La gota: una enfermedad reumática en auge

La gota es una de las enfermedades reumáticas más antiguas sobre las que se tiene conocimiento. Hipócrates, el gran médico griego, ya la citó en sus escritos allá por el siglo V a.C.
La gota resulta de un desequilibrio metabólico de las purinas. Presentes naturalmente en la alimentación, en particular en la carne, las purinas, al metabolizarse, se convierten en ácido úrico, que el cuerpo elimina naturalmente mediante la orina. Sin embargo, cuando este ácido se acumula en el organismo, bien porque la cantidad aumenta (hiperuricemia), bien porque los riñones no lo eliminan, pueden formarse cristales en las articulaciones. Aparecen entonces las crisis, que provocan episodios de dolor muy intenso, enrojecimiento, rigidez e inflamación de las articulaciones.
El dedo gordo es el que más suele verse afectado, pero hay otras articulaciones que también pueden resentirse. Además, la hiperuricemia puede dar lugar, a largo plazo, a la formación de cristales bajo la piel, en el borde de la oreja, cerca de los codos, en los dedos de los pies y de las manos, etc.
La gota es una enfermedad que va en aumento en los países occidentales y en otras partes del mundo, como en Japón, China, África y la Polinesia. Las causas de este incremento son múltiples, entre ellas figura el aumento de la esperanza de vida y de los casos de hipertensión arterial, que implican el uso de tratamientos diuréticos que disminuyen la eliminación de ácido úrico. Las modificaciones alimentarias también son responsables. El consumo de carne en los países emergentes va en ascenso, lo mismo que la sobrealimentación en los países occidentales.

Causas múltiples y a menudo misteriosas

Como decíamos, las causas de la gota son múltiples y difíciles de identificar. Sin embargo, se sabe que la herencia y la alimentación juegan un papel importante en la aparición de la enfermedad. En efecto, la predisposición genética explicaría que haya familias de pacientes “gotosos”.
Algunos regímenes alimentarios (exceso de proteínas animales o de alimentos ricos en purinas como la alcachofa, las lentejas o la cerveza), el abuso del alcohol, la resistencia a la insulina o el consumo de medicamentos (diuréticos, antiinflamatorios a base de aspirina, ciclosporina, corticoterapia), constituyen igualmente factores de riesgo. Las personas con sobrepeso u obesidad tienen más posibilidades de desarrollar la enfermedad; de hecho, se ha constatado un aumento de los dos fenómenos.
La gota puede, asimismo, ser consecuencia de una enfermedad renal, que provoca una alteración de la capacidad de eliminar al ácido úrico.
Los hombres sufren gota más que las mujeres: entre los 30 y los 50 años, ellos representan cerca del 90% de las personas afectadas por la enfermedad.

Un tratamiento simple y bien codificado

En casos de crisis, el primer tratamiento no médico es el reposo en la cama. Asimismo, se debe comer ligero (verduras, mucho líquido y nada de carne ni de grasas animales).
En casos de hiperuricemia crónica, es necesario modificar la dieta de inmediato y a largo plazo. Hay que restringir el consumo de alcohol –sobre todo la cerveza y el alcohol fuerte–, y de gaseosas y eliminar las purinas animales (hígado, riñones, mollejas, corazón, mariscos, arenque, sardinas, caballa, espárragos, espinacas…). También es conveniente reducir el sobrepeso.
De manera complementaria, los medicamentos permiten:

  • Tratar las crisis agudas

La colchicina es la droga específica para el tratamiento de la gota. Sin embargo, dado que suele tolerarse mal (en dosis elevadas causa diarrea), su uso es limitado. El uso de antiinflamatorios orales no esteroideos como el ibuprofeno (la aspirina está contraindicada en casos de gota) a menudo basta para calmar el dolor.
Si no fuera el caso, el médico puede considerar la posibilidad de recurrir a la corticoterapia, que es un antiinflamatorio potente; sin embargo, existe un fuerte riesgo de recaída tras la irrupción del tratamiento, por eso la cortisona apenas se receta.

  • Disminuir las concentraciones en sangre del ácido úrico

Hay principios activos que pueden facilitar la expulsión del ácido úrico (benzbromarona y probenecid) e impedir la formación de cristales (alopurinol y febuxostat). Estos tratamientos permiten curar la gota y deben tomarse de por vida. Atención, durante los primeros meses pueden aumentar las crisis.
Así pues, esta enfermedad en aumento es relativamente fácil de curar, sobre todo si se detecta a tiempo. Solo los casos de intolerancia a la colchicina o al alopurinol pueden plantear problemas a los pacientes. La educación terapéutica es capital en el tratamiento de la gota (observancia y dieta adaptada, principalmente), por lo que es importante comprenderla bien y seguir las recomendaciones del médico.
D. Bême
Dr. J.P. Rivière

Otros contenidos del dosier: Reumatismos

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