Entusiastas de los sex shops

Durante mucho tiempo exclusivos de los hombres juzgados de pervertidos, los sex shops atraen ahora a mujeres o a parejas que pasan un rato divertido o que fantasean acerca de prácticas sexuales variadas.

De la lencería sexy al sex shop

Los sex shops de luz tenue, con cortinas oscuras en la entrada atrajeron durante mucho tiempo a determinado tipo de hombres. Hoy, estos locales se han renovado e invitan a muchas mujeres, heterosexuales y lesbianas, que buscan seducir o sorprender a su pareja con lencería sexy que no siempre encuentran en las tiendas de ropa interior convencionales. Atraídas por unas vitrinas que presentan tangas y corsés, se atreven a convertirse en clientes de estos remozados templos del sexo. Pero no sólo compran lencería, sino también accesorios, revistas y películas. Hay algunas que acuden simplemente a familiarizarse con prácticas sexuales que desconocen. El trato con los empleados en fundamental, éstos saben aconsejar y explicar el funcionamiento de los accesorios sexuales, para que la clientela aprenda a elegir por sí misma.

Una sexualidad lúdica

Hace 30 años, la liberación sexual vinculada al desarrollo de la contracepción llevó a muchas mujeres a cambiar de compañero sexual. Hoy, las parejas, que a menudo buscan lo inédito, se apresuran a frecuentar los sex shops para enriquecer sus prácticas, pero no les basta con comprar revistas o películas especializadas.

Las prácticas hasta hace poco reservadas a unos pocos se extienden:

  • El fetichismo y las relaciones sadomasoquistas con ropa de cuero, esposas y látigos…
  • El uso de accesorios durante el acto sexual: vibradores, sexos masculinos en látex o madera para la penetración anal, prótesis, penes artificiales que se atan a las caderas con un cinturón, etc.

El sida ha obligado a usar preservativos, pero los que se compran en los sex shops no son sólo accesorios de protección, sino parte esencial de los juegos amorosos, gracias a su variedad de formas, colores y olores.

En estos locales, las parejas hablan, se informan e imaginan cómo aderezar su vida sexual. Ataviadas con ropa sexy, las mujeres están dispuestas a lanzarse clandestinamente a lugares insospechados.

Regalos entre amigos

Cumpleaños, aniversarios de boda… Sobran las ocasiones para hacerse regalos picantes. También los jóvenes, mayores de 18 años, compran accesorios sencillos y divertidos, como ropa interior comestibles o cómics eróticos. Para los grupos de amigos y amigas la visita al sex shop ha dejado de ser un tabú para convertirse en una manera de abordar la vida sexual con humor y de manera relajada. Cobijados por la comodidad de un lugar donde es posible hablar de sexo sin tapujos, la clientela se da el permiso de manifestar sus fantasías. Porque aunque en las primeras visita se sienta vergüenza, los sex shops son, en realidad, espacios para el placer y la diversión.

M. Chouchan

Otros contenidos del dosier: Sex toys

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