El periodo refractario: la recuperación tras el sexo

Las fases de la respuesta sexual

Master y Johnson en sus investigaciones sobre la sexualidad humana dividieron la respuesta sexual masculina y femenina en 4 fases; excitación, meseta, orgasmo y resolución. En cada una de ellas se pueden observar cambios físicos diferenciables.

Más tarde, la sexóloga Helen Singer Kaplan añadiría la fase del deseo, previa la excitación y en la que no hay alteraciones fisiológicas, siendo más bien una respuesta psicológica.

Así, la respuesta sexual comienza con el deseo, la intención y apetencia de tener relaciones sexuales que lleva a una respuesta física; la excitación, sobre todo representada por la erección masculina y la lubricación femenina. Con la estimulación se alcanza un nivel alto de placer llamado meseta que desencadena en el orgasmo.

El proceso de excitación logra que la sangre se acumule en los genitales y eso favorece la sensibilidad en la zona. Las contracciones orgásmicas son las que ayudan a que toda esa sangre vuelva a su lugar y tras ese momento llega el periodo refractario.

El periodo refractario es el intervalo de tiempo que pasa desde que una persona tiene un orgasmo hasta que puede lograr otra vez la excitación, en los hombres este periodo es mucho más largo que en las mujeres. Después del clímax el cuerpo pide descanso y a muchas personas incluso les entra sueño, ¡desde luego es imposible lograr la excitación así!

El efecto Coolidge

Algunos hombres se preocupan por no poder conseguir una erección poco tiempo después de eyacular, sobre todo si han podido hacerlo antes. Si esto era algo que ocurría con facilidad al principio de la relación pueden llegar a pensar que tienen  un problema de erección y dudar de su propia virilidad.

Esto se explica fácilmente con el efecto Coolidge, cuyo nombre viene de una anécdota curiosa.

Calvin Coolidge ocupó la presidencia de los Estados Unidos dese 1923 hasta 1929. En una ocasión, visitando una granja experimental del gobierno con su esposa Grace, esta se adelantó y no pudo evitar su sorpresa al observar a un gallo con una alta actividad sexual. Preguntó entonces al personal cuantas veces podía el gallo hacerlo al día y se le respondió que más de una docena de veces. Divertida, la Primera Dama dijo “No olviden comentárselo al Presidente cuando pase por aquí”.

Poco después, el Presidente Coolidge pasó por el mismo lugar y fue informado del comentario de su esposa. Tranquilamente contestó “Dígame, ¿y lo hace siempre con la misma gallina?”, “No, señor, es una gallina distinta cada vez”. “Bien, asegúrese de comentárselo a la Primera Dama”.

El efecto Coolidge es el nombre que se da al fenómeno que ocurre entre los machos mamíferos, por el cual el interés y la excitación se recuperan rápidamente si se presenta una hembra distinta a la habitual. La explicación es sencilla si pensamos en que biológicamente el macho mamífero está hecho para fecundar a varias hembras que generalmente entran en celo a la vez y este efecto les proporciona un ahorro de tiempo y energía a la hora de reproducirse.

En los humanos, esto explica porque al principio de las relaciones muchos hombres son capaces de tener una relación sexual tras otra sin apenas descanso pero después de un tiempo es imposible.

Algunos experimentos demuestran que las mujeres también pueden verse afectadas por el efecto Coolidge pero en mucha menor medida.

Consecuencias de las diferencias en el periodo refractario

Como se ha mencionado al principio, el periodo refractario es más corto en las mujeres que en los hombres. Ese es el motivo por el que se dice que las mujeres son multiorgásmicas, una vez llegan al clímax no pierden la excitación de golpe sino que pueden retomar la estimulación y conseguir otro orgasmo.

Generalmente los hombres perderán la mitad de la erección justo después de eyacular y luego poco a poco irán perdiéndola del todo. Después de eso necesitarán un periodo de reposo (refractario) para poder lograr otra excitación.

Es importante entender nuestra respuesta sexual y saber que no siempre es igual, puede cambiar con la edad, el momento e incluso la relación. El sexo no tiene porqué ser peor con una respuesta sexual u otra, simplemente tenemos que aprender a adaptarnos.

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