Rabia

El virus de la rabia penetra por una herida y alcanza el cerebro de la persona o del animal contagiado, donde produce lesiones irreversibles, que llevan al coma y, posteriormente, a la muerte en 5 a 20 días.

Síntomas

La rabia se contrae cuando un animal contagiado muerde a un individuo o le lame una herida. El período de incubación varía de 9 días a varios meses y depende, en gran parte, del lugar en el que se encuentre la mordedura o la herida. Los primeros síntomas son: fiebre poco elevada, dolor de cabeza y pérdida del apeti-to.
Posteriormente, los signos se agravan: trastornos del humor, angustia, estado delirante, sed intensa, espasmos musculares dolorosos en la garganta, fobia al agua, soplos, temblores, modificación de la voz y salivación intensa.
La enfermedad nerviosa propiamente empieza poco después de estas manifestaciones. Se caracteriza por trastornos de la conciencia y parálisis. También puede presentarse como un estado de excitación furiosa (rabia furiosa), en cuyo caso las contracturas musculares se intensifican y afectan a todo el cuerpo. Estos signos se acompañan de fiebre muy elevada (puede alcanzar los 41 °C) y de una hipersalivación característica.

Evolución y tratamiento

Cuando se presentan los síntomas, la enfermedad es siempre mortal. El coma y la muerte aparecen en un plazo de 5 a 20 días.
Sin embargo, el paciente puede beneficiarse de algunos tratamientos –sobre todo calmantes y medicamentos contra el dolor–, que permiten atenuar los sufrimientos. Los cuidados intensivos pueden ayudar al mantenimiento temporal de las funciones respiratoria y cardíaca.
Todavía no existe un medicamento activo contra el virus responsable de la rabia. Por lo tanto, es esencial prevenir esta enfermedad.

Prevención

Hay que intervenir lo más rápidamente posible después de la mordedura, y antes de la aparición de los síntomas de la enfermedad. Cuando se aplica un tratamiento para inmunizar a la víctima durante los 2 días que siguen a la mordedura, la prevención de la rabia es eficaz. Pasado este plazo, las posibilidades de curación son cada vez menores.
Toda herida por mordedura debe limpiarse cuidadosamente con jabón u otra solución antiséptica, ya que
el virus es muy sensible a estos productos. La herida no debe ser suturada. En los países donde la rabia es común, hay que consultar urgentemente con el médico. Éste derivará al paciente hacia el centro antirrábico más próximo, para determinar si es necesario iniciar un tratamiento preventivo. Pueden darse dos situaciones:
El animal es capturado y puesto bajo vigilancia veterinaria. Se administra al herido el suero específico (inmunoglobulina) y una primera dosis de vacuna antirrábica; también se prescribe un tratamiento antibiótico en espera de los resultados veterinarios para seguir o interrumpir el tratamiento vacunal.
El animal huye: la vacunación antirrábica, que permite una protección a más largo plazo, se efectúa completamente (5 inyecciones más una dosis a los 3 meses) y con la máxima rapidez.

Vacunación

La vacuna antirrábica fue descubierta en 1885 por Louis Pasteur.
Se reserva para las personas expuestas a la enfermedad: cazadores, criadores, veterinarios, guardas forestales, etc. Se administra en 2 dosis con 1 mes de intervalo, con dosis al año y a los 3 años. No existe ninguna contraindicación a la administración de la vacuna antirrábica, ni siquiera durante el embarazo.
Actualmente, estas vacunas se toleran mucho mejor que hace 20 años.

La rabia en los animales

La rabia provoca, en los animales, modificaciones en su comportamiento natural. Si se trata de un animal doméstico, se vuelve anormalmente agresivo, con tendencia a morder continuamente; si es salvaje, ataca sin temor al hombre. Estas actitudes deben llamar la atención, sobre todo si se acompañan de trastornos de la marcha e hipersalivación.
Actualmente, la vacunación de algunos animales salvajes es posible gracias a una vacuna oral, distribuida en forma de bolitas, que se dejan en su zona de desplazamiento.
Los animales salvajes responsables de la enfermedad son, principalmente, el zorro (Europa), el lobo (Asia), el perro salvaje (América del Sur) y los murciélagos (América del Sur).
Pero todos los animales domésticos (caballo, cordero, gato, perro, etc.) pueden ser víctimas de esta enfermedad si son mordidos por un animal salvaje rabioso.

Control de los animales sospechosos

Debe hacerse todo lo posible para capturar y vigilar a un animal cuando se sospecha que ha mordido a alguien. Este animal debe someterse a observación durante 15 días. Si parece declararse la rabia, se sacrifica y se buscan pruebas de la presencia del virus. Si este examen es negativo o si el animal en observación está sano y no manifiesta ningún síntoma, se puede interrumpir el tratamiento de la persona mordida. Cuando el animal ha huido, hay que considerarlo a priori como rabioso.

Barreras sanitarias

En los países donde el virus de la rabia es un peligro permanente, es obligatorio tomar determinadas precauciones sanitarias. Los gatos y los perros domésticos deben vacunarse cada año, los perros vagabundos son sacrificados y los profesionales expuestos se vacunan regularmente.
Los países donde no existe este virus imponen la cuarentena a todos los perros, gatos y demás mamíferos importados.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades infecciosas

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