Síntomas de la menopausia

¿Por qué se produce?

A partir de cierta edad (variable en cada mujer), la función de los ovarios sufre una serie de transformaciones progresivas que motivan un desequilibrio hormonal (descenso de la producción de estrógenos, progesterona y testosterona) cuyo resultado constituye la menopausia.
El cese de las reglas no suele ser un fenómeno brusco sino que, de manera más o menos repetitiva, empiezan a aparecer fallos en la presentación rítmica de la regla. Fallos que en un principio se caracterizan por ser más o menos frecuentes en el tiempo, pero que progresivamente van haciéndose más habituales hasta que llega un momento en que el proceso se invierte y, en una fase más avanzada, se produce la presencia de alguna regla esporádica hasta que finalmente desemboca en el cese de la menstruación.
En general se acepta, para hablar de menopausia, el cese durante doce meses de la actividad menstrual, determinándose a partir de ese momento el inicio propiamente dicho de esta situación.
El climaterio es un período de la vida de la mujer en que tiene lugar la desaparición de la función reproductora; además se producen importantes cambios en la secreción de las hormonas sexuales que condicionan modificaciones relevantes a nivel del tracto genital, la circulación periférica, el metabolismo del hueso, el sistema cardiovascular, la piel, así como determinadas manifestaciones psíquicas.

¿Qué ocurre durante la menopausia?

La sintomatología de la menopausia aparece cuando los ovarios de la mujer disminuyen la producción de hormonas femeninas (estrógenos y progesterona). La disminución en la producción de estrógenos es la que dará lugar a la aparición de todos los síntomas acompañantes y los cambios a largo plazo del organismo.

Síntomas a corto plazo

Los sofocos son la manifestación más común y por los que las mujeres en edad menopáusica consultan con más frecuencia. Se describen como la aparición brusca de una sensación de calor en la cara y en el cuello que se extiende al tórax, con una duración de treinta segundos a dos minutos, seguidos a veces de sudoración profusa y enrojecimiento.
Los sofocos aparecen en un 75 u 85 % de las mujeres menopáusicas, incluso en ocasiones lo hacen años antes de la última regla, y en el 45 % de los casos persisten durante largos períodos de tiempo. La sudoración es un signo que habitualmente va asociado a los sofocos y que suele presentarse con mayor frecuencia durante la noche en la cama.

Síntomas a medio plazo

La atrofia vaginal no aparece al principio, sino tras un período de déficit de estrógenos.
Existe una disminución de elasticidad y una sequedad que suelen provocar dolor en las relaciones sexuales; esto, con frecuencia, implica una disminución de la libido y un aumento de la ansiedad, con lo cual la estima personal disminuye afectando directa e indirectamente a la pareja.
En la posmenopausia se producen también cambios en la uretra y la vejiga, apareciendo síntomas de urgencia y frecuencia al orinar e incontinencia urinaria. La consecuencia más importante de las alteraciones del aparato genitourinario es la incontinencia urinaria, que aparece entre el 14 y el 25 % de las mujeres posmenopáusicas.
El déficit de los estrógenos producirá importantes alteraciones en la epidermis y en la dermis debido a la disminución del contenido de colágeno de la piel, pérdida que también afecta al aspecto y la tersura de los senos. Como consecuencia de ello, la piel aparece más seca y más fina, y en ocasiones se produce un aumento del vello facial y una disminución del vello púbico.

Síntomas a largo plazo

Hay una serie de síntomas de la menopausia que aparecen al cabo del tiempo. Los más habituales son los que se describen a continuación.

Osteoporosis

La osteoporosis es un trastorno metabólico óseo caracterizado por la reducción cuantitativa del tejido óseo, con el consiguiente aumento de la fragilidad ósea y, por tanto, la posibilidad de padecer una fractura, aunque sea por traumatismos mínimos.
La osteoporosis posmenopáusica es el resultado de la disminución de la masa ósea por dos procesos biológicos que se presentan conjuntamente:

  • La pérdida de hueso en relación con la edad (esto ocurre en ambos sexos).
  • La aceleración que ocurre en la posmenopausia debido al déficit de estrógenos.

También se llama la «epidemia silenciosa del siglo XX», porque la pérdida de masa ósea tiene una falta de síntomas muy prolongada. Las pacientes pueden desconocer que la padecen hasta que se produce la fractura o se descubre una vértebra gravemente dañada.
Cuando la osteoporosis es detectable por una radiografía, ya se ha perdido un 25 % de masa ósea; por ello, antes de que se produzca la fractura, es importante el diagnóstico precoz de la enfermedad.
De esta enfermedad se habla más detalladamente en el apartado de «Dolencias» de este mismo libro.

