Síndrome premenstrual

Es frecuente: afecta del 25 al 75 % de las mujeres durante su período de fertilidad. Sus manifestaciones, muy diversas, son más o menos intensas en función de las pacientes. En algunas, pueden llegar a alterar de forma importante la vida profesional y social.

Síntomas y signos

El síndrome premenstrual empieza en la segunda parte del ciclo menstrual, en el momento de la ovulación o cerca de él –entre el 14º y el 7º día previo a la menstruación–, y persiste hasta la menstruación, cuando se interrumpe. En una misma mujer, los síntomas aparecen siempre en el mismo período del ciclo menstrual.
Signos físicos. Los signos más frecuentes son:
Hinchazón de los tobillos y de los párpados, y aumento de peso pasajero debido a la retención de líquidos.
Hinchazón y sensibilidad de las mamas.
Sensación de distensión abdominal; en algunos casos, aparecen retortijones.
Dolor en la zona inferior del vientre.
Trastornos cutáneos (acné).
Dolores articulares y dolores de espalda.
Dolor de cabeza, migraña.
Fatiga.
Vértigos y problemas de la vista.
Náuseas.
Sudores y escalofríos.
Sofocos.
Signos psicológicos. Los principales son:
Tensión nerviosa que puede provocar rigidez muscular.
Sensación de torpeza.
Cambios de humor, irritabilidad y estado depresivo caracterizado por crisis de llanto y, en ocasiones, ansiedad excesiva.

Causas

Existen numerosas hipótesis sobre el origen del síndrome premenstrual. Todavía no se conocen bien sus mecanismos físicos e, incluso, se duda de su existencia.
La aparición de los síntomas en la segunda parte del ciclo menstrual parece indicar una causa hormonal.
Por otro lado, es posible que los trastornos premenstruales estén desencadenados o favorecidos, en algunos casos, por trastornos psicológicos: situaciones de estrés o de conflicto originadas por problemas conyugales o sexuales, o por un ambiente familiar o profesional difícil.

Tratamiento

Cuando los signos no son muy intensos, el tratamiento es personal y cada mujer descubre por sí misma la mejor manera de sobreponerse al malestar. Actualmente, no existe un verdadero tratamiento para este trastorno. Las medidas de higiene y dietéticas suelen ser suficientes para aliviar la mayor parte de los síntomas: relajación, yoga y ejercicio físico regular, dieta sin excitantes y disminución del consumo de sal. Si los síntomas son muy importantes, es preciso consultar con el médico: éste puede prescribir algunos medicamentos. Hay que evitar la automedicación.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades genito-urinarias

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