Toxoplasmosis

Contagio

La toxoplasmosis se debe a un parásito, Toxoplasma gondii, que vive en el intestino del gato. Los huevos del parásito, depositados en el suelo cuando el gato elimina los excrementos, son ingeridos por los animales herbívoros, especialmente el cordero.
El hombre se infesta al ingerir los huevos que se hallan en las verduras o en las frutas, al comer carne cruda o poco cocinada (sobre todo, de cordero) o, incluso, por tener las manos sucias, en el caso de las personas que están en contacto con un gato. En los últimos años se ha asistido a un aumento de los casos de toxoplasmosis, no entre la población general, sino en los pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (sida). En ellos, puede dar lugar a infecciones muy graves, especialmente si afectan al sistema nervioso central (meningitis y encefalitis). No obstante, con la aparición de nuevos medicamentos frente al virus, la afectación del sistema inmunitario se controla mejor y la infección por el toxoplasma parece remitir.

Síntomas

La infección no provoca ningún síntoma, excepto la aparición de pequeños ganglios en la nuca, que carecen de gravedad y desaparecen espontáneamente. En algunas personas, la toxoplasmosis da lugar también a una fiebre ligera (38 °C como máximo), dolores musculares y fatiga pasajera. También puede generar una inflamación de la retina (retinitis) y de los vasos sanguíneos que se hallan situados detrás de la retina (coroiditis).

Complicaciones

Las complicaciones sólo aparecen en los pacientes cuyo sistema inmunitario está debilitado. En este caso, el parásito afecta al cerebro, donde provoca la formación de abscesos, que pueden ocasionar parálisis, convulsiones y trastornos de la conciencia. El paciente presenta fiebre alta, hinchazón de los ganglios linfáticos y fatiga intensa. Se trata, excepcionalmente, de un primer contacto con el parásito, pero, por lo general, es una recrudescencia de una infección antigua (primoinfección) que, en su momento, pasó inadvertida.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se establece después de efectuar un análisis de sangre, que revela la presencia de anticuerpos antitoxoplasma. No existe una vacuna contra la toxoplasmosis. En la mayor parte de los casos, la curación es espontánea y la enfermedad no justifica un tratamiento específico.
El tratamiento con antibióticos es necesario en: la mujer embarazada infectada, los recién nacidos y los niños gravemente afectados. En las personas cuyo sistema inmunitario está debilitado, el tratamiento con antibióticos debe prolongarse casi indefinidamente. En la mujer embarazada, los antibióticos permiten reducir en el 50% el riesgo de transmisión de la toxoplasmosis al feto.

Prevención

La detección de la toxoplasmosis en la mujer embarazada no es obligatoria en todos los países. Debe realizarse sistemáticamente antes del embarazo, durante las pruebas prenatales, para asegurar un control regular de la futura madre y, si es preciso, prescribir un antibiótico desde el principio de la infección.
Debido a la gravedad que reviste la toxoplasmosis congénita si no ha habido vacunación, las mujeres embarazadas no protegidas deben tomar dos tipos de precauciones:
Comer carne bien cocida, evitar las verduras, no tocar el lugar donde duerme un gato y, en todo caso, lavarse cuidadosamente las manos después de cualquier contacto con el animal o sus excrementos, y después de manipular tierra o alimentos que puedan estar contaminados.
Someterse a un control regular durante el embarazo y a la prueba de detección mensual, hasta el momento del parto.

Detección en la mujer embarazada

Si el examen serológico es positivo antes del embarazo, la mujer ya ha padecido la toxoplasmosis y no existe ningún riesgo.
Si el examen serológico es negativo, ello significa que la mujer no ha sufrido nunca la toxoplasmosis y, por lo tanto, debe tomar las precauciones necesarias para evitar contraer la enfermedad.
Si una prueba negativa se vuelve positiva durante el embarazo, hay que controlar a la madre y al feto mediante ecografías y, sobre todo, obtener una muestra de sangre del cordón umbilical, hacia la semana 22 de gestación, para saber si el feto está afectado.

Toxoplasmosis congénita

Cuando una mujer está afectada de toxoplasmosis durante el embarazo, puede transmitir la enfermedad al feto. Se habla entonces de toxoplasmosis congénita. El riesgo de transmisión no es sistemático y depende del estadio del embarazo. Es poco frecuente y reviste gravedad durante el primer trimestre de gestación. En este estadio, la toxoplasmosis congénita puede ser responsable de un aborto. Durante el segundo y el tercer trimestre de gestación, la transmisión de la toxoplasmosis es posible, pero las consecuencias son menos importantes para el feto.

Infección del feto

El contagio del feto (toxoplasmosis congénita) puede producir lesiones cerebrales, oculares y hepáticas irreversibles, responsables de ciertos trastornos: retraso mental, minusvalía motora, convulsiones y alteraciones de los ojos, que pueden aparecer varios años después del nacimiento.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades infecciosas

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