Actuar ante la depresión

El mundo psíquico, y en estos casos en mayor medida, está poblado de numerosas fantasías, temores, fantasmas... que forman un complejo entramado el cual, únicamente a través de una escucha continuada en el tiempo, desvelará lo que es más relevante para cada cual en su forma de percibir la vida y qué tipo de factores han incidido en la aparición de la enfermedad.
Desde los estudios clínicos (psicología, psiquiatría, psicoanálisis) se establecen los parámetros más representativos para la población afectada que, en el caso de las mujeres, hay que plantear con consideraciones específicas por factores de orden biológico, social y cultural.
Cuando se trata de una reacción frente a pérdidas importantes, hay que dar salida a la pena, transitarla para luego elaborarla, porque si de inmediato se intenta suprimir, quizá el problema quede enquistado y genere una depresión permanente.
Pero no sólo hay que tener en cuenta la actitud de la persona afectada, sino que también es muy importante la actitud que tomen las personas de su entorno más inmediato.

Actitudes de la persona afectada

Las actitudes de la mujer afectada pueden ir desde un pleno reconocimiento de la depresión hasta un rechazo que trate de camuflar lo que tal vez ya es evidente para los demás. En el primer caso, puede decirse que ya existe un camino importante recorrido, que es el que permitirá plantearse la necesidad de curación. La paciente debería adoptar las siguientes actitudes:
Reconocer que se encuentra mal y admitir su malestar emocional.
Buscar especialistas en salud mental que puedan ayudarla cuando ha comprobado que sus recursos internos son insuficientes para resolver el problema, pero sin esperar demasiado tiempo ya que existe riesgo de cronificación. Hay que pensar que unas entrevistas a tiempo pueden actuar a nivel preventivo y evitar la emergencia de un estado depresivo más profundo.
Tratar de no exigirse más de lo que se es capaz de hacer mientras dure ese estado, pero tampoco compadecerse constantemente.
Tratar de no maltratarse psicológicamente, aplicándose calificativos negativos que a menudo conectan con mensajes captados desde la infancia. Muchas personas se deprimen en algún momento de su
existencia, y eso no significa que estén incapacitadas para la vida.
Procurar hablar de cómo se siente con personas de su confianza si se cree que esto puede aliviar la situación. Pedirles su ayuda para que no se produzca un efecto de «bola de nieve», acumulando tareas domésticas que impiden a la mujer vivir con comodidad y que ella no se siente en condiciones de realizar ni tiene por qué asumirlas absolutamente si convive en pareja. Si se tienen hijos pequeños, no delegar totalmente la responsabilidad, pero tratar de compartir con una persona de confianza algunos de los cuidados que ellos requieran.
Pedir la baja laboral el tiempo que sea preciso hasta reponerse, aunque este factor dependerá del bienestar que proporcione el trabajo, ya que con frecuencia el desarrollo profesional es terapéutico en sí mismo.
Escribir cada día los sentimientos y tratar de establecerse un plan de acción diario que posteriormente sirva para comparar situaciones e intentar localizar qué es lo que la perjudica o la beneficia.
Intentar mantener unos cuidados básicos hacia la salud: horas de descanso, alimentación equilibrada..., y no abusar del alcohol, el tabaco u otras sustancias adictivas.
Procurar no interrumpir las actividades que resultan más gratificantes: aficiones, deportes...
Intentar observar qué tipo de situaciones se van repitiendo y desencadenan más angustia, ya que esto será de utilidad en un trabajo terapéutico.
Entender que los fármacos los prescribe únicamente un facultativo y aun así no resuelven el problema de fondo aunque pueden formar parte de un tratamiento global.

Actitudes de las personas allegadas

Las personas que conviven con un depresivo deberían adoptar las siguientes actitudes hacia el paciente:
Comprender que la depresión puede convertirse en una dolencia mental y que no se solventa sólo con fuerza de voluntad y sin tratamiento específico.
Escuchar y atender a la afectada, porque la mujer que sufre no precisa que la compadezcan, sino que la entiendan y la apoyen, sin anular su identidad aunque ésta sea frágil.
Ayudarla a tomar conciencia de su situación si tiene dificultades para ello.
Intentar que recupere la fe que ha perdido en sus capacidades, invitándola a realizar ciertas tareas que no sobrepasen los límites de sus fuerzas actuales.
En los casos de fuertes componentes autodestructivos, como dejar de alimentarse adecuadamente o amenazar o intentar suicidarse, hay que mantener una vigilancia extrema siguiendo las indicaciones de los profesionales que la atienden. Hay mujeres depresivas que en numerosas ocasiones intentan quitarse la vida, pero cada amenaza constituye un peligro real.

Factores psicosociales

Hay algunos factores psicosociales diferenciales que inciden en la aparición de la depresión en la mujer:
Tendencia a depender del entorno, de los demás, lo que conduce a la pérdida de su lugar.
Dificultad para canalizar la agresividad sin revertirla hacia sí misma.
Inseguridad para establecer límites en defensa del propio espacio psicológico.
Importante carencia de valoración personal o narcisismo: excesiva preocupación por sí misma.
Acusar el conflicto de mensajes sociales contradictorios mostrándose discreta y a la vez competitiva, adaptable y audaz, sumisa pero siendo al mismo tiempo el sostén moral de la familia...
Responsabilidad de la crianza de los hijos, que, aunque sea compartida por el padre, no puede establecerse en el mismo plano. Aunque las estructuras familiares se están transformando, maternidad y paternidad sostienen implicaciones diferentes en las representaciones simbólicas; por ejemplo, en una mujer no produce la misma reacción emocional irse a trabajar dejando en casa a un hijo pequeño enfermo que en un padre, aunque ambos sientan amor por él.
Alto nivel de exigencia en todos los campos y propensión a culpabilizarse si algo no ha salido según sus expectativas: armonía familiar, profesión, etc.
Ejercer determinadas profesiones con una gran implicación en la relación interpersonal: profesoras de educación infantil y secundaria, técnicas sanitarias, etc.

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