Parálisis Facial

El nervio facial es uno de los doce nervios unidos directamente al cerebro. Controla, en especial, los movimientos de los músculos de la cara, el cierre de los ojos y de la boca, la secreción de las lágrimas y la saliva, y una parte de las sensaciones del gusto. En algunas enfermedades, este nervio deja de transmitir información del cerebro hacia las zonas que controla, o a la inversa. De ello resulta una parálisis facial, de la que existen dos tipos: parálisis central, que afecta a la mitad de la cara en el sentido longitudinal, predomina en la parte inferior y suele estar asociada a una parálisis de la mitad del cuerpo (hemiplejía) del mismo lado; parálisis periférica, que afecta también a la mitad de la cara, igual en la parte inferior que en la superior.

Parálisis facial central

Se debe a la interrupción de las fibras nerviosas que unen la corteza cerebral con el núcleo del nervio facial. Afecta a la parte de la cara opuesta al lado donde se encuentra la lesión. Se caracteriza por una parálisis de la mitad de la cara, en su mitad inferior (respeta los párpados y la frente): suele afectar a los músculos de la mejilla y del contorno de la boca. Tiene la particularidad de ser muy visible cuando se le pide al paciente que haga un movimiento preciso del rostro, mientras que los movimientos automáticos y los reflejos (p.
ej., la sonrisa) están conservados.
La parálisis facial central puede tener numerosas causas. La más frecuente es una lesión producida por un accidente vascular cerebral. Su tratamiento es el de la causa. Esta parálisis puede desaparecer, especialmente cuando se debe a un accidente vascular agudo. Sin embargo, son frecuentes las secuelas (persistencia de la parálisis).

Parálisis facial periférica

Signos. También se denomina parálisis de Bell. Se produce en el lado de la cara donde se encuentra la lesión nerviosa. Se caracteriza por una asimetría de la cara cuando está en reposo, con los rasgos desviados hacia el lado normal. En el lado afectado, la cara carece de expresión, la comisura de los labios y las arrugas de la frente están caídas, y los labios aparecen ligeramente abiertos.
En algunos casos, la secreción de saliva y de lágrimas está disminuida en el lado afectado. El paciente tiene dificultad para comer y hablar, debido a la parálisis de los músculos de la cara.
Causas. Pueden ser numerosas: una infección (virus del sida, virus del herpes, otitis media aguda, ciertas bacterias); un golpe (fractura del hueso temporal, situado en el lado del cráneo); un tumor, o una enfermedad de los vasos sanguíneos.
Parálisis llamada a frigore. Constituye la forma más frecuente de la parálisis facial periférica y no tiene ninguna causa neurológica conocida. Se cree que puede ser consecuencia de una infección vírica.
Aparece de forma brusca, en ocasiones, después de una exposición a una corriente de aire (p. ej., a través de la ventana abierta de un coche); a menudo es precedida por dolor detrás de la oreja. La evolución de esta forma de parálisis facial es – generalmente– positiva, la recuperación es buena y las recaídas son infrecuentes.
Tratamiento de la parálisis facial periférica. Consiste en sesiones de reeducación (fisioterapia). Cuando la parálisis es parcial, el paciente recobra habitualmente todas sus facultades y no queda ninguna secuela. En caso de parálisis total, puede administrarse un tratamiento con corticoides (este tratamiento sólo se prescribe cuando el médico ha descartado la existencia de una causa infecciosa). En este caso, la parálisis suele desaparecer, aunque las secuelas son frecuentes.

Secuelas

Las secuelas suelen persistir cuando la parálisis es muy evidente y el paciente sufre diabetes o hipertensión. Algunos pacientes no controlan las lágrimas, que brotan a menudo de forma espontánea durante la masticación (síndrome de las lágrimas de cocodrilo). Este trastorno no tiene tratamiento. En otros casos, los músculos de la cara, aunque están paralizados, se contraen de forma incontrolada: este trastorno puede tratarse, en muchos casos, con la administración de medicamentos por vía oral o con la inyección de una toxina en el músculo afectado. Algunos pacientes no pueden cerrar un párpado, lo que a veces da lugar a lesiones oculares.

La expresión facial

Según el dicho popular, la cara es el espejo del alma.
Probablemente no sea realmente así, pero en la cara tiene lugar un fenómeno complejo: la expresión facial. Para las infinitas muecas y gestos de la cara, se concentran en ella y a su alrededor diferentes estructuras que le dan consistencia y que permiten los movimientos de la piel y de los órganos que la componen: varias decenas de músculos, cada uno de ellos con diversas funciones, que suelen desarrollarse de forma combinada. En algunos gestos pueden participar hasta una decena de músculos diferentes. Todos estos movimientos están controlados básicamente por dos nervios: el nervio trigémino, encargado de la sensibilidad, y el nervio facial, encargado de las funciones motoras.
También intervienen los músculos que controlan los movimientos oculares: son fibras nerviosas que se originan directamente en el tronco cerebral.
Por lo tanto, la parálisis de un nervio facial puede considerarse una auténtica tragedia, no sólo estética sino también gestual y funcional, que afecta sobre todo a la comunicación facial.

Signos asociados

La parálisis facial puede asociarse a una hiperacusia molesta (percepción exagerada de los sonidos), a una disminución de la secreción de saliva y de lágrimas, a una disminución de la sensibilidad del conducto auditivo externo y a la pérdida del gusto en la parte anterior de la mitad de la lengua del lado paralizado (lo que puede evaluarse empleando un algodón empapado en soluciones azucaradas, saladas o ácidas).

Riesgo de lesiones oculares

En la parálisis facial, pueden aparecer lesiones del ojo. Están asociadas a la ausencia de humidificación de la córnea (debido a la disminución de la secreción de lágrimas) y/o al hecho de que los párpados no pueden cerrarse correctamente, por lo que no se asegura su función protectora.
Estas lesiones, que consisten en ulceraciones o infecciones de la córnea, deben prevenirse sistemáticamente mediante la instilación de lágrimas artificiales varias veces al día, la utilización de un parche ocular durante la noche o, incluso, la sutura temporal de los dos párpados. Ésta se mantendrá
mientras el paciente no pueda mover el párpado superior.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades neurológicas

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