El orgasmo de mama, ¿realidad o mito?

El orgasmo mamario no figura en nuestra lista mental de situaciones típicamente “candentes”; sin embargo, algunas mujeres lo han experimentado. En realidad, no debería sorprender, ya que “desde un punto de vista anatómico, los pechos son órganos eréctiles como el clítoris o el pene y, por ello, constituyen una zona erógena primaria de la mujer”, recuerda Heril1.

Entre baile de hormonas y zonas del cerebro

A la mínima excitación, los pezones se ponen duros y aumentan de tamaño, las venas que los envuelven se hinchan y los senos se agrandan. Lo sabemos bien, la estimulación sexual altera la química del organismo. Y en lo que concierne a la succión de los senos, recuerda a la que provocan los recién nacidos, que desencadenan la producción de oxitocina (la hormona del orgasmo) por un lado y la de prolactina por otro: dos elementos muy favorables para alcanzar el séptimo cielo.

Existen estudios formales que avalan la existencia del orgasmo mamario. Investigadores han descubierto que la estimulación de los senos activa el córtex sensorial genital, la misma zona del cerebro que se activa durante la estimulación del clítoris, de la vagina y del cuello de útero2. Recordemos que la sensación de placer también es algo mental, lo que refuerza la posibilidad de un orgasmo mamario.

Cada mujer es distinta

“En la consulta, muchas mujeres hablan de sensaciones orgásmicas, es decir, de mucha intensidad; pero muy pocas admiten haber experimentado un orgasmo, que implica un espasmo de la vagina”, precisa Héril. Las sensaciones de cada mujer son diferentes; la sensibilidad depende en gran parte de las hormonas, de la regla y de la naturaleza de la estimulación, claro está. Aunque acariciar los pezones provoca mucha excitación, lo que verdaderamente desencadena la sensación de placer es la succión. Algunas mujeres experimentan esa sensación cuando dan el pecho, lo cual puede ser muy desconcertante.

Otras, en cambio, no sienten nada. Es más: la estimulación les produce sensaciones desagradables. El culpable no siempre es el compañero. El vínculo que la mujer establece con sus pechos incidirá de manera directa en la relación que tengan con el placer. Lo que entra en juego es la relación con su propio cuerpo. Cuando la mujer cree que sus pechos son muy grandes o muy pequeños, cuando no está a gusto con cómo es, tendrá más dificultad para sentir placer. Dejarse llevar es esencial en la sensación orgásmica y conseguirlo depende de la visión que la mujer tenga de sí misma.

¿Y los hombres?

Los hombres también tienen sensibilidad en los pechos, pero dado que su sexualidad está muy centrada en el pene, apenas invierten tiempo en explorar otras zonas erógenas. En realidad, los pezones son una zona erógena secundaria en el hombre.

“Invertir” en los senos

Es inútil que los hombres se precipiten. “La estimulación pasa primero por la mirada, el apetito sexual y el deseo”, insiste Héril. Para acompañar a la mujer por el camino hacia el orgasmo, es necesario “invertir” es sus pechos. La manera de tocar y acariciar es única para cada persona. Lo mejor es “escuchar” las sensaciones de la compañera. Y ella debe guiar a su chico. “En la consulta muchas mujeres se quejan de que su pareja no se da maña”, señala el experto, que recomienda a sus pacientes que hablen con sus compañeros acerca de lo que les gusta y les da placer, ya que hay mucho de autoaprendizaje. Descubrir, mediante el autoerotismo, las propias sensaciones que otorgan los senos servirá para guiar al hombre.

C. Maillard

1 Alain Héril es autor del libro "Femme épanouie" (Éditions Payot).

2 Women's clitoris, vagina and cervix mapped on the sensory cortex: fMRI evidence - Komisaruk BR, Wise N, Frangos E, Liu W-C, Allen K, and Brody S. - J Sex Med 2011;8:2822-2830 (abstract accesible en línea).

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