afección afecta, en mayor o menor grado, a nueve millones de personas.

¿Subjetivos u objetivos?

Podemos distinguir dos tipos de acúfenos:

  • Los acúfenos objetivos son muy poco frecuentes. Están asociados a un ruido real y medible, producido por una anomalía en el oído interno que contiene la cóclea, el órgano de la audición. Puede tratarse de una malformación vascular, de contracciones musculares o de lesiones de la propia cóclea. A veces es posible una corrección quirúrgica que permitirá eliminar los acúfenos;
  • Los acúfenos subjetivos son, en cambio, extremadamente frecuentes. Estos sonidos fantasma solo son reales en el sistema auditivo de quienes los perciben. Se desarrollan con más facilidad después de los 50 o 60 años y, a menudo, parecen estar asociados a la exposición repetida a ruidos intensos y a la sordera ligada al envejecimiento (presbiacusia). También pueden aparecer tras un fuerte traumatismo sonoro o un traumatismo craneal.

Estos acúfenos subjetivos podrían deberse a lesiones de las células ciliadas, las células de la cóclea que perciben las vibraciones sonoras. Al ondularse bajo el efecto de las vibraciones, los cilios transmiten una señal al nervio auditivo. En caso de acúfenos, los cilios se moverían en ausencia de sonido y transmitirían así una señal equivocada permanente al nervio auditivo. La anomalía también podría situarse dentro de la sinapsis, entre las células ciliadas y las fibras nerviosas del nervio auditivo.

Hipertrofia de la corteza

Aunque los acúfenos nacen en el órgano de la audición, esta información será tratada en el cerebro y es allí donde adquirirá un significado. Percibidos como un fenómeno peligroso o desagradable, estos sonidos van a parecer cada vez más intensos a medida que se repiten y se quedarán grabados en la conciencia.

A la larga, la zona de la corteza auditiva que trata esta información va a hipertrofiarse. Si, en cambio, los acúfenos son ignorados, acabarán por no ser percibidos. Es lo que se conoce como habituación.

Dos tipos de aparatos auditivos

Como todavía no se dispone de ningún tratamiento para eliminar la causa de los acúfenos subjetivos, lo que se va a intentar es favorecer la habituación. La primera etapa es comprender que el acúfeno por sí mismo no es grave: el sonido percibido no va a destruir el oído y no es un signo de una lesión importante.

En caso de disminución de la agudeza auditiva, normalmente bastaría con llevar una prótesis auditiva para mejorar o incluso eliminar los acúfenos, reestableciendo una buena audición que va a conseguir enmascarar esos ruidos parásitos. Al mismo tiempo, el audífono favorecerá una verdadera reorganización del cerebro, marcada por el desarrollo de zonas auditivas anteriormente poco utilizadas.

Si no hay una disminución importante de la agudeza auditiva, es posible llevar una prótesis que genera un ruido de fondo de baja intensidad que suele reducir la percepción del acúfeno. El objetivo es entrenar una habituación simultánea al sonido del aparato y al acúfeno. En cualquier caso, la mejoría tarda en aparecer ya que se requiere un uso diario durante varios meses. Sin embargo, los estudios clínicos muestran resultados importantes.

Se aconseja combinar el uso de estos aparatos con apoyo psicológico para reducir los pensamientos negativos asociados a los acúfenos.

Reeducar el cerebro

Hay otra técnica que parece prometedora. Consiste en una reeducación cerebral mediante la escucha de sonidos generados por ordenador. Los pacientes deben entrenarse para distinguir sonidos muy similares, en frecuencias próximas a las del acúfeno.

El objetivo es actuar en la plasticidad cerebral para que, poco a poco, las zonas de la corteza auditiva activadas por el acúfeno vayan perdiendo importancia en favor de las zonas circundantes.

Ruidos insoportables

La hiperacusia es el aumento de la sensibilidad a sonidos moderados. Algunos ruidos, como el tintineo de un cubierto en un plato, pueden parecer insoportables. Este trastorno suele aparecer tras un traumatismo sonoro y evoluciona generalmente hacia la aparición de acúfenos. Debe diferenciarse del fenómeno observado en personas con déficit auditivo, que tienen una intolerancia a sonidos de intensidad ligeramente superior a la de su umbral de percepción.

Las hiperacusias se pueden mejorar con las mismas prótesis generadoras de sonido que las que se utilizan para los acúfenos. El sonido debe ser muy débil al principio e ir aumentando progresivamente. Además, las personas que las padecen, deben saber que, en lugar de aislarse de todo ruido llevando tapones, por ejemplo, lo recomendable es que tengan un entorno sonoro moderado.

Dra. C. Guéniot

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