Cardiopatía isquémica

La cardiopatía isquémica es una enfermedad cardíaca caracterizada por la obstrucción de las arterias coronarias encargadas de nutrir de sangre al corazón. Cuando la obstrucción de un vaso coronario es total, una zona del corazón se queda sin riego sanguíneo y, como consecuencia de ello, se necrosa o muere, denominándose a este cuadro infarto agudo de miocardio.
Los estudios epidemiológicos demuestran un aumento de las enfermedades cardiovasculares con el avance de la edad, así como un incremento del riesgo de enfermedad cardiovascular después de la menopausia coincidiendo con el déficit de estrógenos. La enfermedad cardiovascular en la mujer antes de la menopausia es menos frecuente que en el hombre a la misma edad en una relación de 1 a 3 y,
posteriormente, a medida que la edad avanza, tienden a igualarse, lo que se produce hacia los 70 años.

Medidas terapéuticas

Son importantes las medidas encaminadas a promover actitudes y hábitos saludables en relación con la alimentación, el ejercicio físico y los hábitos tóxicos, ya que con ellos se previenen los dos problemas a la vez: la osteoporosis y la cardiopatía isquémica.
Alimentación. Una dieta equilibrada rica en calcio y pobre en grasas es fundamental para prevenir las dos enfermedades. Evitar la obesidad o conseguir el peso óptimo debe ser la primera acción preventiva para abordar el problema de la menopausia.

  • Calcio. Es el componente mineral más importante del hueso. El déficit de calcio o la mala absorción de éste se halla relacionado con el desarrollo de la osteoporosis. Está demostrado que el consumo de lácteos durante la infancia retrasa la pérdida de masa ósea en la posmenopausia. Los requerimientos de calcio, que se encuentra básicamente en la leche y sus derivados, son: 1.000 mg/día en mujeres premenopáusicas y hombres y 1.500 mg/día en mujeres posmenopáusicas.
  • Vitamina D. La vitamina D tiene un papel fundamental en la absorción del calcio y su incorporación al hueso. La exposición al sol y una alimentación equilibrada son suficientes para cubrir las necesidades de vitamina D.
  • Grasas. El efecto de las grasas sobre el aparato cardiovascular depende del tipo de grado de saturación de éstas.
  • Colesterol. Los estrógenos aumentan el HDL colesterol y disminuyen el LDL colesterol; su déficit produce el efecto contrario.
  • Ácidos grasos saturados. Favorecen la ateromatosis (formación de placas de grasa en las arterias). Son sobre todo las grasas de origen animal.
  • Ácidos grasos insaturados. Disminuyen el riesgo de ateromatosis. Son fundamentalmente las grasas de origen vegetal, como el aceite de oliva.

Ejercicio físico. La práctica habitual de ejercicio físico desde la infancia es un factor que influye favorablemente sobre el estado de salud. Está demostrado que el ejercicio físico aumenta la masa ósea paulatinamente hasta los 30 años, en que se alcanza el pico de masa ósea. Intentar mantener una masa ósea elevada a lo largo de la vida será la mejor medida para prevenir las fracturas asociadas a la osteoporosis.
Al mismo tiempo, el ejercicio hace trabajar regularmente el corazón y aumenta los niveles de HDL colesterol, por lo que puede evitar la aparición de enfermedades cardiovasculares, contribuyendo también a disminuir el sobrepeso y la hipertensión.
Hábitos tóxicos. Intentar evitar los hábitos tóxicos, tabaco, alcohol, bebidas excitantes, etc., debe ser uno de los objetivos del enfoque preventivo y terapéutico de la menopausia.
El hueso es un tejido vivo que se forma y se destruye continuamente en un equilibrio permanente.
Tabaco y alcohol estarían implicados en la alteración de ese equilibrio, incrementando la fase de destrucción ósea, ya que actuarían como tóxicos para las células óseas.

  • Tabaco. El tabaco en cantidad superior a diez cigarrillos al día tiene un efecto antiestrógenico que quizá se relacione con el hecho de que la menopausia aparece antes en mujeres fumadoras que en las que no lo son, incrementando por ello el riesgo de osteoporosis..
  • Alcohol. El alcohol favorece el déficit de calcio y desempeña un papel importante en la pérdida de masa ósea, contribuyendo al desarrollo de la osteoporosis. También colabora en el desarrollo de la hipertensión arterial y la obesidad.
  • Bebidas excitantes. El café, el té, las bebidas con cola y las bebidas gaseosas aumentan la excreción de calcio por la orina. Se pueden tomar, pero con moderación.

Trastornos del sueño

No es extraño que durante la menopausia se padezca insomnio. Éste suele presentarse en forma de dificultades en la conciliación y el mantenimiento del sueño. La aparición del insomnio produce a su vez irritabilidad, malestar y alteraciones en el rendimiento durante el día.
La causa del insomnio durante la menopausia se debe a diversos factores, entre los que destaca la acción de los cambios hormonales y de los sofocos. En ocasiones también está determinado por ciertos factores psicológicos.

Otros contenidos del dosier: Menopausia

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