La importancia de la relajación en el sexo

Los nervios de la primera vez

Cuando aún no se han tenido relaciones sexuales es muy frecuente que se sientan nervios en mayor o menor medida. Todo esto se debe, sobre todo, a las expectativas que nos creamos sobre el sexo, los mensajes recibidos pueden incluso crear una sensación de miedo que no es nada positiva.

Los hombres, generalmente, reciben la idea de que en el sexo ellos tienen una gran responsabilidad. Parece que deben mantener la erección y eyacular en el momento correcto, pero, además, saber previamente cómo satisfacer a la mujer con la que están. Todo esto representa un gran peso que, a la hora de enfrentarse a lo desconocido, se traduce en nervios y estrés.

Si estos nervios son suficientemente intensos pueden interrumpir la respuesta sexual evitando la erección, por eso es tan frecuente el temido “gatillazo” en las primeras relaciones sexuales. También es frecuente la falta de control de la eyaculación, a veces incluso sin sensación de orgasmo o que cueste mucho eyacular y/o no se sienta placer. Todo esto son reacciones naturales del cuerpo al estrés.

Las mujeres, por su parte, pueden haber oído que la primera vez es muy dolorosa y se sangra. Como es lógico, ante la perspectiva del dolor ella se pone nerviosa e inconscientemente se protege contrayendo la musculatura vaginal. Es esta contracción involuntaria la que puede causar dolor si se intenta penetrar, pero si la mujer está tranquila no hay razón alguna para que duela puesto que, aun existiendo el himen, este no tiene terminaciones nerviosas y tampoco es cierto que la vagina de una virgen sea más estrecha.

Así, los nervios pueden provocar dolor en la penetración la primera vez debido a ese miedo. Generalmente, las siguientes veces ya no dolerán, pero algunas mujeres pueden extender ese temor durante mucho tiempo y con él, la molestia.

Cuando algo falla

Otra causa frecuente de esos nervios que pueden aparecer durante el sexo es que la experiencia se convierta en un examen. Esto ocurre a menudo si encontramos dificultades o disfunciones sexuales. Si ha habido un episodio de disfunción eréctil, eyaculación precoz, si nos cuesta llegar al orgasmo, si nuestra libido se ha visto resentida y, desde luego, si cualquiera de estos problemas le ha pasado a nuestra pareja.

Dependiendo también de nuestra personalidad y de cómo se haya desarrollado el problema, podemos estar más o menos nerviosos ante la posibilidad de una relación sexual. Ocurre exactamente lo mismo que hemos comentado con la primera vez, esos nervios no favorecen para nada e incluso hacen la dificultad mayor.

Con lo cual, enfrentarnos al sexo de una forma relajada y tranquila reduce las posibilidades de que se presenten disfunciones y, por supuesto, aumenta nuestro placer al poder recibir todos los estímulos necesarios.

¿Cómo relajarnos para tener sexo?

Ya sabemos cuáles son los efectos de esos nervios en nuestra vida sexual y lo hemos vivido en primera persona, pero ¿cómo podemos eliminarlos?

En primer lugar, es importante hacer una reflexión sobre qué provoca esos nervios. Además de lo mencionado, quizás estemos estresados en el trabajo y no podamos desconectar, a lo mejor tenemos algunos problemas personales sobre los que no podemos dejar de pensar o son conflictos de pareja los que nos quitan el sueño. Si es algo sobre lo que podemos trabajar directamente, plantearemos cómo hacerlo, si no podemos hacer nada, quizás es hora de dejar de pensar en ello.

Es posible que descubramos que hay un pensamiento o una preocupación en concreto que activa esos nervios, a veces, incluso fuera del terreno sexual. Esto puede ser una gran ventaja a la hora de trabajarlo, ya que podemos exponernos a ese pensamiento y tratar de controlar los nervios con técnicas de respiración o relajación.

La práctica del mindfulness, que se basa en la atención plena y en vivir el momento presente nos ayudará tremendamente a concentrarnos en la experiencia sexual y dejar esas preocupaciones de lado. Eso sí, es necesario un entrenamiento, pero podemos encontrar numerosas guías en Internet, libros e incluso lugares donde aprender.

Hacer deporte también es una buena manera de despejar la mente, a muchas personas les ayuda hacer algo de ejercicio antes del sexo, sin cansarnos demasiado, por supuesto.

En el momento de la relación sexual debemos respirar y apartar los pensamientos negativos. Una buena idea es centrar nuestra atención en una fantasía sexual (¡sí, incluso estando en pareja!) o en una parte del cuerpo de nuestra pareja que nos excite particularmente. Ocupar la mente en actividades placenteras alejará los pensamientos que nos ponen nerviosos.

Otros contenidos del dosier: Relaciones sexuales

Comentarios

Artículos destacados

Mitos sobre los genitales femeninos
Mitos sobre los genitales femeninos

Los genitales femeninos son los grandes olvidados. Ni siquiera solemos nombrarlos con propiedad y aunque en la escuela se...

Peaking o cómo intensificar tus orgasmos
Mitos sobre el pene
Fantasías eróticas: fascinación o repulsión
Porno en pareja: ¿sí o no?
¿A qué estás dispuesta para salvar tu...

Tu relación parece una montaña rusa con más caídas que subidas. Discutís todos los días. Por cualquier tontería,...

Hacer otros Test