Aumenta la esperanza de vida, pero también las enfermedades

De acuerdo con datos de 2015, la esperanza de vida mundial alcanza actualmente los 71,4 años (68 para los hombres y 73 las mujeres). Sin embargo, la esperanza de vida sana, que mide los años pasados en buen estado de salud, llega sólo los 63. Esto se refleja en el porcentaje de mortalidad y morbilidad, que se concentra fundamentalmente en los mayores de 60 años, que acumulan casi una cuarta parte (23%) de la carga mundial en estos aspectos.

Gran parte de este porcentaje está ligado a enfermedades de larga duración como el cáncer, así como enfermedades respiratorias crónicas, cardiopatías, enfermedades osteomusculares (como la artritis y la osteoporosis) y trastornos mentales y neurológicos. Esto implica una dependencia que afecta no sólo a los pacientes, sino también a las familias y a los sistemas de salud de todo el mundo y que irá a más en las próximas décadas.

Cómo ha aumentado la esperanza de vida

El aumento de la esperanza de vida se debe en gran medida a estrategias sencillas y eficaces, como la reducción del consumo de tabaco y la lucha contra la hipertensión arterial, además de una mejor cobertura general de las intervenciones sanitarias. Este tipo de medidas han conseguido reducir el número de muertes por enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares o cardiopatías isquémicas. 

Sin embargo, aún queda camino por avanzar en este sentido. Las enfermedades no transmisibles (infartos, ictus, diabetes o enfermedades renales crónicas) siguen suponiendo el 70% de las muertes ocurridas en todo planeta. Los principales factores de riesgo en este tipo de patologías son la hipertensión, el tabaquismo o el exceso de azúcar en sangre, factores que, en general, están más presentes en países industrializados.

Envejecer mejor

Autoridades sanitarias de todo el mundo insisten en la importancia de fomentar algunas medidas de bajo coste, especialmente la prevención y detección temprana de enfermedades, que incrementan en gran medida las posibilidades de éxito del tratamiento. Esto implica, además, moderar el consumo de sal y azúcar y aumentar el número de vacunaciones, una defensa de vital importancia para prevenir enfermedades respiratorias.

La mayoría de las enfermedades graves más habituales están relacionadas con factores de riesgo comunes y fácilmente modificables, como los mencionados anteriormente. El tabaco, las dietas desequilibradas, la obesidad, la inactividad física o el consumo excesivo de alcohol aumentan exponencialmente las posibilidades de desarrollar una dolencia crónica.

Las enfermedades osteomusculares, por su parte, están más relacionadas con la actividad laboral –posturas, repetición de movimientos, levantamiento de cargas- y pertenecen a uno de los grupos en los que la prevención es más importante. En esta área, el tratamiento temprano, el mantenimiento de una buena forma física y la información y educación en lo relativo a posturas son la primera línea de protección.

Grupos de riesgo

La detección precoz y el tratamiento temprano, por medio de servicios de orientación, y la administración de fármacos son aún más importantes para las personas que pertenecen a un grupo de riesgo, como aquellos que padecen hipertensión arterial, diabetes, hiperlipidemia o dolencias cardiovasculares (ECV). Se ha demostrado que el abandono del consumo de tabaco y alcohol, la reducción de la sal en la dieta, el consumo de frutas y hortalizas y la actividad física regular reducen notablemente el riesgo de sufrir una ECV.

Por último, otros factores sociales deben jugar un papel en la mejora de la calidad de vida, como la tecnología. Las clínicas móviles, por ejemplo, están contribuyendo a mejorar la asistencia sanitaria de las poblaciones rurales. Asimismo, la formación del personal sanitario debe desarrollarse para enfocarse en el tratamiento de dolencias crónicas.

Fuentes:

  • ‘«Envejecer bien», una prioridad mundial’. Organización Mundial de la Salud.
  • ‘Estadísticas Sanitarias Mundiales 2014’. Organización Mundial de la Salud.
  • ‘Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud’. Organización Mundial de la Salud.
  • ‘A better world towards convergence of longevity?’. The Lancet.
  • ‘Protecting the global longevity dividend’. The Lancet

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