Peaking o control del orgasmo: nueva clave del placer

Surfeando en una ola orgásmica

En la carrera hacia el orgasmo, solemos introducirnos con indisimulado goce de lleno en él en cuanto da las primeras señales. Sin embargo, parece que para conseguir orgasmos más intentos más vale esperar y controlar la excitación, como empiezan a hacer en Estados Unidos. Es más, este autocontrol es una práctica recomendada por eminentes sexólogos como Tracey Cox y Arnold Kegel.

El ejercicio se basa en refrenar la progresión hacia el orgasmo. Nathalie Giraud-Desforges, nuestra sexoterapeuta, lo especifica así: «Más que de aguantarse, se trata de surfear en la cresta de la ola orgásmica y retrasar la fase de resolución». Más fácil de decir que de hacer.

En la práctica

Originario del tantra (o sexo tántrico) y el taoísmo, el control del orgasmo es la punta de lanza del slow sex (sexo pausado). Aunque los antiguos ya dominaban los secretos del placer, para nosotros es algo totalmente nuevo que debemos aprender. «Lo primero para controlar el orgasmo es ser consciente de cómo se va acercando. Por tanto, debemos estar muy atentos a nuestro cuerpo y a las sensaciones que experimentamos», explica Giraud-Desforges. Una vez percibido, no se trata tanto de bloquearlo o de permanecer inmóvil como de controlar su fluctuación. «Se consigue permaneciendo concentrados en la sensación, lo que implica continuar despacio o saber aminorar el ritmo», señala nuestra experta, que recomienda realizar a continuación el siguiente movimiento: «Primero, contracción del perineo, acompañada de una profunda inspiración. Luego, relajar mientras expiramos». Ello provocará una inundación hormonal con la que la sensación de placer se expandirá por todo el cuerpo. En cierto modo, la ola orgásmica se aleja, pero después vuelve, hasta que la ola final termina por llegar».

El control, todo un arte

Durante el control del orgasmo puede disminuir la erección. «No hay que alarmarse, a veces ocurre y no pasa nada. La calidad del orgasmo nunca depende de la rigidez de la erección», recuerda Giraud-Desforges. Para recuperar confianza, podemos entregarnos a los besos y las caricias, en modo excitación. No obstante, se trata de un proceso natural que no requiere necesariamente sobreestimulación.

Insólitos beneficios

¿Por qué intervenir en la progresión del placer? «Porque así prolongamos la duración del encuentro y el orgasmo se intensifica», responde nuestra sexoterapeuta. Dos son las razones:

  • Por un lado, la inundación hormonal alcanza todo el cuerpo en vez de quedarse limitada al área genital.
  • Por otro, nuestra sensorialidad se dispara, aumentando notablemente la sensación de placer. Lo más afortunados pueden incluso alcanzar el éxtasis, sin que deba sorprendernos.

Más allá de sus efectos sobre el orgasmo, los antiguos recurrían a estas prácticas para favorecer la expansión de la conciencia y la longevidad. Eso sí, ambos miembros de la pareja debían implicarse en esta exploración de la energía sexual, también llamada energía vital.

C. Maillard

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