El culeo

Obviamente, la postura del culeo requiere unos esfuerzos gimnásticos y exige de la mujer una buena musculatura abdominal. 

Para empezar hay que prever una alfombra espesa o un edredón cómodo para extenderlo en el suelo. La mujer no se quita sus pantalones ligeros, como un pijama de percal, por ejemplo. Se lo baja hasta los tobillos, con las piernas abiertas. Sus talones están trabados por la prenda. Ella se dobla, colocando su cabeza entre los pies, de forma que su cuello queda sujeto por el pantalón.  

El hombre, detrás de ella, gozando de una vista magnifica, toma las piernas de su compañera y la recuesta cuidadosamente, haciendo el “culeo”. 

Con sus manos, la mujer extendida en el suelo mantiene los pies lo más cerca posible de la cabeza, uno a cada lado, las nalgas apenas alzadas. Las más flexibles quizás conseguirán, sin el pantalón, colocar sus pies debajo de la cabeza. En esta posición, la vulva de la mujer está abierta de par en par y se ofrece al hombre, que puede elegir entre ponerse de cuclillas y penetrar inmediatamente a la mujer o hacerle un cunnilingus. Para ello, se pone de cuclillas sobre su compañera, en posición invertida con las nalgas encima de la cabeza, cuidando de no aplastarla con su peso. Estimula suavemente con la lengua y la boca los labios menores y el clítoris, sigue hasta el perineo, entre la vagina y el ano, una zona llena de terminaciones nerviosas y por eso, muy sensible. Ambos amantes saborean a la vez los frotamientos de los glúteos, los testículos y el pene del hombre contra el vientre o los muslos de la mujer.

Después, el amante se pone de nuevo frente a la mujer, de cuclillas, e introduce su pene sencillamente y con profundidad en la vagina. Es la ventaja de esta postura, que no deja mucho, al contrario, acariciarse. La vagina de la mujer, con todas estas estimulaciones, está muy dilatada y lubricada: el vaivén del pene es natural y provoca una sensación de extraordinario dulzor para cada uno. El ritmo se acelera con la subida del orgasmo hasta que el hombre literalmente explota y mezcla su semen a las secreciones vaginales. Exhaustos tanto por la postura como por la intensidad del placer, los amantes podrán al fin acurrucarse uno contra el otro, unidos por una tierna y apacible complicidad.

Sin embargo, si la postura es demasiado difícil de mantener para la mujer, relajará sus piernas para apoyarlas sobre los hombros de su amante. Se proseguirá el coito en esta posición menos exigente. 

Anaïs Barthélémy

Otros contenidos del dosier: Kamasutra: Posturas sentados o de rodillas

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