Descodificación biológica del beso: un preludio erótico extraño

“Sólo un beso”, suele pedir el nuevo amante. “Que se besen”, reclaman a los recién casados los invitados a una boda. Menos inocente de lo que parece, el beso desencadena una cascada de acontecimientos tanto biológicos como cerebrales. Verdadero preludio erótico, este gesto erótico da cuenta de nuestro lado más pudoroso o audaz bajo las sábanas, al tiempo que determina el grado de apego que establecemos con la otra persona.

El beso, un acto determinante

El beso supone un antes y un después para los amantes. “Besarse significa iniciar un nuevo estatus, atravesar un umbral en la relación”, insiste Vincent. Tras un beso la relación de dos personas ya no es la misma. ¿Por qué? “El beso invita a experimentar una intimidad física muy singular, muy diferente del acto sexual”, afirma la especialista. La atracción física recíproca es tal que incita a probar el interior de una boca que no es la propia, y a superar la repulsión natural que produce la saliva ajena. El beso supone sellar un acuerdo tácito, es, de alguna manera, la quintaesencia de la intimidad sexual.

El baile de las hormonas

El beso posee una biología del erotismo propia, que desencadena muchas reacciones complejas. Por la saliva que se intercambia corre mucha información, por ejemplo, hormonas implicadas tanto en el deseo sexual como en las uniones duraderas: la testosterona y los estrógenos. “La testosterona está muy implicada en la motivación sexual y el beso serviría para mantener el deseo de hacer el amor”, declara Vincent. En cuanto a los índices de estrógenos, su rol también es determinante. Aspectos como la necesidad de unión y el deseo de implicarnos emocionalmente vienen en parte determinados por algunos rasgos de la personalidad, y también están relacionados con el índice de estrógenos en la saliva. No está de más decir que el beso es una manera que tiene el amante de anunciar, desde el principio, las intenciones que tiene con el otro.

La boca: órgano audiovisual del deseo

La boca cambia de forma según la emoción que sintamos, mientras que el sonido que emite indica el estado emocional de la persona. “Como si la personalidad, las motivaciones, los deseos y la inteligencia del otro llegaran a nosotros mediante este órgano”, desarrolla la neurobióloga. El cerebro recibe información a través de las formas de la boca, de lo que oye y de lo que prueba. De ahí la importancia que tienen las palabras de deseo, la mímica y el gusto de los labios y de la lengua. Todos esos factores indican la intensidad de nuestro deseo.

El beso constituye “un modo idóneo de acercar íntimamente dos cuerpos y dos mentes, dejándolos bajo la influencia favorable de las hormonas”, confía Vincent. De manera que, ¿qué esperamos para besarnos?

C. Maillard

Otros contenidos del dosier: El arte del beso

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